Hace veinte años, el 29 de septiembre, recordamos que falleció prematuramente en La Habana, la pianista, pedagoga, crítica musical, doctora en ciencias e investigadora Ñola Sahig.
Quizás, algunos con memoria y buen gusto, expresarían que fue la mujer más bella y elegante que conocieron, lo cual es la más absoluta verdad, pero que, a la luz de todos los años trascurridos tras su muerte, y aún en vida de la artista es superfluo.
Y es precisamente el haber sido una artista cabal en todo lo que realizó, lo que definió su existencia.
Mujer comprometida con su tiempo defendió su ascendencia libanesa difundiendo todo proceso cultural del mundo árabe en Cuba y, como cubana, la música de su país, nuestro país.
Sus clases de historia del Pianismo fueron las del más alto nivel e igualmente, deliciosas.
Mujer amena, su vastísima cultura, la puso a disposición de las nuevas generaciones de jóvenes que contribuyó en su formación, con el mejor humor, el de los verdaderos criollos, en ese crisol de confluencias culturales que fue su personalidad.
Sin embargo, abruma el que no se le haya recordado en algo que realizó como la mejor: sus críticas, reseñas y crónicas musicales, pues su buen gusto e ingenio sorprendía a los conocedores y lograba atrapar a todo ser sensible aunque no fuera un especialista.
Ella firmaba sus trabajos, publicados en Cuba o más allá de nuestras fronteras, con un seudónimo que jamás pudo olvidar el autor de este comentario.
Dicho seudónimo fue, entre los varios que utilizó, el de Clara Sand, en franca alusión a la pianista y compositora alemana Clara Schumann o Clara Wiek, sugiriendo a la que fuera esposa de Robert Schumann o amante de Johannes Brahms.
Y también a la autora del libro Un invierno en Mallorca, George Sand, es decir, volumen que recoge la estancia de la célebre novelista francesa, con el mucho más célebre compositor polaco Federico Chopin en la islita del Mediterráneo.
George Sand fue el seudónimo que utilizó Armandina Aurora Lucía Dupin, Baronesa de Dudevan que, para ser justos en la memoria, fue la primera mujer que usó pantalones y fumó tabaco en público en aquel lejano siglo XIX europeo.
Esta Baronesa, devenida novelista, además de haber sido amante del maestro polaco, lo fue asimismo del no menos maestro húngaro Franz Liszt y de Stendhal, el escritor francés.
Pues bien, Ñola Sahig, insistimos, mujer sumamente culta e informada, recogió simbólicamente en el seudónimo, los nombres y actitudes de dos mujeres que abogaron por la emancipación femenina de manera radical y hasta diríamos desacralizadora.
Esta actitud solidaria en el tiempo de Ñola Sahig, nos está indicando, que nuestra cubana fue también una artista atípica en nuestro entorno, pues la multiplicidad de actividades que realizó y la excelencia de sus resultados fue una medida a rebasar para los que, de una forma u otra, fuimos sus discípulos.
Este es un comentario firmado por Juan Piñera que recuerda con nostalgia, sus divertidas y profundas conversaciones de entreclases.
* El autor es compositor e instrumentista, profesor del Instituto Superior de Arte y director de programas de CMBF, Radio Musical Nacional. |