Maestro Eduardo
Sánchez-Zúber
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En una nueva cita dominical, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSNC) presentó un programa peculiar, en el que intervinieron el director de orquesta mexicano Eduardo Sánchez Zúber y la joven pianista cubana Willanny Darias Martínez.
Sánchez Zúber, por segunda ocasión en el podio de la agrupación, inició el concierto con la obra Cañón Huasteca, de su coterráneo Paulino Paredes. Aunque en el programa de mano no se especificó, seguramente pudo haber sido éste el estreno de la misma en Cuba. De cualquier forma, constituyó el primer repaso para muchos de los asistentes al Teatro Auditórium Amadeo Roldán, de La Habana.
La obra en sí toma como base a su desarrollo el tema inicial, pasando por los diferentes timbres instrumentales. Así, Paredes fue creando un ambiente que nos sugieren sus impresiones al contemplar el monumental sitio.
Ya adentrados en la pieza, encontramos momentos danzables con acentos indígenas que, según las notas al programa del maestro Luis Manuel Molina, nos conducen hacia algún mágico ritual efectuado en esta gran pirámide natural.
Cañón Huasteca careció de una construcción entretenida. No podría especificar si se debió a la misma escritura de la partitura o a la interpretación de aquella tarde.
Ese fue el preludio al Concierto para piano y orquesta # 1 en Si bemol menor Opus 23, de Piotr Ilich Chaikovski, que tuvo como solista a Willanny Darias.
Al inicio Willanny no atrapó más que por su ejecución limpia, desprovista de convencimiento artístico. Sin embargo, ya entrado el Desarrollo del primer movimiento, su interpretación fue cobrando vida, como recapitulando lo anteriormente dicho.
Así se evidenció al reexponer cada pasaje con total dominio y control del sonido. Ella demostró que estaba a la altura de este concierto. Y conste que nunca dudamos de su capacidad para tratarlo: siempre nos ha sorprendido con su precoz madurez, mediante la responsabilidad de quien se muestra consciente en cada compromiso.
La Cadenza final del Allegro non troppo e molto maestoso fue sencillamente excelente. Su manera de tratar la agógica, con un sentido musical muy bien entendido, colocó dicha intervención al lado de las realizadas por cualquier profesional consagrado.
El segundo movimiento fue, quizás, el más favorecido dentro de la obra. Disfrutamos mucho la dinámica melódica y diseños tan diversos y coherentes entre si, concebidos por Chaikovski. Los contrastes de tocos en Willanny Darias fueron argumentos importantes para realizarlo.
El final culminó con una prolongada ovación. No fue más que la gratitud de un público que quedó cautivado ante el talento y la osadía responsable, reitero, de la joven pianista. Valga acotar que estamos ante una intérprete de sólo 14 años de edad: todo un acontecimiento en las últimas décadas del piano en Cuba, junto a su compañero de clase, Marlon Bordas González.
El encore: Octubre, del ciclo de los meses del año, de Chaikovski, gozó, a mi juicio, de una interpretación superior a la del propio Concierto # 1. Ante esta aseveración, más de uno acentuará la distancia que existe entre ambas, pero no olvidemos que uno de los aspectos más difíciles de lograr en música es, precisamente, el que requiere Octubre.
Su gran control del sonido y, sobre todo, el dominio de timbres oscuros fueron algo admirable en Willanny Darias. En la sala se creó un silencio casi absoluto: la joven pianista concentró la atención de todos a través de su especial y dulce interpretación.
Amén de los desperfectos técnicos de los pianos Steinway and Sons del Teatro Auditórium Amadeo Roldán, la novel músico dio una lección a todos aquellos que, siendo mayores en edad que ella, acentúan la estropeada sonoridad que en ocasiones sale de dichos instrumentos.
En cuanto a la intervención de la OSNC y su director invitado, en el Concierto para piano y orquesta # 1 Opus 23, de Chaikovski, debo decir que no estuvieron al nivel de la solista. Durante repetidas ocasiones la masa orquestal continuaba el planteamiento del piano de una forma poco compenetrada y muy distanciada del mismo.
Para el final, con la Sinfonía # 5 en Re menor Opus 47, de Dimitri Shostakovich, la orquesta y Eduardo Sánchez-Zúber mostraron un trabajo más interesante.
Recuerdo la última interpretación de la obra por el mismo colectivo, en julio de 2006. En aquella ocasión, también con un director extranjero, la Sinfonía sonó inagotable, quizás por la falta de creatividad en la interpretación.
Pero, ¡qué grata satisfacción! Esta vez apreciamos detalles interesantes y momentos logrados con acierto, acercándonos a un mundo shostakoviano fascinante.
Los instrumentos de viento metal no siempre gozaron de un empaste y afinación adecuado, situación que debemos mejorar en agrupaciones de este tipo en la Isla. Y es que muchas veces sucede también que los vientos no tienen un desarrollo parejo desde la enseñanza de los mismos en Cuba, amén de la carencia de instrumentos más eficientes.
A pesar de ello, debo destacar las participaciones de la oboísta Johanna Lugo, las flautistas Zorimé Vega y Floraimed Fernández, así como del grupo de percusionistas.
De esta forma trascurrió el concierto de la OSNC dirigida por el mexicano Eduardo Sánchez- Zúber, encuentro en el que aplaudimos la feliz iniciativa de la dirección de la orquesta al propiciar un espacio para los más jóvenes intérpretes cubanos, por cuanto acontecimientos de esta índole no son frecuentes en su programación.
Si bien Willanny Darias puso en alto la valía del sistema de enseñanza cubano y el talento de alumnos y profesores, ella no es la única dentro de las nuevas generaciones que daría muestras de alto vuelo artístico.
En esa línea podrían asumirlo además la clarinetista Dianelys Castillo, la flautista Yailín Martínez, la cellista Elis Regina Ramos, la violista Anolan González, los pianistas Marlon Bordas y Mario Orlando El Fakih, por solo mencionar algunos.
Creo que con esta experiencia nuevos horizontes se abrirán para los nuevos talentos. ¡Esperemos que así sea!
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán.
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