Hace poco más de sesenta años que se realizó la edición príncipe, por el Fondo de Cultura Económica de México, de La Música en Cuba, de Alejo Carpentier.
En Cuba, este libro es -hasta la fecha- el más importante texto al respecto. Para ello, Carpentier tuvo que realizar largas y extenuantes jornadas investigativas de la música, músicos y hechos musicales, hasta poner a disposición de los lectores un libro de cabecera.
Cuenta el propio escritor y musicólogo que inició La Música en Cuba a instancias de Daniel Cossío Villegas, a la sazón, Director del Fondo de Cultura Económica, quien estaba interesado en una nueva serie que titularía Tierra Firme, dedicada a cuestiones relativas a la historia, la literatura, y la música, las artes y la sociología, entre otros aspectos del desarrollo del pensamiento americano.
La Música en Cuba tiene, hasta la fecha, tres ediciones: la mexicana de los años cuarenta del siglo XX, y dos cubanas, una en 1988, revisada por Carpentier, y donde se omitía el último capítulo del libro, y está a la que nos referiremos de inmediato.
La última edición data de hace dos años y pertenece a la colección Biblioteca Alejo Carpentier de la editorial Letras Cubanas. En ella se vuelven a incluir textos omitidos en la anterior. Fueron “Un caso: Carlo Borbolla” y “Dos Autodidactas”.
En ambos textos, como en todo lo escrito por Carpentier en este libro, encontramos el lenguaje directo, diríamos que casi periodístico, comprensible para todos, iniciados y quienes se interesen por primera vez en el tema. Además, encontramos la elegancia del lenguaje carpenteriano, dinámico y estimulante a las relecturas.
“Un caso: Carlos Borbolla”, invita a la indagación de esta figura de primer orden, un tanto relegada a una segunda fila por alguna razón incomprensible de la difusión musical.
En cuanto a “Dos autodidactas”, nos hace recordar los nombres de Gilberto Valdés y su enorme potenciado más allá de las fronteras cubanas, y de Pablo Ruiz Castellanos; muy apreciado por el director Erick Kleiber, y hoy absolutamente olvidado, haciéndonos recordar el adagio de que “nadie es profeta en su tierra”.
En esta última edición de La Música en Cuba vuelven a resaltar los capítulos dedicados a Esteban Salas, por ser Carpentier el redescubridor de la obra del primer gran clásico en la Isla, escrito con la complicidad de quien ha sabido realizar una sorprendente labor detectivesca.
Y también el dedicado a los maestros Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, por el propio Carpentier, protagonista de esta historia; una de las más hermosas de la cultura cubana, y por ser también amigo y colaborador de los protagonistas de la primera vanguardia musical cubana en el siglo XX.
A Alejo Carpentier no se la nubla la vista, ni pierden las perspectivas en estos dos capítulos, tan cercanos y queridos por él.
Su entusiasmo nos invita a un acercamiento definitivo para con la obra de estos compositores, tan fundamentales en el pensamiento de la mayor de las Antillas, lo es también tener a la mano este mayúsculo libro, que nos alerta e informa de cómo fueron los avatares musicales cubanos, mientras nos hace disfrutar con la prosa ágil, un tanto novelesca y siempre honesta y solidaria de Carpentier con su posible lector.
Fuente / Noticiero Meridiano Cultural
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