
Foto: Coro Masculino
de Guantánamo
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Para el Coro Masculino de Guantánamo ha habido más de una primera vez. Fundado el 6 de junio de 1971 le valió el mérito de ser, durante mucho tiempo, el primero en el país con un formato semejante.
Fue el que interpretara la primera versión coral de un danzón en la Sala White, de la provincia de Matanzas, donde más de un siglo atrás el mundo conoció tan prolífico género del pentagrama nacional. Pero también es el primero que en su quehacer coral dejara escuchar un changüí, ritmo local de la música bailable, sólo difundido por las orquestas y conjuntos dedicados al género.
La formación es resultado de los tiempos en que todavía a la mayoría de las mujeres les resultaba difícil mantener una vida profesional ligada a la música. Entonces era improbable tener un coro mixto en la provincia, según recuerda uno de sus fundadores vigentes, el cantor Alfredo Torres.
Así fue como la prestigiosa profesora Antonia Luisa Cabal se entregó al empeño de crear la agrupación, que tuvo su génesis en el Coro Polifónico de Guantánamo, el más oriental de los territorios cubanos.
Comenzó con 26 hombres repartidos entre cada una de las tesituras propias, asumiendo un repertorio dedicado preferentemente a la música popular cubana y los spirituals norteamericanos, evocó Torres además.
Hoy, la literatura con que se nutren es mayor y alcanza el centenar de obras: del renacimiento, clásica y romántica; pasando por la tradición coral cubana y latinoamericana, sin dejar de cantar el chachachá, boleros y canciones, autóctonos del país.
Pero, con sus 35 años y la representatividad que lo identifica, el Coro Masculino de Guantánamo aún enfrenta un escollo: las escasas creaciones para su formato e identidad.
Son pocos los compositores que han escrito para la agrupación, afirma su actual director, el tenor Juan Carlos Salazar. Sin embargo, no son suficientes, acota; mientras Alfredo Torres recuerda Mi pulpa sabrosa, el primer danzón coral que se conoce, debido a la entrega del también guantanamero Rafael Inciarte, ya fallecido, que estrenaran en 1973.
Luego, está el nombre del Maestro Conrado Monier, que en aquella oriental provincia ha legado una vasta obra al movimiento coral cubano; y sigue siendo el único arreglista con que cuenta el colectivo. A su obra se deben la mayoría de los títulos arreglados para el disco Me dejo querer, que el Coro Masculino de Guantánamo grabó en 2005, con el sello Siboney de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).
Luego, la difusión es escasa a nivel nacional. Las presentaciones son habituales en su provincia, pero –más allá- se les conoce muy poco, y el paso por la capital es ínfimo; aunque con suerte destacan las invitaciones al Festival Internacional de Coros, fundado por el prestigioso Maestro Electo Silva en Santiago de Cuba.
Las actuaciones son mayoritarias en centros laborales, escuelas o las salas de la provincia, enfatiza Salazar; al tiempo que rememora el paso por Argentina en 1997, u otras presentaciones en los espacios capitalinos de la Plaza de Armas, el Museo Nacional de la Música o el Gran Teatro de La Habana.
Presentes en el V Festival Coral Internacional América Cantat, con Cuba como sede, el Coro Masculino de Guantánamo asistió con una parte de sus más de veinte integrantes; inscritos en el taller de música contemporánea norteamericana, a cargo del Maestro suizo Robert Sund.
La oportunidad no escapó de entre el interés de los cantores: los negros spirituals son parte cara en el repertorio que acumulan, y la experiencia es mayúscula; aunque también la oportunidad para confrontar, y conseguir nuevas obras para el formato que exhiben, custodiado por una entrega que bien merece el válido lugar que ocupan entre todo el espacio coral nacional.
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