Pancho García
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Arthur Miller, uno de los mejores dramaturgos del siglo XX, escribió en 1949 La muerte de un viajante, una obra imperecedera, que toca en lo más íntimo, al hablar en la escena de la desolación, la frustración, de la propia condición humana.
Autor de otras obras emblemáticas como Las brujas de Salem, y ganador en dos ocasiones del premio Pulitzer, Miller (1915-2005) fue un escritor comprometido, que supo trasladar a las tablas los conflictos del ser humano y vio su sociedad con espíritu crítico, arremetiendo contra la cacería de brujas del senador Joseph McCarthy en los cincuenta, contra la intolerancia.
Puede decirse que el elemento fundamental de toda su obra es la crítica acerba a todos aquellos valores de carácter conservador que comenzaban a asentarse en la sociedad norteamericana de su tiempo.
La muerte de un viajante, sin duda su obra de mayor éxito con una denuncia del carácter ilusorio del llamado “sueño americano”, se cita entre las mejores del teatro contemporáneo.
Estrenada en Broadway bajo la dirección de Elia Kazan, no ha dejado de ser llevada a las tablas de todas partes del mundo desde hace sesenta años y ha tenido varias versiones para el cine, la última de ellas en 1985, dirigida por el alemán Volker Schlöndorff, con un memorable Dustin Hoffman en el papel protagonista.
De su texto comentó el propio Miller: La tragedia de Willy Loman está en que dio su vida, o la vendió, para descubrir que la había desperdiciado. El que siga habiendo tantos Willy en el mundo se debe a que el hombre se supedita a las imperiosas necesidades de la sociedad o de la tecnología aniquilándose como individuo. Pero la obra trata de algo aún más primitivo. Como muchos mitos y dramas clásicos, es una historia sobre la violencia en el seno de las familias.
Esta pieza universal y contemporánea ha vuelto a la escena cubana en la sala Hubert de Blanck, en versión y dirección de Pancho García, quien además asume el papel de Loman.
El rol de Linda, la esposa, es compartido por las consagradas actrices Amada Morado y Miriam Learra, acompañadas por jóvenes intérpretes, como Alexander Díaz en el personaje de Biff, uno de los dos hijos de Willy.
Miriam Learra monta su Linda Loman con encanto y sensibilidad y Amada Morado, regala una actuación intimista, mostrando las características psicológicas de este personaje.
Pancho García, en la piel de Loman, este personaje ya clásico, se entrega como el virtuoso actor que es y su desempeño, a la vez que exacto, resulta emotivo al decir los diálogos espléndidos de Miller.
La puesta está magníficamente arropada por los diseños escenográficos y de vestuario del maestro Eduardo Arrocha, realistas, estilizados, sobrios.
Con La muerte de un viajante, Arthur Miller se colocó a la altura de Ibsen o Chéjov y junto a Eugene O´Neill y Tennessee Williams, es uno de los más grandes dramaturgos estadounidenses del siglo XX.
Un texto clásico, contemporáneo, que vuelve ahora a la escena cubana en versión del director y primer actor Pancho García.
Foto Pepe Murrieta
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