Henry Wadsworth Longfellow
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Desde la niñez, y después mucho más en la adolescencia, José Martí se dedicó al estudio de otras lenguas, especialmente del inglés, y gracias a ese acercamiento, incluso, intentó la proeza de traducir a Shakespeare y al poeta Byron.
Pero, sería su estancia prolongada en los Estados Unidos el mejor camino que encontró el cubano para aproximarse a la cultura anglófona, medio idóneo para conocer desde la literatura, además, la historia de un país, y de sus complejidades desde el ámbito del arte.
Así, cuando se instaló en Nueva York, ya a principios de los años 80, salvo aquellos meses de su experiencia venezolana, tendría tres lustros para dominar no sólo el idioma y tomar sus sustancias y especificidades, sino para adentrarse en el imaginario de esa cultura.
Aquellos quince años de vivencia en la megaciudad, centro y latido principal del proceso de construcción de los Estados Unidos modernos, en el período de la postguerra civil, le sirvieron al cubano como un laboratorio vivo, una especie de veta a cielo abierto.
Desde el ejercicio del periodismo, y dentro de esa profesión, de la crítica literaria, se detuvo en la producción artística y literaria de aquella nación y la dio a conocer a los lectores hispanoamericanos que siguieron sus crónicas en diversos diarios del siglo XIX.
Entre los escritores norteamericanos que atrapan su atención se encuentra el poeta Henry Wadsworth Longfellow, del que se afirma conocía con anterioridad, gracias a su propio maestro, el también poeta Rafael María de Mendive, quien gustaba de la lírica del norteamericano.
La melodía de Longfellow, ese sentido de la armonía de su poética, igualmente, merecieron elogios de Martí, y por eso, en aquellos años, cuando era corresponsal neoyorquino del periódico venezolano La Opinión Nacional, envió dos textos sobre el poeta que aparecieron, en 1882, en ocasión de su muerte.
Desde la enfermedad y la repercusión que tuvo el suceso hasta su trágico desenlace aparece en las crónicas martianas, mientras, valora la importancia de su lírica dentro del contexto literario norteamericano de la época.
Como subraya que en ese autor están presente otros méritos, como su condición de profesor en la Universidad de Harvard, sus estudios filológicos de otras lenguas y, muy especialmente, su condición de traductor de clásicos españoles al idioma inglés.
Se ha destacado cómo, y en la novela de José Martí, Lucía Jerez, sus protagonistas, Lucía y Juan Jerez, intercambian opiniones sobre el Excélsior, de Longfellow.
Bien sabemos que en esa, su única novela, que fue originalmente publicada en forma de folletín y en el periódico El Latinoamericano, de Nueva York, en 1885, bajo el título de Amistad funesta, hay muchos referentes autobiográficos, de ahí la significación atribuida a los criterios expuestos por Juan, suerte de alter ego de Martí, sobre los valores éticos y estéticos del bardo norteamericano.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |