El emblemático Teatro Principal, de la capital provincial de Camagüey, a unos 800 kilómetros de La Habana, posee una historia que pudiera calificarse de dramática, desde que fuera fundado el 2 de febrero de 1850, en una etapa en que la Isla era ocupada por la Metrópoli Española, y el territorio del entonces llamado Puerto Príncipe, carecía de un escenario a la altura de su cultura.
Lograr un teatro era una inquietud de las acomodadas familias camagüeyanas, que deseaban estar a la altura de la capital cubana. En La Habana se edificó en 1838 el Tacón, donde se presentaban significativas compañías del país y en especial, europeas. Y en 1839, los hacendados del bello territorio de extensas sabanas, dedicados en lo fundamental a la ganadería, idearon construir un coliseo mediante una Sociedad Anónima.
Además, las agrupaciones operísticas y orquestales que actuaban en La Habana podían llegar hasta la principal ciudad del Camagüey, cuando se construyó en 1851 el ferrocarril que unía a Príncipe de Nuevitas. Antes de la inauguración del coliseo, aún si hubiesen llegado los artistas, no existía un local idóneo para las presentaciones.
Fueron 24 los adinerados hacendados que decidieron levantar la edificación, con el aporte de 40 mil pesos. El 10 de febrero de 1848 quedó legalmente constituida la Sociedad Anónima para la formación de un teatro en Puerto Príncipe, el cual empezó a cobrar forma cuando el 18 de agosto de ese mismo año se pusieron los primeros cimientos en un terreno ubicado en las calles Jesús María y José (en la actualidad Padre Valencia).
La construcción de la obra era la comidilla de la aristocracia del Camagüey, pues para las dotaciones de esclavos el suceso carecía de importancia, pues ni siquiera podían imaginar acercarse a la construcción, cuando estuviera terminada, a escuchar el bel canto, o los sainetes de la época.
Famosos en sus especialidades, el oficial de ingeniero Comandante Juan Jeréz Arraga tuvo a su cargo la organización de los planes y obras. Le acompañó en la albañilería el Maestro Principal José de Medina; mientras, Francisco Aguiar se ocupó de la carpintería; de la herrería se encargó José Carralá.
El escenógrafo italiano Daniel Dall´Aglio, muy reconocido en la época, y Joaquín Albe, estuvieron responsabilizados con la decoración y pintura interiores del foro cultural, el cual contaba con mil 500 butacas, distribuidas en platea, palcos principales, tertulia, y la llamada cazuela, para los de menos poder adquisitivo.
Cuando se concluyó, por sus elementos constructivos (magnificas condiciones acústicas, puertas y ventanas que permitían una agradable ventilación, escenario de proporciones enormes, correcta iluminación, y lujosos elementos escenarios) se le consideró uno de los más trascendentales de la época en la Isla.
La noche del estreno
El 2 de febrero, día en que se conmemoraba la fecha de fundación de la ciudad, ocurrida en 1514, fue escogido para que el teatro abriera sus puertas, y a pesar de su capacidad resultó pequeño para la enorme afluencia de público, interesado en disfrutar la presencia de la compañía de ópera de José Miró, llegada de La Habana, para interpretar Norma, de Vincenzo Bellini. Casi fue obligado, un mes después, que los artistas que se presentaban en la capital siguieran camino a Puerto Príncipe.
Los altos precios de las entradas, y el lucrativo negocio que representaba el coliseo hicieron pensar en la construcción de otro local para que asistiera el público mayoritario, menos acaudalado, que pagara precios más bajos para poder disfrutar de la cultura. Por tanto, apenas un año después, abría sus puertas El Fénix, inaugurado el 2 de junio de 1851.
Pasaron 18 años desde su inauguración cuando comenzaron momentos dramáticos para la insigne institución. Los criollos camagüeyanos se unieron a la insurrección que estalló el 10 de octubre de 1868 en la fábrica de azúcar del hacendado Carlos Manuel de Céspedes en la localidad de Yara. La guerra afectó la aparente calma existente en las tierras camagüeyanas y las autoridades españolas, en un acto vandálico contra la cultura cambiaron la esencia del teatro.
Precisamente, a finales de aquel año, cuando comenzó la batalla por la libertad de Cuba, las autoridades españoles ocuparon el predio y lo convirtieron en el Cuartel de Batallón de Cazadores Voluntarios.
Cuatro años después, lo entregaron a uno de los socios de la Sociedad Anónima y este lo dedicó a otros menesteres. No volvieron a escucharse las arias en el local.
Concluida la guerra diez años después, el Principal reabre sus telones, pero ahora bajo la impronta de la represión hispana. En su escenario sólo se presentaban obras que ensalzaban la ocupación de la Isla y se proyectaran contra las huestes revolucionarias.
Insisten los patriotas cubanos en la lucha por la liberación nacional, y al reanudarse las hostilidades en 1895, el Principal detuvo de nuevo su esencial objetivo cultural y de nuevo pasa a las fuerzas hispanas, que cuando lo devuelven en 1898 lo hacen en condiciones muy alejadas del esplendor que lucía apenas 40 años antes.
Fuego contra cultura
El Teatro Principal había perdido su antiguo esplendor. El cinematógrafo comienza a alejar de sus escenarios a las pocas compañías que llegaban a Camagüey.
Pasan los años y el 17 de mayo de 1920 un fuerte incendio destruye al foro en pocas horas. Hubo muchas especulaciones en torno a aquel fuego que devoró las maderas preciosas, testigos de la puesta de grandes obras y artistas.
Del coliseo sólo quedaron en pie sus gruesos muros. El pueblo consideró que aunque el incendio fue considerado casual en realidad era intencional, pero lo cierto es que no estaba asegurado. Las pérdidas fueron enormes, según crónicas de aquel año. El presidente de la Asociación Anónima, Pío Otero, dijo que el teatro valía ocho veces más que su costo original.
La compañía dramática de Julia Delgado, que debutaría dos días mas tarde, perdió los 29 baúles con su equipaje. Otros nueve bultos de la compañía de dramas Doménech también fueron reducidos a cenizas. Los cálculos indicaban pérdidas por más de medio millón de pesos.
Los camagüeyanos son persistentes. Cinco años más tarde, Manuel Ramón Fernández compró el solar y las ruinas del Principal, y junto a otros dos socios, emprendieron la construcción de un nuevo teatro de tres plantas y 785 butacas, en un segundo piso había 178 asientos, y una galería con bancos (el denominado gallinero) para 400 personas. Tenía un espacio para aperitivos y una sala de espera.
El 18 de marzo de 1926, a un costo de 60 mil pesos, se inauguró el nuevo teatro con La bayadera, del alemán Emmerich Kalman. Pero el sueño duró poco, pues al siguiente año Robert Wilcox arrendó el foro por 20 años, a un precio de 12 mil pesos anuales y en el escenario se instaló un enorme telón para películas. Había llegado el cine al antiguo Puerto Príncipe.
Los avatares siguieron. En 1930, el antiguo Principal fue objeto de una rifa con el propósito de fundar una clínica para los obreros ferroviarios. Los dueños recibirían 200 mil pesos, pero la idea no prosperó.
Diferentes empresas, todas con fines estrictamente lucrativas, explotaron las butacas del teatro. Se mantuvo como cine, mientras, el edificio comenzaba el camino hacia la ruina.
Un cambio definitivo
Con el triunfo de la Revolución en 1959, en Camagüey se creó el Consejo Provincial de Cultura. El teatro pasó al Estado, y aunque se mantuvo funcionando como cine, comenzaron a presentarse espectáculos de teatro, danza y variedades.
En 1977 comienza la remodelación del Principal, con la participación del trabajo voluntario de la población, que lo considera un emblema de la ciudad. Una gala cultural de alto nivel reabre sus puertas el 25 de julio de aquel año, con su esplendor de antaño.
En la actualidad posee 784 butacas, 443 de ellas en la platea, 56 palcos en un primer piso, 93 en el segundo y 192 en el tercero. El escenario actual mide 12 metros de ancho por 15 de fondo, la orquesta se presenta en un foso, en tanto, cuenta con espacios para la escenografía y las luces.
El Teatro Principal es sede habitual del Ballet de Camagüey, fundado el primero de diciembre de 1967, el cual disfruta de prestigio nacional e internacional.
Desde 1982, y con carácter bienal, se celebra el Festival de Danza organizado por el Ballet de Camagüey, en el que actúan prestigiosas compañías de danza cubanas y extranjeras. También el Principal es sede del Festival de Teatro, con la presencia de importantes agrupaciones locales y foráneas.
Entre las principales figuras y compañías que han animado las tertulias del famoso teatro camagüeyano se encuentran la prima ballerina assoluta Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, el fallecido bailaor español Antonio Gades, la Ópera Nacional de Cuba, el Ballet Bolshoi de Moscú, la vedette Rosa Fornés, Celina González, los actores Enrique Arredondo y José Antonio Rodríguez, entre otros muchos.
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