
Foto: Maestro Iván del Prado
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Otra vez la Orquesta de Cámara de La Habana que dirige el Maestro Iván del Prado se llevó sinceras palmas (1), tras proponer un viaje musical al estilo europeo, por intermedio de sus protagonistas, fruto del sistema de enseñanza artística cubano.
A menos de un año de su integración el colectivo se mostró versátil y convincente.
El programa abrió con la Serenata en Re Mayor Kv. 239, de Wolfgang Amadeus Mozart, una de esas obras insólitas del genio salzburgués donde se nutre de los cánones del barroco, por cuanto utiliza la alternancia de solistas y orquesta a la manera del concerto grosso, en un perfecto equilibrio entre humor y genialidad.
En una segunda parte fue la Serenata para orquesta de cuerdas Op. 6, de Josef Suk, la escogida para cerrar la audición.
Al Maestro Iván del Prado agradecemos su inventiva a la hora de conformar el repertorio, si tenemos en cuenta que ambas obras no son tocadas frecuentemente en el país. Así ha sucedido también en citas anteriores con los compositores Johann Friedrich Fasch y Ottorino Respighi.
Entre las dos Serenatas tuvo su aparición la joven clarinetista Dianelys Castillo como solista del Concierto para clarinete y orquesta Op. 36, de Frantisek Kramar –Krommer. Creo que el más cercano calificativo que merece la interpretación de la novel instrumentista es sorprendente.
Dianelys es estudiante de segundo año de clarinete en el Instituto Superior de Arte, de La Habana, a la vez que imparte sus conocimientos en el también capitalino Conservatorio Amadeo Roldán. Ha sido ganadora del Primer Premio del Concurso homónimo y en 2006 participó en la 41 edición del Concurso Internacional de Clarinete de Markneukirchen, Alemania.
Aunque Dianelys Castillo mantiene un activo trabajo como solista, y en agrupaciones de cámara, es de esos jóvenes que comúnmente pasan inadvertidos hasta que no logran un importante triunfo internacional.
Habrá entonces que prestarle atención pues es dueña de una sólida formación. Es de admirar su buen dominio de las articulaciones en función de un fraseo delicado y bien orientado; además de su sonido dulce, cálido y lleno, que nos hace recordar a las escuelas europeas del clarinete. No en balde es alumna del profesor Vicente Monterrey, quien fuera discípulo del prestigioso clarinetista Richard Vieille en el Conservatorio de París.
De estas herramientas técnicas se valió para, con su especial encanto escénico, ofrecer un Kramar-Krommer muy interesante con altos niveles artísticos y de musicalidad.
Por su parte la Orquesta de Cámara de La Habana expuso un discurso más que coherente, diría mejor desenfadado, enérgico y profundo. Todo un derroche de buen gusto y sensible olfato para recrear de manera sublime cada partitura. En sus presentaciones nos han demostrado un enorme compromiso con el arte y el público que los sigue.
El Maestro Iván del Prado, de amplia trayectoria internacional y poseedor de un inmenso caudal de conocimientos artísticos, actúa inteligentemente con el talento de los integrantes de tan juvenil agrupación. Del Prado nos da la imagen del verdadero director, en tanto rige su fuerza entre el intercambio constante con los músicos y el arduo bregar previo al concierto, no como recurso para embellecer sus ademanes sobre el escenario. La comunicación que logra con los instrumentistas es sencillamente especial, condición ésta que recibimos a través de la música aquellos que presenciamos el acontecimiento.
No albergo duda alguna al considerar que la Orquesta de Cámara de La Habana ha llegado, desde su fundación, en mayo de 2006, a ocupar un sitial cimero dentro de las formaciones de su tipo en el país.
(1) Se refiere a la actuación del 14 de febrero de 2007 en la Basílica
Menor del Centro Histórico de La Habana.
* El autor es pianista y profesor de música del Conservatorio Amadeo Roldán |