Fedra
|
Carlos Díaz es en la actualidad uno de los directores teatrales que más provocan al público, a la crítica y a sus propios actores.
A él se deben muchas de las puestas más significativas de los últimos 15 años, desde que estremeció la escena teatral de La Habana en la temporada 1989-1991 con la Trilogía de Teatro Norteamericano (Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams; Té y simpatía, de Robert Anderson y Zoológico de cristal, de Tennessee Williams).
Desde su Teatro El Público, con sede desde hace unos años en el Trianón de El Vedado capitalino atrae, atrapa, sacude, insinúa con su manera, espectacular, detallista, de montar las obras que selecciona, y éstas son inevitablemente de altos vuelos intelectuales.
Bastaría la relación de títulos de sus puestas para saber que Carlos Díaz sabe lo que quiere decir, y además lo ha hecho, como ha querido y, trabajando con intensidad.
Permítanos entonces la cronología de sus puestas y seguramente deseará haber podido verlas:
1992, Las criadas, de Jean Genet; 1993, La niñita querida, de Virgilio Piñera; 1994, El público, de Federico García Lorca (que dará nombre a su grupo teatral); 1995, La boda, de Virgilio Piñera, Perla Marina, de Abilio Estévez; Sarah´s, de Norge Espinosa, y Morir de noche, de Roberto Ramos-Perea; 1996, la segunda versión de El público y Calígula, de Albert Camus; 1997, Electra Garrigó, de Virgilio Piñera; Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, Fresa y chocolate (Querido Diego), deSenel Paz, y Rey Lear, de William Shakespeare; 1998, Como, de Zenia Cruz y Sandra Ramy y La verdadera culpa de Juan Clemente Zenea, de AbilioEstévez; 1999, María Antonia o la maldita circunstancia del agua por todas partes, del propio Carlos Díaz; 2000; Las brujas de Salem, de Arthur Miller y Así es, si les parece, de Luigi Pirandello; 2001, La gaviota, de Antón Chéjov; 2002, La celestina, de Fernando de Rojas y en el2003, Icaros, de Norge Espinosa, luego vendrían La Loca de Chaillot y La puta respetuosa.
Carlos Díaz tiene una peculiar manera de hacer teatro que lo distingue. Su toque es incomparable, un gusto refinado y una imaginación desbocada. Y sin embargo ahora vuelve a impactar con una sobria puesta de Fedra, tragedia de Racine.
Acostumbrados a sus escenarios y vestuarios algo abigarrados, ahora el director sin dudas sorprende al tratar este clásico francés con una cierta desnudez de la escena, si así puede llamarse al gran lecho que la preside, y el sobrio color negro con que ha vestido a sus actores.
Actores. Punto esencial en las puestas de Carlos Díaz.
Para su Fedra, ¿a quién otra podría haber llamado que a esa grande que es Broselianda Hernández?
A los seguidores de este director, y son muchos, no les resulta novedoso que para altenar al personaje seleccionara a dos hombres, Alexis Díaz de Villegas y Freddy Maragoto, e igual hace con otros personajes.
Pero la Fedra de Carlos Díaz, como de costumbre, es un toma y daca en la actuación. Todos en el elenco son primeras figuras. Así Teseo lo encarnan Fernando Hechevarria o Walfrido Serrano. Son actuaciones irreprochables las de todo el elenco, apoyados por, ya señalado, el vestuario (Vladimir Cuenca), las luces (Manolo Arriaga) y la música (original de la soprano Bárbara Llanes).
El director sabe utilizar la gestualidad precisa, las pausas en los parlamentos, la expresividad o la mesura para transmitir esta tragedia inmortal.
No es un término exagerado si recordamos que esta pieza se estrenó en 1677, en París. Pero no viene del tiempo ni la geografía su inmortalidad, sino de las pasiones humanas plasmadas en ella. Amor, deseo, intrigas, franquezas, traiciones. Tan contemporáneas como en la Francia de Racine.
Fedra, una pieza atemporal, una puesta con la cual el director reitera su savoir faire. Carlos Díaz a nadie ha dejado indiferente en casi 20 años al frente de El Público:
¿Siempre ha hecho las obras que ha querido?
CD: Empecé con la Trilogía de teatro norteamericano, con tres obras que siempre soñé hacer. Después de esto para mí fue muy importante la selección de aquellos títulos que me fueran dando la posibilidad de armarle a la compañía una historia. Si revisamos las puestas, hemos llevado una línea consecuente. Siempre partiendo de El público de García Lorca, buscar la verdad en la vida y en el teatro. Creo además que si algo bueno ha pasado con nuestro grupo es que ha enganchado muy bien en el público.
Con Fedra vuelve a poner un listón alto, pero usted siempre piensa más allá ¿Qué nos adelanta?
CD: Pienso que este es bien alto. Nos ha llevado mucho trabajo, de búsquedas, de relaciones. Es una tragedia clásica. Siento un cansancio muy particular, pero estoy feliz, Fedra da la posibilidad de que un director sea feliz, porque tiene en sus manos un universo muy rico. Yo vivo en función de títulos que no quiero que se me vayan, y aunque los directores de teatro no somos como los deportistas, no tenemos retiro, uno puede estar o escandalizando o trabajando muy mal. Yo quiero seguir trabajando bien. Déjame la incógnita.
Foto http://www.cniae.cult.cu
|