Luis Carbonell, declamador, auténtico, pleno y sencillo, es de esos artistas que todos admiran por su entrega y profesionalidad. Conocido por varias generaciones de cubanos como el Acuarelista de la Poesía Antillana, algunos se explican su éxito a la creación de un estilo único que lo convierte en un clásico.
Maestro de varias generaciones de artistas, ha llevado la docencia a la par de sus actuaciones: lo aprendí de mi madre. Tengo cuatro alumnos que prometen y uno de ellos quiere seguir mis pasos –afirmó con orgullo-.
Acerca del magisterio, una actividad que venera ha dicho también:
Nunca les cobré un centavo ni antes ni ahora a ninguno, pues si lo hiciera, ¿quién las podría pagar? No, en realidad es que nací para dar, para entregar este arte que he logrado con tantos años de esfuerzos y sacrificios. Y es que además, mucho lo disfruto, porque soy, como mi madre, un educador. Cobrar sería una "discondición" humana. –dijo con modestia-.
Integrante de una familia de siete hermanos, su madre escribía y enseñaba poesía a sus hermanas mayores. Ella fue, sin dudas, la persona que más marcó su vida y su carrera.
Siempre luchó por elevar el nivel de la declamación de la poesía afro. Por eso creé una técnica que no se aprende en un día, sino en seis décadas de esfuerzo. Con frecuencia les digo a mis alumnos: Te estoy explicando 60 años de experiencia en 60 minutos.
Soy un autodidacta. Por mí mismo aprendí el uso de la voz, la selección de temas, de material, con lecturas constantes, ejercicios, ensayos y mi experiencia personal. Poco a poco he ido creando una metodología que hoy pongo en práctica para mi propio trabajo y para
los artistas aficionados que acuden a mis clases.
Una de sus actividades predilectas es el estudio de la historia. También, disfruta la poesía y confiesa que la música es la manifestación que más le atrae, porque le permite imprimirle ritmo a la recitación, con el empleo perfecto de la clave en la percusión.
Luis Carbonell tiene predilección en especial por el violín y el piano, que junto a la rítmica de los instrumentos de percusión, están incorporados a su arte.
A él se debe la formación y asesoramiento de diversos tríos y cuartetos vocales. En un artículo consultado, el artista mencionaba algunos como el de Facundo Rivero –cuando debutó en CMQ-, pasando por el de Orlando de la Rosa; las D’Aida; los Del Rey (cuando estaba Pablo Milanés, les monté negro spirituals); el Trío Antillano; Los Cañas (el más importante en mi vida con Tony Pinelli, Paquito González, José Mateo, Iván Cañas y Roberto Benítez; fueron los primeros y los únicos hasta ahora que hicieron música "clásica" con ritmos populares cubanos, sobre todo Bach, Chopin, Schubert, Shostakovich).
Llevó hasta los públicos más diversos el genuino arte de Cuba y contribuyendo a popularizar la poesía del Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén. Su arte es muy gustado en diferentes países principalmente de América Latina y en particular en Puerto Rico y República Dominicana.
Ha sido distinguido con la Orden Félix Varela, la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Raúl Gómez García y el Premio Nacional de la Música 2003.
Autorizadas opiniones
En la Venezuela de 1952, Carpentier reconoció que Luis Carbonell fue: el iniciador de una técnica dotada de extraordinaria elocuencia expresiva, juicio al que siguió otro, también ese año, de Emilio Ballagas, quien lo llamó magnífico juglar antillano.
Aún otro, en 1959, de José Manuel Valdés-Rodríguez, quien aseveró: Luis Carbonell es un ejemplo de artista inquieto, insatisfecho, deseoso siempre de poner en juego su aptitud creadora. Por eso le debemos muy singulares ejemplos de sensibilidad, de inteligencia, de innovación.
Aunque comenzó antes, sólo a partir de l952 le llovieron los justos elogios.
Como dijera el destacado intelectual Miguel Barnet, al presentarlo ante una audiencia de los Estados Unidos en 1983: Ha heredado del griot africano y del cuentero español las savias de la oralidad y del teatro popular de ambos continentes y los ha licuado en una alquimia personal
que lo convierten en el más genuino exponente de la poesía hispanoamericana de todos los tiempos.
Su cubanía es una fuerza perviva que se derrama a todo lo largo del archipiélago y que ha logrado alcanzar otros territorios, otras latitudes en donde otros cubanos han sabido reconocerse en ella misma, aclamarla y convertirla en signo de identidad.
Luis Carbonell se sembró como semilla próspera en el corazón de su pueblo, quien lo distingue con su cariño y admiración.
Foto Eduardo Leyva Benítez