Amar y ser Amado
o La Divina Filotea
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El actor y director español Pedro María Sánchez ha asumido el reto de llevar a escena Amar y ser amado o La Divina Filotea, de Pedro Calderón de la Barca, a partir de la representación que se diera en Madrid en 1745.
Escrita por Calderón en 1681, sigue literalmente los rasgos básicos del auto sacramental, esto es, combinar equilibradamente la transmisión de unos contenidos doctrinales con la dramatización de una historia.
El estreno en Cuba de Amar y se amado o La Divina Filotea, de Calderón de la Barca, constituye uno de los sucesos más importantes del acontecer cultural cubano en lo que va de año. Se trató además de la primera representación internacional de esta nueva versión del auto sacramental.
La Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís fue el espacio seleccionado por Pedro María Sánchez, quien expresó: Trabajar en la Basílica ha sido más complicado que en un teatro, pero entendíamos que era oportuno, pues allí radica el museo de arte religioso, lugar idóneo para montar esta suerte de instalación. La dificultad de instalar el andamio fue muy grande y también la de las luces; ha habido que adecuarlo todo con mucho trabajo, pero con mucho placer.
La Camerata Romeu, dirigida por la maestra Zenaida Romeu, interpretó la música, compuesta por José Nebra (1702-1768), caracterizada por su alegría, vitalidad y emoción, aparentemente liviana y galante, está cargada de múltiples matices y contrastes.
El director español se felicitó de cómo, unidos, músicos y actores mostraron, en una especie de juego de espejos propio del barroco, el ingenio de Calderón, el valor del texto cantado, la belleza de la música y el ritmo de las palabras.
Sánchez explicó varios aspectos de la puesta en escena. La propuesta que hemos realizado es de teatro contemporáneo, porque Calderón es muy contemporáneo y muy moderno en sus estructuras.
En cuanto a la escenografía —dijo— se concibió una estructura tubular de andamiaje de construcción con el objetivo de sugerir como un castillo, donde se tiene que defender Filotea (la obra es una alegoría de una batalla, de una guerra entre el Demonio y Filotea, el alma).
Colocamos una sugerencia de retablo, una pirámide que parte hacia el cielo, y otra pirámide, invertida, hacia el suelo, donde se sitúan los pecados, con ello buscamos la atemporalidad.
El trabajo con los actores resultó impecable, dando respuesta a la dicho por Sánchez de que había perseguido que la palabra conviviera con la música como si hubieran sido creadas ambas al mismo tiempo. Calderón estaba enamorado de la música, y fue el primero en introducirla en el teatro español no como accesorio ni acompañamiento, sino como vehículo de expresión y transmisión de emociones.
Pedro María Sánchez, como se apreció en La Habana, no ha hecho en La Divina Filotea una reconstrucción museística, porque el teatro de Calderón es dramatúrgicamente muy avanzado, innovador, se adelantó mucho tiempo a su época, lo que permite hacer una lectura contemporánea.
El español ha reinterpretado para su puesta determinados signos litúrgicos y eclesiales. La historia cuenta un asalto a un castillo en el que está encerrada Filotea, el Alma. Hemos confeccionado un retablo metálico con andamios de construcción, que el público puede reconocer como un elemento cercano; dentro de esa estructura están el Príncipe de la Luz, Filotea, las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y los cinco sentidos (oído, tacto, vista, olfato y gusto) defendiéndola y protegiéndola, mientras el Demonio, el Ateísmo, la Apostasía y Entendimiento van a asaltar al Alma, a intentar conquistar el castillo.
Para lograr esa atemporalidad que facilita la comunicación con el espectador actual, el director utilizó también el vestuario. Los personajes visten espléndidos trajes, algunos recrean la época en la cual se escribió el texto, otros contemporáneos.
Este proyecto teatral fue organizado por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior y el Museo Nacional del Teatro, de España, junto a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, dentro del Festival La Huella de España, que preside la eximia Alicia Alonso.
Hacía ocho años que La Habana no veía una obra de Calderón de La Barca, desde que Carlos Celdrán, director de Argos Teatro, montó La vida es sueño. Tan sólo por esa razón temporal habría que mucho agradecer a Amar y ser Amado o La Divina Filotea, si luego resulta que es una puesta contemporánea, manteniendo el espíritu del autor, en el que los textos están bien dichos, y a pesar de lo árido del conflicto teológico, el espectador los sigue perfectamente…
Una puesta impresionante, una experiencia magnífica. No es, pues, suficiente reiterar que Amar y ser Amado o La Divina Filotea ha sido un verdadero suceso cultural que no podía dejarse de ver, disfrutar, comentar.
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