La toma de Tounravos/
Prise de Tournavos
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En la Francia de cerca de los finales del siglo XIX, en el sótano del Grand Café, situado en el número 14 del Boulevard des Capulines, tuvo lugar el nacimiento de una luz, una creación que en breve tiempo quedaría hermanada con las demás artes; sin embargo, su venir al mundo traería impregnado la creencia de una vida efímera sostenida por pocas utilidades técnicas.
Debían transcurrir entonces, algunos pocos años más para que una segunda «concepción», en este caso, venida del brazo de otro hombre, apareciera ante la vista de todos como una nueva fantasía, insuflándole así el verdadero elixir a la existencia de esta nueva naturaleza.
El encuentro entre el cinematógrafo y George Méliès haría cambiar el destino de este desconocido pero auténtico espectáculo del arte rescatado de las fórmulas científicas de los progenitores: los hermanos Lumière.
A pesar de esas prístinas convicciones, la magia del cine fue difuminando obcecaciones y demostrando, como valioso ojo, las imágenes en movimiento de una vida no descubierta a una sociedad, un mundo aún distante entre sí, que podía ahora llegar a todas partes y mostrar lo nunca antes soñado.
Si el nacimiento del cine fue un experimento en sus inicios, y sus creadores apenas confiaban en él, se debía a que estaban lejos por descubrir lo más valioso de esta ilusión óptica: el movimiento como lenguaje, el cual gracias al talento y la persistencia de posteriores creadores dejaría la impronta de la trascendencia.
Las primeras vistas realizadas tanto en Francia como en Rusia, tanto en México como en Perú o Uruguay, eran igualmente, escenas naturales como cómicas, recogían momentos; así, un bebé almorzando, la salida de los obreros de una fábrica, la destrucción de las malas hierbas, la caída de un muro, unos hombres jugando naipes, la llegada del astrónomo Jansen al Congreso de Fotografía, un parque de diversiones, una marcha militar o una pelea de boxeo. Todo era nuevo y vital, todo quería ser expuesto a los ojos de cualquier ciudadano en cualquier parte del mundo. El entusiasmo crecía.
En la década del 20 y el 30, documentales como Nanook el esquimal o La danza de Bali, fueron entre otros cientos, promovidos inicialmente por intereses quizás menos artísticos y sí con un corte investigativo, que en la postre devino en el interés económico. Este aspecto es algo que aún requiere de un análisis más profundo desde varias aristas epistémicas; pero entre todo ese abanico de posibles intereses, se encontraba también presente, el más humano de todos, el de mostrar una cosmovisión todavía desconocida en aquella época.
Mas, no todo el gran catálogo de cortos realizados por varios países en los primeros años, fueron inocentes vistas naturales, asimismo, en estas filmaciones estuvo presente motivaciones por hacer reportajes, publicidad y propaganda. Méliès no estuvo exento y filmó varias de ellas.
En 1897, tiene lugar una guerra entre Grecia y Turquía; las revistas en Francia a falta de fotografías auténticas publican dibujos sobre los posibles episodios ocurridos en la campaña.
Méliès toma otra iniciativa, se dedica entonces, a simular en su estudio de Montreuilsous-Bois, tal y como deberían haber ocurridos tales contiendas y es cuando aparecen las cintas como: El bombardeo de una casa/Bombardement d’ une maison; La toma de Tounravos/ Prise de Tournavos; Ejecución de un espía/ Execution d’un espion; Combate naval/ Combat naval en Grèce, yMatanzas en Creta/ Massacre à Crète, entre otros.
El hecho de que las noticias que llegaban al publico con cierto retraso ganaran una imagen y que con ella, se visualizaran determinados acontecimientos como las guerras, era síntoma de un gran progreso propio de una gran civilización, según el pensamiento dominante de la época, era una posibilidad ofrecida únicamente por quién sólo podría hacer las “vistas animadas por medio del cinematógrafo”, según expresión acuñada en Europa.
Por eso, en la Europa de aquel tiempo, en Francia por ejemplo, la cuna del cinematógrafo, ya desde 1909 y 1910, Pathé y Gaumont respectivamente, hacían una especie de resumen semanal (Pathé- Journal y Gaumont- Actualités) de los acontecimientos más importantes que tenían lugar en el país y el resto del mundo.
En Alemania, el noticiero semanal cinematográfico Wochenschau, había surgido al igual que en otros países industrializados, hacia mediados de la década del diez. La entrada del país a la Primera Guerra Mundial, hizo imprescindible la creación de un noticiario. Incluso Oskar Messter, uno de los pioneros de esta cinematografía, fundó además, su noticiero semanal durante la Primera Conflagración, los Messter-Woche (Woche significa semana).
Las producciones británica y estadounidense aparecen en los años 1910 y 1911, respectivamente, con el título Pathé Gazette. Es a partir de entonces, que con la llegada del sonoro otras grandes productoras realizan adiciones a estos noticiarios, o sea, música, efectos de sonido y comentarios, incrementando la frecuencia a dos veces por semana; ante ese nuevo boom, se crearon pequeñas salas de noticiarios en las grandes ciudades, en los que éstos se emitían de continuo, junto con dibujos animados y documentales.