Santa María
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Pensar en un cine iraní sin Kiarostami o Panahí. ... es casi impensable para algunos, para otros, cuando hablan sobre un cine de esta parte de la geografía brotan expresiones de asombro o ignorancia.
No es menos cierto que cuando hablamos del exquisito arte vinculado con el Medio Oriente, sentimos una sublime fascinación; esto es producido gracias a que nuestro imaginario nos lo vincula con el placer exótico envuelto en un velo de misterio. Pero la realidad es, y en este caso el cine, que el realizado por los países del Medio Oriente es un cine con mayúsculas.
Particularmente, el iraní que viene fortaleciéndose desde de la década del 60 del pasado siglo como beneficiario directo del neorrealismo italiano de la posguerra, una cinematografía que ha crecido demostrando una vital fuerza y expresión personal que ha avivado el interés y las miradas de Occidente.
Es un arte tanto de grandes públicos, como personal, alejado de las reglas del sistema religioso islámico. Un cine de autor y de industria. Un cine que aún nos intriga y seduce, un cine metafórico que ha dejado de interpretarse como maldito, pero que para algunos, aún resulta inexplicable.
Para tantas interrogantes hubo ocasión en la Muestra de Cine Iraní que con cinco largometrajes visitaron las pantallas del cine Riviera de la capital cubana, entre el 20 y el 26 de noviembre, gracias a la Embajada de la República Islámica de Irán en la Isla Antillana.
Entre las propuestas interesantes estuvieron Santa María / Maryam Moghaddas (2007), del director Shahriar Bohrani, drama religioso que a través de dos horas ofrece una interpretación islámica de la vida de la Virgen María cuando ya desde su nacimiento en Judea se esperaba la llegada del Mesías; de su aceptación por los rabies en el Templo de Salomón, de su cuidado por el profeta Sacarías y su vida posterior hasta el nacimiento de Jesucristo. Con tan atractiva invitación, el director a través de una destacada fotografía y sin grandes planos panorámicos nos hace cómplices de una historia intimista conducida por una excelente banda sonora.
En nombre de rosa de Fayaz e Musavi, y La tumba siniestra de Hussain Tabrizi son dos sugerencias de suspense diferentes cada una. La primera desde una situación personal, un científico y su desbaratado matrimonio y la otra desde un empleador y las intrigas que posteriormente tendrán lugar. Son dos filmes con más visos de modernidad occidental, pero con lecturas propias tanto de los directores como de la cultura a la cual responden.
Finalmente, el drama La enfermera de Alizerah Sabzevari y la comedia Un huésped inesperado de Ismael Fallahpur, son dos agradables cintas dentro de esta selección que intenta demostrarnos otra carta de su arte y su cine mucho más allá del llamado Kiarostami o Panahí.