La XVIII Feria Internacional del Libro 2009 está dedicada a una de las más reconocidas martianas, a la poetisa y Premio Nacional de Literatura, Fina García Marruz y ella, como su compañero en la vida y la obra, el también Premio Nacional de Literatura, poeta y crítico, Cintio Vitier, ambos han sido no sólo constantes y sistémicos estudiosos del Maestro, sino y nunca debemos olvidarlo, quienes iniciaron la monumental obra de la Edición Crítica, hace ya varios años, de las Obras Completas.
Con esa fe y laboriosidad, y más cuando se trata de la vida y la obra del Apóstol, se ha dedicado Fina, quien lo ha dejado testimoniado en su valiosa obra ensayística y, en particular, en un libro cuajado de ideas y de polémica: El amor como energía revolucionaria en José Martí, cuaderno en el que reunió varios textos y aproximaciones y que parte de la tesis central del amor y no del odio, como alimento del espíritu y del ideario martianos.
Y es que desde la concepción de Fina, desde su apoyatura ética y filosófica, el amor es la energía y asimismo, la esencia martianas, la que encontramos, como ella lo sabe destacar, desde la adolescencia en la escritura de aquel poema-dramático que tituló Abdala y como ella misma lo subrayaba: no asociemos a Abdala con alguien que “odia” sino más bien alguien que defiende con ardor lo que ama, que es muy diferente.
Desde el principio de la armonía, y desde una visión holística, se aproxima la ensayista al discurso de Martí, el que continúa enriqueciéndose hasta caer en Dos Ríos, el de un revolucionario que, para la autora sabía construir el equilibrio desde la unidad de los contrarios, como lo materializó al crear el Partido Revolucionario Cubano, en la emigración y extender su capacidad de convocatoria y organización hasta la Isla, luego de vencer obstáculos que otros no pudieron salvar, venciendo rencores, heridas y divergencias en pos de la independencia.
Frente al odio, como lo confirma la poetisa de Orígenes, Martí encabeza la cruzada del amor como energía revolucionaria: El “exceso de odio” del régimen colonial español hizo más urgente en el cubano “la necesidad del amor”.
Así, desde tales principios morales, se eleva el proyecto de José Martí, el que ha ido madurando desde el presidio y el destierro, superador de las divisiones que signaron los tiempos de las repúblicas latinoamericanas, víctimas todavía de los tristes legados y herencias del colonialismo.
Fina ve el pensamiento martiano como un todo orgánico, y como sustancia de una teoría y de una praxis revolucionarias que sólo pueden articularse y vencer, en la historia, como un proyecto transfigurador, renovador por esencias que trasciende su época y, que late desde su vigencia, en este siglo XXI.
Si creyó que por Cuba empezaría la liberación definitiva de la América es porque ve las Antillas como la sede posible, a un tiempo geográfica y espiritual, de lo que llamaría, en un importantísimo artículo que es El tercer año del Partido Revolucionario Cubano, “el equilibrio aún vacilante del mundo”.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |