Habla bajo si no yo grito
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El director Miguel Montesco, de la Compañía Rita Montaner, vuelve sobre el texto Habla bajo si no yo grito, de la dramaturga brasileña Leilah Assumpção, el cual había estrenado en 1989. Lo hace con el evidente interés de buscar otras aristas a ese fenómeno tan bien tratado por la autora, una mujer y su soledad.
La nueva puesta, recreada con ingenio e imaginación, tuvo el premio agregado de que Assumpção asistiera a la primera función, el 15 de noviembre, en la Sala El Sótano, y asegurara su agrado por la relectura de Montesco y las actuaciones de Trinidad Rolando y Yarién Rodríguez.
La pieza, en un acto y una hora de duración, tuvo su premier en Sao Paulo en 1969 y con ella Assumpção recibió el Premio Autor revelación del año, el Premio Moliere y fue seleccionada como Mejor Autor del Año por la Asociación Paulista de Críticos de Arte.
Habla bajo si no yo grito es una obra esencialmente de carácter introspectivo, a través de la cual la autora se sumerge en las profundidades existenciales del individuo y hace aflorar carencias, temores, añoranzas y sueños, algunos comunes, otros inconfesables.
No hay que dejar pasar el hecho de que Assumpção comienza a escribir en la década del 60, momento considerado de cambios en la fisonomía del teatro brasileño.
A través de sus piezas, no solamente evidencia las tensiones sociales emergentes en plena dictadura militar en Brasil, sino que se inserta en la discusión del papel de la mujer en el área pública y privada, y de su sexualidad.
La obra es un viaje alucinante en una madrugada decisiva en la vida del personaje protagónico Mariíta Mendoza y Morales, encarnado por Trinidad Rolando. Todo un reto para esta versátil y experimentada actriz, pues debe remontar la memoria de una exquisita Elsa Camps en la versión de 1989. Rolando le incorpora colores a esa mujer gris, como la soledad.
Siguiendo la trama, Mariíta vive en un aislamiento rutinario, apacible y obstinado. Habla en soledad y solo tiene por respuesta el eco de sus propias palabras, pero debidas a extraños, inanimados, interlocutores.
De pronto, algo inesperado irrumpe en su aburrida paz nocturna, un hombre, un marginal, asumido por Yarién Rodríguez, que pretende dominarla y revertir sus acciones y, más importante, su pensamiento.
A casi cuarenta años de su estreno mundial, Habla bajo si no yo grito sigue provocando al espectador, posiblemente porque mientras las nuevas tecnologías (Internet, correos electrónicos) aceleran las comunicaciones, el resultado ha sido inverso: el Hombre se ha envuelto aún más en la soledad. Solo frente a la computadora, comunicándose a través de ella, en un contacto virtual, uno de los conflictos más intensos de la contemporaneidad.
Esa alienación es tratada perspicaz y sutilmente por Miguel Montesco en su relectura de la obra de Leylah Assumpção, conduciendo al espectador hacia la esencia de Habla bajo si no yo grito.
Foto http://www.cniae.cult.cu
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