Iván del Prado |
La llegada del verano en este año 2008 ha motivado a no pocos músicos y agrupaciones que se dedican a la llamada música de concierto. Varios son los recitales que presenciamos en el privilegiado circuito habanero que conforman el Teatro Auditórium Amadeo Roldán y la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís.
Sin embargo, uno muy especial aconteció en la sala Roldán del Coliseo del Vedado. Su protagonista indiscutible, el maestro Iván del Prado, quien por estos tiempos ha estado incansable en cuanto a proyectos musicales se trata.
Recordemos que presentó recientemente los Nonetos, de Bohuslav Martinu y Ludwig Spohr, en un concierto en el cual participaron solistas de su Orquesta de Cámara de La Habana junto al Quinteto de Viento Santa Cecilia. Días después, estrenó con su colectivo la Suite Orquestal El viajero inmóvil, de Juan Piñera, obra que sirvió de banda sonora a la película homónima, dirigida por Tomás Piard.
Y por si fuera poco, para el concierto que comento, sumó a la nómina de su orquesta a músicos del Ensemble Solistas de La Habana, los Quintetos de Viento Santa Cecilia y Ventus Habana, miembros de las Orquestas Sinfónicas Nacional, del Gran Teatro de La Habana y de las ciudades de Camagüey y Holguín, así como estudiantes de las escuelas de arte; conformando un gran conjunto.
El programa estuvo dedicado a la música romántica, estilo con el cual el maestro se identifica de manera especial. Ya el Intermezzo de la ópera Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni, predijo la técnica del concierto que ha quedado entre los mejores de este año.
Siguieron con la Sinfonía Española Opus 21, de Édouard Lalo, en la que intervino como solista el joven violinista Raynel Joubert. La obra, dedicada a Pablo de Sarasate, recrea de manera exquisita los bailes y ritmos populares españoles, muy a tono con la corriente parisina que por esos tiempos hizo que varios compositores se sintieran influenciados por el país ibérico. Baste mencionar a Chabrier, Bizet, Debussy y Ravel.
De Lalo es muy conocido también su Concierto para violoncello y orquesta, mas su Sinfonía Española constituye un aporte significativo para el repertorio violinístico y universal. Como características sobresale además la gran orquestación y exige del papel concertante una ejecución singular que muestre el virtuosismo, la gracia, fineza y buen gusto con que fue concebida.
Todas estas cualidades fueron defendidas con sumo acierto por los intérpretes. De la orquesta y su director debo decir que asumieron su rol con gran profesionalidad, brindándole al público una versión en la que no podemos desligar al solista de la orquesta. Sin opacar el uno al otro, lograron un engarce y protagonismo mutuos que valen la pena resaltar.
Raynel Joubert se presentó esta vez en su debut como solista. Actualmente figura entre los violinistas más talentosos de su generación. Graduado con Título de Oro del Instituto Superior de Arte en el año 2007, mostró grandes dotes violinísticas desde temprana edad, cuando cursaba estudios en el Conservatorio Manuel Saumell con la profesora María de la Ángeles Verdecia.
Siempre admiramos en él un virtuosismo poco común que le brotaba con absoluta naturalidad. Unos años después continuaría su formación con el maestro Evelio Tieles y luego con la profesora Alla Tarán. En su corta carrera cuenta con el Segundo Premio del Concurso de Interpretación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, celebrado en el año 2006.
Es fundador y actual ayudante de concertino de la Orquesta de Cámara de La Habana y ha sumado experiencias igualmente, con directores como Claudio Abbado, Guido López-Gavilán y Enrique Pérez Mesa, entre otros.
Su interpretación de Édouard Lalo fue muy sólida. Percibimos una perfecta convicción del estilo español al que hice referencia anteriormente, visto asimismo en la manera de frasear con su sonido tan bello.
Considero que Raynel Joubert se encuentra en un momento de despegue en su carrera. Cuidarlo y desarrollarlo inteligentemente debe ser el propósito no solo de él mismo, sino además de las personas e instituciones que le rodean.
El concierto del maestro Iván del Prado, la Orquesta de Cámara de La Habana y sus músicos invitados concluyó con la Sinfonía número 1 en Do Mayor, de George Bizet, otro francés que no solo trascendió por su famosa Carmen, sino por obras como esta Sinfonía.
El romanticismo de la pieza fue resaltado en perfecta dosis por Iván del Prado: suma expresividad en el decir, contrastes dinámicos bien pronunciados, articulaciones meticulosamente trabajadas y empaste en toda la orquesta, elementos que hicieron de su interpretación una obra maestra.
Mención aparte merecen esta vez los instrumentistas de viento, quienes alcanzaron un resultado muy profesional. Pocas veces se ha visto en nuestro país un logro tan esmerado, casi perfecto.
En la batuta del maestro Iván del Prado sobresale un profundo dominio de la forma musical, visto a la hora de armar su discurso con gran coherencia, en el que cada detalle no pasa inadvertido y podemos entonces escuchar, dentro de un todo bien engarzado, el desarrollo individual de cada cuerda, instrumento o familia.
No queda más que felicitarlo a él y a todos los músicos que participaron en este empeño mayor. Salta en el pensamiento de este cronista la posibilidad y el deseo de crear en un futuro la Orquesta Sinfónica de La Habana. Su trabajo podría ser por temporadas, de manera que las agrupaciones de cámara que la conformen no dejen de presentarse como tal. Así, tendríamos otra agrupación sinfónica de la cual podamos sentirnos orgullosos, sobre todo por la muestra de altos quilates que ha dado el maestro Iván del Prado hasta el momento. Las instituciones pertinentes deberían pensar en ello.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán.
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