
Foto: Maestra María Elena Mendiola. |
La sala de conciertos de la otrora Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís en La Habana Vieja, y el Centro Nacional de Música de Concierto, le ofrecieron un sentido homenaje a la destacada investigadora, profesora, artista y promotora cultural, que es María Antonieta Henríquez, y para ello contó con el talento de una orquesta que viene ocupando, desde hace tiempo, un espacio estelar entre toda la vida musical cubana actual: Solistas de La Habana.
El programa estuvo bajo la batuta de la Maestra María Elena Mendiola, mujer hecha talento e inteligencia, que según voces autorizadas presentes en el concierto, no está en un buen momento; sino “en su momento”, pues mostró madurez interpretativa, vigor y delicadeza, virtuosismo y sapiencia en tres partituras, disímiles y complejas.
La primera de ellas: Zarabanda Lejana y Villancico, del español Joaquín Rodrigo, nos llevó a tiempos pretéritos, acordes al entorno del escenario. Sus tintes neo impresionistas fueron atrapados y multiplicados por la orquesta y su directora.
Más tarde, los intérpretes nos entregaron toda su musicalidad, en la Pequeña Suite Cubana, Homenaje a Ravel, del cubano Favio Landa. Fue un instante de excepcionalidad en la interpretación que fue de real y verdadera referencia, y que nos levó a las calle y salones habaneros, y por qué no decirlo aquí también: a los solares habaneros; mediante sus tres movimientos: Habanera, Afro y Ritmo.
Orquesta y directora pensaron y sintieron como cubanos. ¡Cuánto hubiera deseado que su autor hubiera estado con nosotros para que sintiera, como nosotros hemos sentido, la justa valoración de su Pequeña Suite Cubana que se hiciera en el concierto!
Pero el plato fuerte no había llegado aún en dicho concierto, pues fue la difícil y extenuante, como también hermosa y sugerente Serenata op. 22, para orquesta de cuerdas, de Antonin Dvorak, la que dio término al programa.
Esta partitura es mucho más comprometida que grandes sinfonías del período romántico. Dvorak así nos lo expuso y así lo comprendieron los integrantes de Solistas de La Habana, sobre todo la Maestra María Elena Mendiola, que ofreció toda una disertación de madurez y recursos adquiridos, tras largos años de estudio, esos que nos permiten quebrar lanzas.
Ella supo transmitir a los músicos los secretos que había descubierto. Lo hizo con cierto sentido de complicidad, como lo hacen los grandes directores, después de haber combatido en muchas batallas, que en su caso son para el mejoramiento humano, mediante el inatrapable mundo que es la música.
María Elena Mendiola lo atrapó y nos lo devolvió aquella tarde de octubre para guardarlo en la memoria, hecha toda música, por su quehacer interpretativo y por el justo y merecido homenaje a la maestra de maestros que es y seguirá siendo, por siempre, María Antonieta Henríquez.
*El autor es compositor e instrumentista, profesor del Instituto Superior de Arte y director de programas de CMBF, Radio Musical Nacional.
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