Cecilia Valdés, Teatro Lírico Nacional
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El trabajo que despliegan las Casas de Cultura es una razón esencial de la sociedad cubana contemporánea. Es por ello que un homenaje de una de estas instituciones de la comunidad reviste un interés y emotividad especiales.
Así ocurrió en la Casa de Cultura del municipio de Plaza de la Revolución en La Habana, donde se reconoció el quehacer desinteresado y lleno de amor de la cantante lírica Marta Cardona.
Esta soprano, quien es una de las primeras discípulas de Mariana de Gonicht, artista rusa que cantara con Feodor Chaliapin, es una de aquellas personas que siempre he admirado.
A mediados de los años cincuenta del pasado siglo cuando era niño, descubrí a la soprano Marta Cardona en una revista. Recuerdo la fotografía de una mujer muy bella que la anunciaba como cancionera lírica en los inicios de la Televisión Cubana.
Tiempo después, Marta Cardona, miembro del Teatro Lírico Nacional llegó a ser la compañera de trabajo que todo profesional del arte quisiera tener:
1978, el maestro Roberto Blanco, uno de los directores teatrales más importantes de Cuba, se disponía a presentar su versión escénica de la zarzuela cubana Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig. Allí trabajaron algunos de los más distinguidos cantantes y actores, como Marta Cardona que se desempeñaba en el personaje de Isabel Ilincheta.
Mi labor era tocar el piano para los ensayos de escena, además de ser el repertorista de las páginas que Leo Brouwer escribió para esta nueva Cecilia.
Tras la negativa del director, en varias ocasiones de hacer el protagónico femenino, llegó una situación favorable para la artista: Las tres sopranos que hacían Cecilia se enfermaron y luego, de demostrar sus cualidades, al interpretar no solo éste, si no otros personajes; por fin, Roberto Blanco le dio el papel. Mas, le recordó: No te olvides de Isabel Ilincheta.
Marta Cardona es una de las cantantes que ha transitado por varios personajes de la zarzuela Cecilia Valdés, pues con los años también representó la Rosa Sandoval, madre de Leonardo Gamboa.
De esta manera, se premió la humildad, el tesón y amor por la profesión de una cantante como Marta Cardona. Por eso, este comentarista, estaba en la Casa de Cultura aplaudiéndola, al igual que sus alumnos del Instituto Superior de Arte.
Que sirva la anécdota para conocer más de nuestros artistas que, muchas veces, de manera anónima, ayudan a mejorar nuestra existencia. Así opina aquel pianista, testigo excepcional del hermoso suceso.
*El autor es compositor e instrumentista, profesor del Instituto Superior de Arte
y director de programas de CMBF, Radio Musical Nacional.
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