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Los almendrones: museo rodante de La Habana
Por: Lídice Valenzuela


Almendron

No es difícil escuchar frases de admiración en La Habana al paso de automóviles y camiones de las décadas del 20, 30, 40 y 50 del siglo pasado; pues estos vehículos continúan prestando una función social a sus propietarios, y también a la población capitalina.

Fabricados en los Estados Unidos, se mantienen como nuevos. La población los llama “almendrones”, porque algunos tienen forma de almendras. Lo cierto es que, devenidos taxis particulares, resuelven en alguna medida el apremiante traslado de un lugar a otro de la ciudad.

La flota de automóviles y camiones (que realizan labores de transportación de personas y mercancías) la integran famosas marcas: desde los Cadillac convertibles, los Ford estándar, Edstel, Ford de luxe, Mercury, Cadillac de luxe, Buick de luxe, Cadillac dorado, Chevrolet estándar, Chevrolet de luxe, Pontiac, Chrysler imperial, Chrysler de luxe y estándar, de Soto, Dodge, Kaiser, Henry J, Houdson, Odsmobile y el Plymouth.

Este parque de unos 75 mil vehículos en todo el país, muy bien conservado gracias al ingenio de sus propietarios y de los hábiles mecánicos e innovadores, constituyen casi el 10% de todos los vehículos que ruedan en la actualidad por La Habana.

Hay que pensar que Cuba, sometida al bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos hace más de 40 años, no puede adquirir las piezas originales de estos equipos, por lo que fue necesario adaptar piezas rusas a los motores y otros componentes norteamericanos.

Los antiguos coches, de los cuales también dispone un buen número el Ministerio de Turismo, es el centro de atención de coleccionistas privados y artistas de la plástica, entre ellos fotógrafos, que viajan a la Isla en busca de locaciones y equipos ya imposibles de encontrar en otro país.

Para los extranjeros, entre ellos los propios fabricantes norteamericanos, se han sorprendido del exquisito cuidado con que son tratados estos vehículos, algunos conservados como si hubieran acabado de salir de los talleres, con la pintura y los aditamentos originales.

En ese sentido, el filósofo francés Jean Paul Sastre se fijó en los almendrones. Así se expresó sobre ellos: “Miré más de cerca los carros en Cuba y descubrí la primera marca de la Revolución. Los cubanos los hacían brillar, ciertamente; el cromo y el níquel resplandecían. Pero estaban algo pasados de moda.

“Los carros más nuevos ya eran al menos 14 meses más viejos, quizá 18. En Chicago o Milwaukee sus hermanos gemelos habían sido lanzados al basurero”.

Existen organizaciones de propietarios de estos carros antiguos, que promueven exposiciones, paseos colectivos por la ciudad, competencias de mejor parqueo, mejor marcha atrás, mejor frenaje, mejor presentación y motor más reluciente.

Según entendidos, las exposiciones más atractivas se realizan en La Habana, con la escudería que rinde homenaje a María Nodarse, llamada de sobrenombre La Macorina, quien fue la primera mujer que condujo un automóvil en la capital cubana, y la Escudería Club del Automóvil.

Algunos consideran a estos autos antiguos un museo rodante, pues poseen un carácter histórico y solemne. Ellos le brindan nuevos aires a la capital cubana, donde el eclecticismo se enseñorea en todos los órdenes.

 

 

 

 


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