Maestro Iván del Prado
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Recientemente, la Sala Caturla del Teatro Auditórium Amadeo Roldán presentó un concierto protagonizado por integrantes de la Orquesta de Cámara de La Habana y el Quinteto de Viento Santa Cecilia. Todos bajo la dirección musical del maestro Iván del Prado, aunque esta vez no estuvo físicamente frente a los músicos durante la actuación, por lo pequeño del formato.
El programa lo conformaron los Nonetos del checo Bohuslav Martinu y el alemán Ludwig Spohr, escritos para el conjunto de violín, viola, cello, contrabajo, flauta, oboe, clarinete, fagot y corno.
El hecho de que fuese el Quinteto de Viento Santa Cecilia la agrupación escogida por el maestro Iván del Prado, aseguró un mejor balance en esos instrumentos, por la empatía, el nivel artístico y el trabajo desarrollado por estas muchachas en el último año; que, a la postre, mostraron un escalón superior.
Esto se vio en la homogeneidad tímbrica y la manera de frasear tan similar, principalmente en los dúos y tríos que hacían entre el clarinete, la flauta, el oboe y el fagot desde el Noneto de Martinu.
Esta obra trasmite un espíritu alegre, con alegorías a músicas de varias regiones dadas a partir de giros melódicos, armonías y figuraciones rítmicas, en algunos de los casos.
Debo decir que la sección de cuerdas pudo mostrarse más activa, pues muchos de los contrastes dinámicos, cambios de compás y de diseño no brillaron en todos los ejecutantes con la misma intensidad. No así en el final del Andante que lograron con tanta perfección los nueve instrumentistas.
Asimismo, el Allegretto final careció de una mejor construcción, visto también cuando el empate entre la sección central y la reexposición del tema principal estuvo levemente desajustado en cuestiones de tempo. A pesar de estos detalles, el resultado general en el Noneto, de Bohuslav Martinu, fue muy bueno. Realmente la pieza es un reto para cualquier artista y ellos así lo asumieron.
Luego, tocó el turno al Noneto Opus 31, de Ludwig Spohr, en el que intervino igualmente el Quinteto Santa Cecilia, pero ahora con los principales por cuerdas de la Orquesta de Cámara de La Habana. El cambio se dejó entrever, no solo por el desempeño de estos últimos, sino también por el empaste que lograron con los vientos.
Desde el comienzo, supimos que estábamos en presencia de otra obra maestra. Su estilo es una perfecta simbiosis entre el legado beethoveniano y las tendencias expresivas del romanticismo.
De Ludwig Spohr se conoce poco en la actualidad, a pesar de haber tenido gran éxito en su tiempo: vivió de 1784 a 1859. Él compuso sinfonías, música de cámara y conciertos para diversos instrumentos, de los cuales son muy conocidos los dedicados al clarinete. Sin embargo, sus aportes no se limitan a este campo, sino que fue el primer director de orquesta que utilizó una batuta y además, quien difundió el modo de apoyar el mentón sobre el violín que se conoce hoy.
Refiriéndome nuevamente a la interpretación de su Noneto, debo resaltar el Trío I del Scherzo, en la cual la violinista Patricia Quintero jugó de forma interesante con la agógica, siendo seguida muy acertadamente por sus compañeros de sección.
El hecho de unir el segundo y tercer movimientos podía confundir a una parte del público, ya que la estructura del Scherzo se prestaba a entender que el comienzo del Adagio pudiera ser otra parte alternante con la sección principal; amén de la diferencia obvia entre ellos.
Pero, en definitiva, esas son licencias que los intérpretes podemos tomarnos. En un final tratamos de trasmitir las ideas y convicciones de cada partitura, algo que siempre ha tenido muy claro el maestro Iván del Prado.
Lo cierto es que fue muy inteligente de su parte estimular la práctica camerística entre sus músicos, ejemplo que debieran tomar otros directores cubanos. No olvidemos que eso contribuye en gran medida al desarrollo profesional de los mismos.
¡Qué velada de buena música! Como las que siempre nos tiene acostumbrados Iván del Prado. Su necesidad de buscar aquellas obras poco conocidas y de gran valía, como la ya consabida calidad de sus interpretaciones, estimula al público habanero a asistir a sus conciertos. Él constituye una verdadera suerte de buen gusto y maestría, digno ejemplo de un profesional maduro y conciente.
En Cuba estamos ávidos de propuestas así, que nos hagan escalar un peldaño superior de cultura y que involucre a jóvenes músicos, porque sépase que los integrantes de los colectivos que participaron en este concierto no sobrepasan los 22 años de edad, lo cual acrecienta el mérito.
Gracias una vez más a todos ellos por tantos momentos de plenitud. ¡Qué así sigan existiendo!
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán.
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