
Daiana García
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Dos jóvenes y experimentados talentos, la directora Daiana García Siveiro y el pianista Aldo López- Gavilán Junco, tomaron el escenario del habanero Teatro Auditórium Amadeo Roldán en el concierto que la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba dedicó al bicentenario del nacimiento de Félix Mendelssohn.
De él escuchamos la Obertura Las Hébridas, Opus 26 hecha con batuta y manos firmes, pero integradas a la vez en el juego de una suave gradación en recursos gestuales, con todo el cuerpo, que tuvo su correlato sonoro en los atriles con una fina escala de matices, pero al mismo tiempo marcados por la más precisa indicación para los cortantes cierres o dando las entradas para asegurar que no hubiera ataques desperdigados.
Y que no los hubo ni siquiera por contar en esta obra con sólo dos trompetas y dos trompas –es decir, con todo más diáfano-, ni en esos momentos tan escabrosos para los vientos metales cuando atacan con intensidad media, aunque sean habitualmente seguros en la fanfarria más sonora.
Gracias a esta seguridad y limpieza, la efectiva orquestación de Mendelssohn pudo lucir en todo su esplendor con la claridad y definición de planos que permitió seguir el canto de cada línea de instrumentos a lo interno, en contrapunteo y hasta en los tuttis, en una imagen sonora que bien cabe decir tridimensional, de cambiantes escenarios y atmósferas, afín a la intención de describir un paisaje de Escocia en el archipiélago de La Hébridas, motivo de inspiración calzado con un oficio de compositor al que correspondieron sus intérpretes.
Todo encontró esa definición en intervenciones -más allá de la presencia permanente de las cuerdas- como las que sostuvieron los vientos maderas, en general, o en pasajes de los clarinetes interactuando entre sí, con cellos y bajos, o las trompetas con las trompas, que tuvieron aquí su mejor momento, porque luego lamentamos sus inseguridades escuchando las Variaciones sobre un tema de Haydn, de Johannes Brahms, inseguridades en afinación y en concepto, pues faltó maduración para que se mantuviera todo el tiempo la misma intensidad en el desarrollo de una dramaturgia que, sin embargo, fue ganando paulatinamente en claridad y entereza logrando encontrar unas claves que comprometen lo emotivo y lo racional coincidiendo en momento y lugar, pero que hacen difícil la más clara delimitación y creo que fue ésta la prueba de fuerza mayor que tuvieron la directora y la orquesta en esta primera parte del programa, porque ese salto perenne entre Clasicismo y Romanticismo propio de Brahms es muy evidente en estas variaciones sobre un tema de Haydn por tener el referente directo en esa especie de pie forzado que, no obstante, va dejando por momentos en busca de relaciones más complejas cada vez.

Aldo López- Gavilán Junco
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En la segunda parte la batuta y los atriles se integraron –más cabe el término que decir acompañaron- al joven Aldo López-Gavilán Junco en el Concierto para piano y orquesta No. 1, de Serguei Prokofiev y Luciérnagas, del propio Aldo.
Prokofiev no se puso límites aquí al tratar ni la orquesta ni al piano. Ni se los pusieron estos dos jóvenes para interpretar una partitura que reclama el mayor brío, cuando se lanza a marcha forzada y toda la ternura al asumir el canto más ensoñador. Entre ambos polos se desarrolla una dialéctica mágica en muchos sentidos, sobre todo, porque hay como un acto de prestidigitación en el que uno siente todos y cada uno de los sonidos que sale del instrumento, pero asombra ver que esos dedos mortales los acomodaran no sólo a la velocidad, sino también con la seguridad y el carácter preciso, con esa orgánica personalidad interpretativa presente en todo cuanto se dice.
Y así ocurre en la obra del propio Aldo, Luciérnagas, de una inquietud que, desde un ámbito más cerrado, abre a nuevos espacios y no deja de plantearse conflictos a lo interno, pero con una marcha más firme y segura.
Ante el insistente aplauso del público las dos interpretaciones fuera de programa llegaron con el intenso final de una suite propia recién escrita para el piano y una pieza, A mi hermanito lindo, ya antológica, pero renovada con matices bien sutiles como saltando –entre lo anterior y esto- de la fiereza a una calma que se esparce como fresca neblina sonora; y sospecho que es maña consciente, después de una coda grandiosa, aplacar los ánimos con un delicado toque de ensueño que corta la respiración.
* El autor es musicólogo y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |