Mientras trabajaba, incansablemente, dentro de las comunidades de los cubanos emigrados, en los Estados Unidos, y realizaba su labor proselitista, para vencer las heridas de las guerras del 68 y la llamada guerra chiquita, José Martí necesitó redimensionar también la lectura de la acción bélica, dar a la guerra, desde sus principios, el sentido abarcador de la revolución, al entregarse a esa obra de fundación no limitada al estallido armado, a la eclosión insurreccional, sino a la creación de un estado y de una nación, desde los sentimientos políticos.
Así escribió, en noviembre de 1889 a uno de sus colaboradores, el patriota Serafín Bello, en medio de los acontecimientos que someten a Cayo Hueso a las tensiones de las huelgas obreras: Lo social está ya en lo político en nuestra tierra….
Y es que el Martí que articula el programa de la revolución, un hombre entonces que contaba con 36 años de edad pero que estaba, ideológicamente, en plena madurez, había reflexionado y mucho sobre el proceso histórico de la independencia de Cuba, al tiempo que para hacerlo, había incorporado a su aparato axiológico toda la experiencia de las repúblicas latinoamericanas, las que él mismo conoció, es decir, México, Guatemala y Venezuela, amén de comprender la interrelación que se daba, entre los pueblos del sur y los Estados Unidos, ya estos sumergidos en proceso de cambios sociales y económicos, luego de la guerra civil y en busca de la expansión hacia nuestros pueblos y países.
Esa guerra martiana no será, de hecho nunca lo fue, un movimiento bélico, sino un cambio radical, ese que busca la raíz, y que se alimenta del mismo desarrollo histórico, social, cultural de los pueblos, para crear la patria, esa que había nacido del grito fundador de la Demajagua y de la utopía de Guáimaro.
Casi un lustro después, él mismo encabezará el Partido Revolucionario Cubano, como su Delegado y redactará, en tierras dominicanas, para avalarla con su firma y con la del General en Jefe del Ejército Libertador, el programa que conocemos como el Manifiesto de Montecristi.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |