José Martí y el consejo
de Jamaica
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El amor que sentía José Martí por los pueblos y la historia de nuestra América, no únicamente fue alimentado por lecturas e ideas, este se nutrió también con la enseñanza magnífica de la vida, de los sucesos cotidianos e incluso, del conocimiento de los hombres y mujeres más sencillos.
Fue en su primer viaje a México, cuando en tren avanzaba desde el Golfo, desde Veracruz a Ciudad México, para reunirse con sus padres y hermanas, que pudo el joven Martí, de sólo 22 años, tener la experiencia del indio, de las culturas aborígenes.
Después, el espectro se amplió, y desde la meseta del Anáhuac, enrumba el cubano en la plena existencia juvenil hacia otros parajes de Meso América, y llega entre islas del Caribe y montañas y lagos, por la línea del océano Pacífico hasta Guatemala, asiento de la cultura maya.
Asimismo conocerá, aunque brevemente, cuando regrese a Cuba junto a su esposa Carmen, ya en espera del hijo que florece en el vientre de su mujer, al pueblo de Honduras, país del que parte hacia la Isla, y que le trae recuerdos de aquella otra experiencia de su infancia, cuando y junto a su padre, viajó hacia la entonces Honduras Británicas, hoy Belice.
Años más tarde, y en el recorrido que realiza por Norteamérica, el Istmo y las islas del Caribe, regresa al centro de nuestra América, la tierra de los volcanes, y entra Costa Rica y Panamá en aquellas vivencias martianas, como quedó pendiente en la escritura de su vida, el proyecto de viajar a Perú, que él acarició mejor que retornar a la Cuba que lo esperaba, tras el revés del Zanjón, y tampoco pudo responder a las constantes invitaciones que le llegaron desde la Argentina y el Uruguay, países a los que se aproximó, pues a ambos representó diplomáticamente, como al Paraguay, en los Estados Unidos en su condición de cónsul, sin que olvidemos sus vínculos con El Salvador, a quien representó en su calidad de corresponsal de la prensa de aquella nación centroamericana.
En ese concierto latinoamericano hay tres espacios de suma importancia, los seis meses del joven Martí en Venezuela, en la tierra llanera de Bolívar y Páez, así como los viajes a la República Dominicana, al encuentro del Generalísimo Máximo Gómez y a la vecina Haití, su llegada a Jamaica y además, otros momentos caribeños, más breves y muy angustiosos, que debió luchar con la traición y la infamia para vencer obstáculos y, finalmente, llegar a tierra cubana, el 11 de abril de 1895, hace ya 115 años, para encabezar, junto a Maceo y Gómez, la tercera guerra de independencia que él organizó y llamó necesaria.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |