Clarinete
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No siempre los valores humanos van aparejados con el talento. Mas, cuando ambas cualidades se dan la mano, estamos ante una persona especial. Así podemos definir a Dianelys Castillo Rosales, una de los músicos más talentosos de su generación.
Con gran orgullo y placer me incluyo entre sus amigos cercanos. Es por eso, y porque hemos trabajado juntos durante cinco años, que he pensado más de una ocasión para entrevistarla, aunque, en honor a la verdad, nadie mejor que ella merece compartir sus experiencias con todos.
Al azar encontró el camino
Nacida el 10 de febrero de 1987, en la ciudad sur oriental de Santiago de Cuba, Dianelys llegó al clarinete de manera casual.
Comencé en Canto Coral a los diez años, en la Escuela Vocacional de Arte José María Heredia, de Santiago de Cuba. Ahí cantaba en un coro, pero sentía la necesidad de salir del grupo y, como no podía dirigirlo, decidí tocar un instrumento. Recuerdo que la flauta era lo convencional para las niñas y en verdad yo no tenía predilección por ninguno en especial. Cuando averiguamos en la dirección de la escuela, no había capacidad en flauta y fue entonces que un compañero de estudios me llevó al aula de clarinete. Ese lugar siempre me gustó porque estaba muy bien decorado con fotos de grandes compositores y veía al profesor con todos sus alumnos juntos. Eso me llamó la atención. Nolvis Calzada, el profesor, comprobó si tenía condiciones físicas y me puso un clarinete en las manos, lo soplé y no se me olvida que quedé sin aire después de aquella nota que sonó. El 9 de enero de 1997 tuve la primera clase, me dieron un instrumento y a partir de ese instante continué con el clarinete.
Al breve camino transitado con beneplácito, pondría la vida su primer obstáculo. No fue fácil asumir el cambio, pero años de arduo trabajo definirían su vocación.
Dos meses y medio después de comenzar el clarinete, toqué con la pianista de la clase un Allegro, de Wolfgang Amadeus Mozart, en la Sala de conciertos Esteban Salas. Estos primeros años me fueron bien porque estudiaba el tiempo necesario y tenía buenos resultados. Pero, en 1999, a mi papá lo promueven en su trabajo y vinimos –mis padres y yo- a radicar en La Habana. Fuimos al Conservatorio Manuel Saumell a hacer los exámenes para continuar la música y mi nivel no se correspondía con las exigencias requeridas. Fue muy duro reconocer que no sabía nada y para alcanzar este nivel estudiaba todo el día, desde la mañana hasta la noche, pero ahora con los aspectos que me enseñaba la profesora María Isabel Castro. Así pude, luego de dos cursos, obtener el reconocimiento de Mejor Graduada de mi promoción e ingresar al Conservatorio Amadeo Roldán con el primer lugar en el escalafón.
La mano de un profesor es determinante en la formación de todo músico. Dianelys Castillo ha tenido la posibilidad de ser guiada, durante más de cinco años, por Vicente Monterrey, quien fuera discípulo del maestro cubano Juan Jorge Junco y del prestigioso clarinetista Richard Vieille, en el Conservatorio de París.
Mi primer año en el Conservatorio Amadeo Roldán fue con el profesor Licea. A éste se le presentó un viaje de trabajo y tuve que cambiar de maestro. Fue entonces que hablé con Vicente Monterrey para que me atendiera hasta concluir el curso, y accedió a prepararme para el examen final. Hice lo posible porque él se diera cuenta de que yo estaba muy interesada en aprender todo lo que me enseñara y que idea de sacrificio para estudiar tenía suficiente. Así fue, y a partir del segundo año de nivel medio me acogió como su alumna. Siempre digo que todo lo que puedo hacer con el clarinete se lo debo a las enseñanzas de Monterrey. Creo que todos los clarinetistas cubanos tienen algo de él o bien lo admiran y respetan como instrumentista. Monterrey nos da todo su cariño y experiencia, ha sabido ser maestro y amigo. Sus alumnos, y particularmente yo, vemos en él nuestro ejemplo a seguir.
Premio al talento y la dedicación
En 2005, el Concurso Nacional de Clarinete Amadeo Roldán la vio alzarse como triunfadora. Sin embargo, un peldaño de mayor envergadura saltaría a su paso. Tras una dilatada y rigurosa selección, fue escogida para representar a Cuba en uno de los certámenes más fuertes de Europa, el XLI Concurso Internacional de Markneukirchen, en Alemania; en mayo de 2006.
Era ésta la primera vez que me preparaba para un certamen de tanta importancia. La preparación fue muy exigente, debido al amplio repertorio que debía dominar al mismo tiempo. Por vez primera tocaba algo tan fuerte en sonoridad como las Tres Piezas para clarinete solo, de Igor Stravinsky, o los Dance Preludes para clarinete y piano, de Witold Lutoslawski. Tuve que trabajar también varias Sonatas y Conciertos de diversos estilos, que requerían mucha concentración y horas de estudio intenso. Participar en el concurso y poder escuchar a clarinetistas de tantos países, con estilos y formas de tocar tan diversas, me abrió el espectro de ideas en cuanto a la interpretación, así como comprobar si nuestra forma de tocar estaba bien orientada con respecto al nivel mundial.
Esta joven instrumentista emprende, durante los últimos años, un intenso bregar en las salas de concierto cubanas. Su constante interés por tratar toda la música posible, ha hecho de ella una artista versátil e integral.
Mi trabajo serio en la música se inició con el pianista Leonardo Gell. Ese fue el momento en que comencé a pensar en mi carrera. Trabajar con él es una experiencia fascinante. Los pianistas tienen otra cultura y forma de ver la música, y Leonardo tuvo toda la claridad para inculcarme esas cosas, las cuales asumí porque me parecían acertadas. Desde el principio logramos una comunicación muy especial y comenzamos en busca de un trabajo profesional, que aún mantenemos.
Luego, integré la Joven Filarmónica Amadeo Roldán, dirigida por los maestros Guido López-Gavilán y Daiana García, en la cual ocupé el puesto de clarinete solista. El trabajo de orquesta me encanta y me dio la posibilidad de tocar obras sinfónicas de Beethoven, Chaikovski, Ravel, Grieg, Stravinsky… La propia agrupación convocó un concurso para jóvenes solistas. Lo gané y así toqué el Concierto # 1 para clarinete y orquesta, de Karl María von Weber, aunque ya había debutado con él meses antes, junto a la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana.
En 2007 tuve la dicha de tocar con el maestro Iván del Prado y su Orquesta de Cámara de La Habana: un momento excitante en mi carrera. Trabajar con este director es, para todo joven, un sueño. Su talento y dominio de toda la música lo hacen ser una persona y un músico impresionante. A partir de ese momento he tenido la posibilidad de trabajar regularmente en su orquesta, en la cual aprendo muchísimo.
Hace un tiempo comencé además con el Quinteto de Viento Santa Cecilia, junto a cuatro amigas que me otorgaron la dirección del mismo. Venimos haciendo un buen trabajo, el cual es muy interesante. Y entre los proyectos en formación está el Trío Concertante, junto al violinista Fernando Muñoz y el pianista Leonardo Gell. Tocar con piano, en un quinteto de viento clásico, en una orquesta y como solista, me ha enseñado cuestiones técnicas de otros instrumentos que puedo aplicar al mío. Por supuesto que cada rol tiene sus particularidades, en cada formato no se toca igual. Todas estas experiencias me han ayudado a conocer diferentes lenguajes, muchos compositores y, por ende, a crecer profesionalmente.
El ángel y sus sueños
Actualmente Dianelys Castillo cursa estudios en el Instituto Superior de Arte de La Habana, a la vez que ejerce como profesora de clarinete y música de cámara en el Conservatorio Amadeo Roldán. Sin embargo, su pasión es tocar para el público y conste que posee un ángel artístico muy especial. Ella trasmite, mediante el sonido de su clarinete, ese amor por la música y la vida con la naturalidad de quien ha nacido para estar eternamente ligado a un escenario.
Subir al escenario es un momento mágico para mi -hasta los nervios son algo especial-, donde me siento la persona más importante y poderosa del mundo, y a la vez la más vulnerable, ya que los músicos en ese tiempo estamos a merced del juicio de cada uno de los espectadores. Cuando estoy ahí arriba defiendo con todos los sentidos mis horas de estudio y dedicación, así como también puedo experimentar cómo, dentro de lo posible, pueden surgir cosas nuevas con la música creadas al instante, porque, aunque todo esté estudiado, confío en la inspiración del momento.
¿Sueños por cumplir?
Aunque una siempre se pone metas a cumplir, no soy muy partidaria de ellas porque en un final llegamos hasta donde nos propongamos y puede ser que sobrepasemos o no lleguemos nunca a esas metas. Por tanto, lo que trato siempre es de avanzar cada día un poco más en mi carrera, solo así, con dedicación, podré hacer las cosas mejor. Mis sueños en sí no son más que poder realizar de manera cabal todo lo que me propongo y hago con la música, mis proyectos. Quisiera también ponerle el clarinete en las manos a un niño y formarlo. Experimentar esa sensación de gran responsabilidad y ver hasta dónde él llegará con mis conocimientos. Y por último, deseo pertenecer, algún día, a la Orquesta Sinfónica Juvenil Latinoamericana Simón Bolívar dirigida por el gran maestro Claudio Abbado, que tanto está haciendo por la música en la región. Ese es uno de mis sueños más intensos.
A mi última pregunta: ¿qué es el clarinete para Dianelys Castillo?, respondió sin pausa.
Mi vida.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán. |