Teatro Auditórium
Amadeo Roldán
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Muchas veces sucede que las personas desconocen nombres de jóvenes músicos hasta el momento en que éstos ganan un importante premio, o con el paso de los años, son respetables artistas.
Pero, cuanta satisfacción se siente al seguir de cerca cada paso en el desarrollo de los nuevos talentos y cuando el tiempo y la constancia los lleven de la mano hacia el triunfo, tener pues el honor de haber sido partícipe de ese camino en ascenso.
Aludo pues a dos conciertos ofrecidos, en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán de la capital cubana, donde la música de cámara y la creación sinfónica se hicieron escuchar en manos de noveles instrumentistas, en su mayoría asumidas con alto rigor estético y artístico.
El primero de estos encuentros, en la sala Alejandro García Caturla del Coliseo de La Habana , estuvo a cargo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Cuba: Ailet Roque, en el clarinete, y Moisés Santiesteban, al piano, interpretaron la Sonata Op. 167, de Camille Saint-Saëns, y los Dance Preludes, de Witold Lutoslawski.
Es notorio su interés al tratar la música de cámara y el estrecho vínculo comunicativo alcanzado. Ambos son muy buenos instrumentistas que aúnan esfuerzos por utilizar sus destrezas individuales en función del conjunto; aunque deben respertar más el texto.
Indiscutiblemente la partitura se revela al apropiarse el intérprete de ella, y precisamente éste es el encargado de recrear la música, pero no olvidemos que todo acercamiento debe hacerse con humildad y el compromiso de saberse al servicio de alguien superior al que debemos respeto. Ciertamente, una interpretación sólida y madura se alcanzará con el tiempo, luego de varias aproximaciones a la obra; que, para ese entonces se habrá enriquecido con la inventiva y los aportes intrínsecos del ejecutante.
La clarinetista Dianelys Castillo estuvo invitada a dicho concierto, interpretando el Concertante para 2 clarinetes y piano, de Félix Mendelsohn, una partitura poco conocida y de extraordinaria valía; como también la Sonata para 2 clarinetes, de Francis Poulenc.
En ambos casos sus actuaciones fueron excelentes, admirando la manera de desarrollar el fraseo y ejecución de las articulaciones a través de un sonido dúctil, cálido y homogéneo entre las instrumentistas. Tales logros descubren la mano del maestro Vicente Monterrey, quien es profesor de Dianelys y Ailet.
Un ambiente de camaradería y deseos de tocar se respiró, actitudes que merecen nuestra atención; como también la labor realizada por la destacada pianista y profesora María Victoria del Collado, quien ha guiado a los tres por los secretos de la música de cámara.
La sala principal del propio Teatro Auditórium fue el escenario del segundo concierto que protagonizaron estudiantes y egresados del Conservatorio Amadeo Roldán de la capital cubana.
El Quinteto de Viento Santa Cecilia, conformado por Dianelys Castillo, Mónica Acosta, Yailín Martínez, Mileidy González y Ayamey Castañeda, abrió la presentación interpretando, el Divertimento en Si bemol Mayor, de Josef Haydn.
Un muy refinado gusto al tocar, buen empaste y frescura escénica recibimos. Este quinteto tiene la suerte de unir el talento de brillantes músicos, con firmes deseos de tratar el repertorio existente para este formato. Así lo han demostrado en sus dos presentaciones anteriores que anticipan un futuro promisorio para la agrupación.
Luego, la pianista Karla Martínez Rabanal ejecutó el Estudio Tableaux Op. 39 # 9, de Serguei Rachmaninov, con bien logrados contrastes de tocos y ambientes dentro de la obra. Karla le imprimió fuerza, utilizando adecuadamente la agógica como recurso imprescindible en su interpretación; aunque en la sección central esto pudo haberse manifestado de forma más organizada y fluida.
Para completar el concierto, intervino la maestra Daiana García al frente de la Orquesta de Cámara y la Joven Filarmónica Amadeo Roldán, acompañando el debut del pianista Humberto Ríos desde el Concierto Op. 10 # 1, de Serguei Prokofiev, luego de ganar por oposición el concurso de jóvenes solistas que anualmente convoca dicha formación sinfónica para los estudiantes del Conservatorio.
Mención aparte recibe la directora Daiana García, resuelta batuta -de hecho ella ha realizado de memoria todos los últimos conciertos en los que ha participado con diferentes orquestas cubanas-, conoce a fondo cada partitura, con lo cual logra una directa comunicación con los atriles. Ha ganado también en versatilidad expresiva a través de sus gestos, que anticipan el sonido que llegará en fracciones de segundos. Indudable es la alta calidad de su trabajo, el cual se evidencia una capacidad especial para afrontar los diferentes estilos con absoluto conocimiento.
Algo que no podría pasar por el alto en este recuento es el mal estado técnico de los pianos del teatro, principalmente el utilizado para el concierto en la sala Roldán. Situación inadmisible que repercute en el resultado final del espectáculo.
No hay dudas de que los jóvenes músicos cubanos demuestran a diario su excelente preparación académica y calibre artístico en el escenario. Dichos conciertos dieron fe del interés que existe en algunos por presentar la música de cámara, repertorio que no siempre resulta atractivo en estas edades.
El reconocimiento del público es determinante y de gran estímulo cuando se lucha por alcanzar la cima del arte con talento y esfuerzo. No titubee pues en asistir a las salas de concierto cuando escuche alguno de estos nombres. Recuerde: ya los conoce.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán |