La fiebre beethoveniana que en todo el mundo suscitaron los 180 años de la muerte del genial compositor alemán, parecía haber encontrado en Cuba una plaza ajena al acontecimiento.
No por ello quedan al olvido de este cronista las presentaciones de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba con programas dedicados a Ludwig van Beethoven, la interpretación integral de sus Sonatas para violín y piano a cargo del maestro Evelio Tieles, el Dúo Promúsica y los pianistas Rebeca Lluveras, Yamilé Cruz y Leonardo Gell; o el IV Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas, por solo citar algunos.
Sin embargo, la ciudad de Matanzas presenció, recientemente, el primero de dos espectáculos que ofrecen a su público los Cinco Conciertos para piano y orquesta, así como el Triple Concierto Opus 56 para violín, cello, piano y orquesta, ambos de Beethoven.
Era de esperarse, tras este proyecto, la mano del pianista, compositor y profesor Ulises Hernández, devenido también potenciador cultural de la actualidad nacional. Hernández convocó esta vez a un grupo de músicos nacidos, como él, en la bella Ciudad de los Puentes.
No por azar, su clase en el Instituto Superior de Arte de La Habana cuenta con varios pianistas jóvenes matanceros. A ellos correspondió iniciar este ciclo en el Teatro Sauto, Monumento Nacional: Yisel Rubio (Concierto # 1), Oscar Verdeal (Concierto # 2) y Víctor Díaz (Concierto # 4), este último en su debut como solista.
Sus interpretaciones tuvieron como denominador común la seguridad y el entendimiento de las partituras. En ello va implícito el concepto individual de cada uno al enfrentarse a mundos tan diversos como lo son, por separado, estas obras, incluso, desde la selección inicial que mucho se ajustó a la personalidad recíproca entre música e intérprete.
Laureados en certámenes nacionales e internacionales realizados en Cuba, Yisel, Oscar y Víctor fueron acompañados por la Orquesta Sinfónica de Matanzas, apoyada en sus atriles con estudiantes de la Escuela Nacional de Música y el Instituto Superior de Arte (ISA). Desde el podio, el joven director José Antonio Méndez Padrón, quien merece una mención aparte dentro de todo el concierto.
El dominio que posee sobre la orquesta dejó a un lado su formación eminentemente dirigida a la música coral, al develarse como uno de los grandes músicos de su generación, capaz de nadar en varios campos de la interpretación con la naturalidad de quien ha nacido para hacer música.
De sólo 22 años, Méndez Padrón realizó un fatigoso trabajo en los días previos a la actuación, siendo, la correspondencia entre su amplio abanico gestual y el resultado sonoro ante las órdenes emitidas, la evidencia fiel de su altura artística.
Sin dudas, la noche fue especial, en tanto espectáculos de esta índole son raramente efectuados fuera de La Habana. A ello, súmele la importancia que significa que Matanzas, a unos cien kilómetros de la capital cubana, pueda contar ya con una escuela pianística en consolidación y, por último, el poder de convocatoria alcanzado, al asistir centenares de personas al teatro.
Considero que el resultado de Beethoven en Matanzas va exigiendo un reconocimiento merecido. Cuando concluya el ciclo, habremos de sentirnos regocijados ante la iniciativa de su realización y el alto compromiso con que sus ejecutores lo han asumido.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán.
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