Con sentido de homenaje al reconocido fotógrafo norteamericano Walker Evans, se realiza la muestra que José Toirac, junto a Meira Marrero y Corina Matamoros, en equipo curatorial, prepararon para el Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes.
Bajo el título ORBIS, la principal idea de esta exposición de Toirac y Meira, los artífices del proyecto, se concretó en una estupenda instalación compuesta por setenta y cuatro piezas de diversas dimensiones.
Basadas en la desconstrucción de las fotografías que Evans realizó en la Isla, durante la segunda y tercera décadas del pasado siglo, pintadas en acrílico sobre madera laminada con pan de oro.
Toda una realización orfebrística en un montaje que se justifica por su línea inferior, para entregarnos la visual de una nueva ciudad o de, precisamente, ese ORBIS, aunque dimensionada por los protagonistas exactos, personajes y lugares de aquella otra, en las obras encargadas al artista norteamericano para el libro El Crimen en Cuba, de Carleton Beals, publicado en 1933.
Así, en minucioso trabajo de extracción o aislamiento de las escenas originales, aparecen ahora el carbonero, la carretilla de frutas, el limpiabotas, la carnicería, el barbero, las farolas de las calles, el policía, la fonda y la bodega, el santo, el tranvía, el periodiquero y el que vende pirulíes, el cine del barrio y los letreros de una pared.
Tipos y costumbres del siglo XX cubano, que también incluye al imprescindible malecón y al eterno mar.
La gran instalación se hace custodiar por las fotografías de Evans, aparecidas en las publicaciones originales (montadas como tal) del catálogo Walker Evans Cuba, de 2001, y del libro Walker Evans Havana 1933, publicado en 1989, por una parte y, por la otra, dos fotografías de Ricardo Elías en locaciones actuales que recuerdan las que tomara Evans en La Habana de aquel entonces.
Al decir de Corina Matamoros, quien muy bien escribiera, además, las palabras del catálogo, se pudiera resumir la idea de la muestra: ORBIS es, en su fondo más sutil, un volver sobre la ciudad, una reflexión sobre La Habana y sus moradores.
Y así lo han logrado estos artistas: una mirada, en conjugación de tiempos, a una hermosa ciudad, que atesora apasionadas historias, una esplendorosa arquitectura, un atrevido y adelantado urbanismo, y la idiosincrasia sin igual de los que viven en ella, sin prescindir de su condición de cubanos.
*El autor es curador, crítico de arte y profesor de la Academia de Bellas Artes San Alejandro.
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