Hacia el ya lejano año de 1966 se remonta la génesis del Premio de Composición Casa de las Américas mediante el empeño del Maestro Harold Gramatges por crear un certamen que estimulara la creación musical latinoamericana.
Por entonces, sus dos ediciones –la segunda celebrada en 1967, lograron reunir en La Habana, como jurados y concursantes, a muchos de sus más destacados exponentes.
Casi cuatro décadas después, en 2004, la Casa retomó tal iniciativa con una nueva convocatoria correspondiente al presente año, que recién fuera clausurada. Pero, tan particular Premio rebasa el acontecimiento competitivo.
Paralelamente se concibieron presentaciones e interesantes encuentros entre compositores, de forma tal que el público disfrutó de intensas jornadas donde la música del continente fue protagonista.
Como colofón del lauro entregado, el concierto que clausuró esta segunda edición del Premio, tuvo como anfitriones al músico chileno Carlos Maza y a la Orquesta de Cámara de La Habana bajo la batuta del Maestro Iván del Prado.
Todas las obras interpretadas fueron compuestas por el propio Carlos Maza, y la gran mayoría tuvo su primera audición mundial esa tarde, en la Sala Che Guevara de Casa de las Américas.
La estética creativa del chileno se aleja un poco de la composición contemporánea académica. Carlos Maza se deja llevar por la imaginación y la fuerza que mueve su mundo interno, vivencias y emociones. Lo mismo encontramos la gracia vivaz de los Conciertos Argentino y Brasilero, la recreación de melodías y bailes típicos de los indios suramericanos en el Concierto Chileno y la Suite para Tarkas y un grito, o un profundo lirismo en Despedida.
En tal entramado las obras para piano presentan una colorida factura con el empleo de diversos recursos que las dotan de virtuosismo, flexibilidad en el fraseo y claridad conceptual. En tanto, las orquestaciones no constituyen un certero acompañamiento, sino que se integran muy bien a las intervenciones solistas con gran libertad melódica.
Además del formato instrumental que se mantuvo durante todo el concierto, Carlos Maza utilizó instrumentos indios típicos y otros que, seguro estoy, surgieron de la iniciativa del músico chileno.
Es cierto que la música de Carlos Maza se aparta un tanto de lo que convencionalmente escuchamos en los conciertos anteriores del Premio de Composición. Fuera de la polémica que pudo causar en algunos asistentes considero que resultó una despedida acorde con los presupuestos de la institución.
Recordemos que más allá de los valores artísticos que entrañe la obra de un creador lo importante es la aceptación y el disfrute espiritual que experimente el público. De él mucho depende la trascendencia del arte.
* El autor es pianista y profesor de música del Conservatorio Amadeo Roldán
|