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La Habana
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Circuito azul de La Habana
Por: Lídice Valenzuela


Via blanca, vista al mar
Foto: Carretera Via Blanca,
vista al mar

Mirando al este, como quien va hacia el Paraíso en la Tierra, quienes desean disfrutar de la Naturaleza en un ambiente sano y tranquilo, buscan cualquiera de las siete playas de maravilla con que la Naturaleza dotó a la Ciudad de La Habana.

Aunque los habaneros siempre están cerca del mar, pues la capital cubana está situada en la costa norte de la Isla, cuando quieren pasar un día de solaz esparcimiento viajan hacia el llamado Circuito Azul: las playas del Este, situadas a unos 18 kilómetros del centro habanero.

El malecón de La Habana despide al viajero cuando penetra en el llamado Túnel de La Habana, la vía más rápida para trasladarse a la parte este, donde se ubican las finas arenas y el mar tranquilo.

Por el camino, a través de la llamada Vía Blanca, van quedando atrás los repartos de la Habana del Este, Bahía y Alamar, este último el mayor barrio capitalino, con más de 140 mil habitantes de extracción social heterogénea.

La ciudad creció hacia el Este debido a las grandes necesidades habitacionales de los capitalinos y las escasas posibilidades de terrenos para construir en las áreas urbanas.

Por orden de cercanía a La Habana las siete maravillas playeras son Bucaranao, Mégano, Santa Maria del Mar, Boca Ciega, Guanabo, Jibacoa y Trópico.

El primer paisaje marino que sorprende al paseante es Bacuranao, un pequeño balneario “asaltado” virtualmente por los vecinos de Alamar. Dada su cercanía, una gran parte de los alameños camina hasta Bacuranao para darse un chapuzón.

Después está la bellísima playa de Santa María, rodeada de laderas y donde además de tomar un delicioso baño marino existen numerosas áreas deportivas: allí se puede jugar desde squach hasta voleibol, montar caballos, pasear en ciclos.

Le continúa Guanabo, con su bellísimo litoral, sus aguas a veces enfurecidas pero siempre nobles, que se extiende por más de 10 kilómetros de arena fina. Miles de personas residen en Guanabo, un barrio que en otras épocas era sitio de recreo para adinerados que allí construían sus casas de verano, junto al mar.

En las hermosas playas de Trópico y Jibacoa existen notables fondos coralinos, ideales para el buceo. Para llegar hasta estos tranquilos parajes hay que atravesar pintorescas localidades, como Santa Cruz del Sur, un conocido pueblo de pescadores donde se fabrica el internacionalmente conocido Ron Havana Club.

A las playas del Este se llega en automóvil, en bicicleta, en ómnibus, y también en tren, este último disponible en los meses de julio y agosto, durante las tradicionales vacaciones de los habaneros.

Este tren, que realiza un viaje de ida y otro de retorno, traslada diariamente unas 600 vacacionistas hacia el mar y la diversión.

En esas playas, donde las personas se protegen bajo palmeras artificiales y naturales, es común ver centenares de familias cubanas, donde no faltan perros y hasta gatos, degustar sus almuerzos bajo los cocoteros, la arena cubierta por un mantel sencillo, mientras otros arman hamacas y duermen plácidamente.

No falta jamás la música, traída en un radio o una grabadora, e incluso un trovador improvisado.

Ambiente cubano, sencillo y atrayente. El mar, siempre azul, el sol, más radiante que en cualquier otra latitud. Realmente, en Cuba no hay que esperar a morirse para conocer el paraíso.

 

 


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