La profesora Teresita Junco, reconocida por la cantidad de premios nacionales e internacionales alcanzados por sus alumnos, llevó a cabo durante algunos años una investigación sobre los principios técnicos fundamentales a tener en cuenta durante los primeros años de la enseñanza del piano.
Varios han sido los intentos de consolidar y poner en práctica esa tarea. Entre ellos vale mencionar el taller experimental que realizó de conjunto con destacadas profesoras del instrumento como Hortensia Upmann, Mercedes Estévez, Andrea Mesa y Danae Ulacia, cerca del año 1990; cuando Teresita regresó de haber participado en un curso sobre teoría de la interpretación, impartido en el Conservatorio Chaikovskide Moscú.
De ese encuentro se beneficiaron varios músicos, en aquel tiempo niños talentos que hoy son, por solo citar algunos, Harold López-Nussa, Mauricio Gutiérrez, Madarys Morgan y Leonardo Pérez Reyna.
En el transcurso del año 2007, la maestra Teresita Junco preparó su tesis doctoral basada en aquella investigación que por varios años quedó guardada en su archivo personal. En la actualidad, llega a todas las escuelas de música del país gracias al esfuerzo de la Editorial Adagio del Centro Nacional de Escuelas de Arte, recogida en un texto titulado ¡Qué fácil es tocar el piano!
A principios del pasado siglo, varios profesores que dirigían academias particulares en la Isla realizaron investigaciones y dejaron plasmados en algunos folletos sus impresiones de cómo encauzar el aprendizaje del piano. Pero no es hasta nuestros días, con el presente título, que podemos contar con un material actualizado, acorde a las exigencias del mundo contemporáneo.
¡Qué fácil es tocar el piano! es un libro de corta extensión. Un tanto irónico su nombre, pero, quizás, es la manera más práctica de atrapar la atención de todo aquel que lo tenga en sus manos.
Nada de sencillo resulta la interpretación de un instrumento musical. Para ello han de conjugarse elementos sicológicos, físicos y culturales que contribuyan al éxito de una ejecución artística. Estos aspectos son analizados minuciosamente desde un enfoque científico-práctico, siempre con un lenguaje de fácil comprensión.
Para los profesores activos resulta un material de obligada referencia, en tanto ofrece valiosas herramientas para su ejercicio. En su afán, Teresita se apoya en escritos de reconocidos pedagogos rusos, de manera que el conjunto se dimensiona cualitativamente.
En el primer capítulo, La independencia creadora, expone los principios metodológicos esenciales para el logro satisfactorio de dicha tarea, al partir de las capacidades, particularidades sicológicas, habilidades y hábitos del ser humano.
Por su parte, La obra musical viene a ser la máxima expresión del volumen, hacia donde van encaminados los aspectos tratados anteriormente. Así, el capítulo versa acerca del trabajo de la obra musical propiamente dicho y de la técnica pianística en sí.
Por último, en El ritmo en la interpretación de la música cubana podemos encontrar fragmentos de obras en las que la profesora plantea su manera de tratarlos. Estamos hablando, por ejemplo, de los Sones sencillos, de Carlos Fariñas; de las Contradanzas, de Manuel Saumell; de las Danzas de Ignacio Cervantes y Ernesto Lecuona; y de otras composiciones de Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla; partituras imprescindibles dentro de la literatura musical cubana.
¡Qué fácil es tocar el piano! diría la maestra Teresita Junco, ¡qué bueno contar con este libro! dice el autor de este comentario, porque de impulsos como este depende el legado cultural y científico de nuestro tiempo.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán. |