Pelusín y la esperanza
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El grupo de teatro Nueva Línea se creó en 1999 con siete actores, bajo la dirección de Yaqui Saíz. En lo fundamental hacían obras musicales y más tarde definen su quehacer hacia el teatro de muñecos.
Por un tiempo, y determinadas circunstancias, Yaki se mantiene sola, manteniendo el nombre del grupo. Hace apenas dos años incorporó a dos jóvenes artistas, Yordán Castro y Harold VS, y ya en los últimos espectáculos el grupo define su personalidad estética y su línea de trabajo.
Ellos se proponen hacer teatro de muñecos. Un primer ejemplo es La hormiguita retozona, con títeres de mesa, y ahora añaden en el nuevo espectáculo el títere de guante, una técnica privilegiada de los retablos titiriteros, la que más se usa en el mundo, y no por ello la más sencilla.
El títere de guante tiene grandes posibilidades pero requiere una gran habilidad en el manejo del muñeco, porque si no, el muñeco está en escena pero no tiene suficiente credibilidad, no tiene vida, es algo que sólo se agita, tiene una voz que parece que él emite pero en realidad no se aprovecha la posibilidad que el guante como técnica ofrece. Es la única en que la mano del titiritero completa forma parte del cuerpo del títere. La posibilidad que da la mano dentro de la funda del muñeco permite un nivel de expresividad que a veces no se logra en las otras técnicas.
A la luz del estreno de dos espectáculos por Nueva Línea, Pelusín enamorao y Pelusín y la esperanza, sostenemos un diálogo en el patio de la Casona de Línea, con Esther Suárez, investigadora de teatro, critica teatral, dramaturga con obras para niños, jóvenes, adultos (para actores y para títeres).
Estas dos obras forman parte de una trilogía con Pelusín, entrañable personaje creado por Dora Alonso (1910-2001), y a quien Esther Suárez dota de nuevas historias.
Subyace en estas obras un tema ecológico…
Efectivamente, las dos obras lo tratan de cierta manera. La primera, Pelusín enamorao, teje dos historias de amor, una de ellas con la abuela Pirulina que uno no espera, no estaba planteada quizás en la temática de Dora y la otra es con Pelusín y una niña que él se encuentra y es un poquito materializada, que quiere tener muchas cosas y no le importa la parte espiritual.
Pero esa niña es seducida cuando tiene que asistir en el parto a una jutía, Doña Domitila. Cuando viene al mundo esa criaturita, y ella tiene que ayudar a Pelusín se da cuenta de cuales son los verdaderos valores de la vida.
Por eso decía que de alguna manera tiene un tema ecológico, puesto que Pelusín le explica a esta novia lo que es una especie en extinción y la importancia de que doña Domitila traiga al mundo una nueva criatura.
¿Y en Pelusín y la esperanza?
Es otra cosa. Es una obra que trata un tema que puede ser filosófico, metafórico, un poco más abstracto, que de alguna manera se logró llevar a un plano más concreto.
En esa obra aparecen dos de los grandes mitos de la cultura titiritera, Mr. Punch, el títere nacional de Inglaterra y Karagoz (de la tradición popular del teatro de sombras en Turquía). Ellos aparecen pidiéndole ayuda a Pelusín, que es un títere latinoamericano, más joven, porque la desesperanza está acabando con el mundo. Los niños no van a la escuela, los hombres no tienen trabajo, y por lo tanto los titiriteros no trabajan, los teatros están vacíos.
De una manera simpática, titiritera, absurda, ingenua, que entra en el mundo pleno de la fantasía de estos personajes, Pelusín resuelve el problema, involucrando a esos dos personajes en una acción titiritera, y la desesperanza se retira de la faz de la tierra.
Además, Pelusín tiene un charco muy cerca de su casa que la abuela le ha mandado a limpiar y cuando él llega es que le dice que la desesperanza está ahí.
¿Qué significa para usted Pelusín que le da estas nuevas historias?
Es un títere muy particular, lo siento muy noble, además algo muy lindo, y es que Dora creó un niño, es la metáfora del niño, alguien lleno de nobleza, de sentimientos, ternura, picardía, irreverencia, pero no dura o cruda como en la tradición europea o asiática, ni nada que ver con el erotismo de esos muñecos. Pelusín es un personaje mediante el cual he encontrado que uno puede tratar temas muy diversos. Tiene además la suerte de crear una empatía inmediata con el niño, por su misma característica. Me resulta un personaje entrañable. Las cuatro historias de Dora son también muy disímiles entre si, muy ricas, como lo fueron, y lo son, sus guiones de televisión, la continuación de la vida teatral de Pelusín. Dora creó toda una cosmogonía, le dio su abuela Pirulina, los personajes que lo acompañan en el contexto en que él está, como la rana Pascualina, el perro Gruñón, la niña Bebita, y todo ese universo tiene para mi gusto connotaciones muy relevantes.
¿Qué la lleva a escribir para los niños?
No podría decir algo en particular. Escribo para niños o para adultos porque los temas vienen de esas maneras, vienen ya con sus formas, y les doy cauce. Soy la misma persona, pero es así, se escribe diferente. Hay temas que se repiten, digamos que son mis obsesiones. Lo que pasa es que aunque haya en todos los casos una mirada que pueda ser tierna, por ejemplo, de cualquier manera hay una forma diferente para expresar el tema, el asunto que sea. Puedo decir que el tema llega con su forma, su público, no lo tengo que adaptar. Me divierto mucho en los dos casos, escribiendo para niños o para adultos. Me gusta ir a las funciones, ver lo que sucede con el público. En el caso del universo del títere si pasa algo muy particular, es que el títere tiene un mundo ilimitado de movimiento y quizás me de un poco más de gusto, alegría, diversión. Lo que puede hacer el títere es algo que normalmente el actor no puede hacer. Cuando hay titiriteros de oficio, de talento, de capacidad, el nivel de trasgresión, de creatividad que se puede conseguir con una pieza es a veces inimaginable. De lo que una pieza es a lo que llega a ser hay una gran distancia, es sorprendente, divertido, es a veces un gozo aún mayor.
Las puestas de Pelusín enamorao y Pelusín y la esperanza resultan muy interesantes porque están tocando muchos aspectos que en la actualidad son preocupación de la mayoría de los seres humanos.
Esther Suárez logra igualmente que aparezcan en la escena cubana dos muñecos de una larga estirpe. Lo hace con sus particulares connotaciones, porque por lo general son figuras de mucha violencia. No sucede así con Pelusín y otros nacionales.
Otro aspecto innegable y agradecido es que se trata de puestas muy titiriteras, con altos valores propios del arte específico del títere, que es una especialidad. Igual que el ballet tiene sus características, sus técnicas y pasos muy definidos, en el mundo del teatro, el de muñecos también tiene esa característica, cada técnica tiene su forma, su manera, y hay que respetarlo para que se esté haciendo teatro de títeres. Eso lo logra el grupo Nueva Línea.
Foto http://www.cniae.cult.cu
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