
Foto: Viengsay Valdés
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Durante el pasado 20. Festival Internacional de Ballet de La Habana se produjo una situación en extremo delicada y embarazosa: el bailarín cubano Carlos Acosta, quien como se sabe está realizando una importante carrera internacional, había anunciado sólo una presentación estrenando un fragmento del ballet Mayerling de Kenneth Mac Millan y, esa misma noche, bailaría el pas de deux Diana y Acteón junto a la primera bailarina Viengsay Valdés.
La noche anterior la Valdés había suspendido su actuación en la versión integral deDon Quijote en la Plaza de la Catedral, del Centro Histórico habanero, por una repentina indisposición y gran parte del auditorio pensaba que también cancelaría su dúo con Acosta. Pero llena de coraje y compromiso con su compañero y amigo y con su irrestricto ejército de fans, a pesar de continuar indispuesta –seriamente indispuesta-, a los primeros acordes de la melosa partitura de Ricardo Drigo salió vestida como la diosa griega de la caza.
A medida que la pieza se desarrollaba veíamos que la bailarina estaba desarrollando un enorme esfuerzo para bailar, algo desacostumbrado en ella, poseedora de una técnica poderosa. Valdés-Diana saludaba casi sin aliento y su variación fue ejecutada demasiado lentamente para su propio ritmo. Entonces vino la coda, con sus riesgosos fouettés… y la Valdés no pudo concluirlos, creo que por primera vez en su carrera.
Tras caer la cortina y luego de un teatro puesto en pie para saludar su esfuerzo, la bailarina tuvo que ser atendida por paramédicos del teatro y volvió a cancelar su actuación del día siguiente. No se vestiría de Giselle… pero había lanzado las flechas de Diana para cazar al Acteón-Acosta.
La polémica surgió inmediatamente después: ¿debió Viengsay Valdés haber bailado tan afectada en su salud o debió cancelar también su dúo con Carlos Acosta? Y ante el dilema de bailar o no bailar yo me haría la siguiente interrogante: soy un físico nuclear y Albert Einstein me propone compartir su tribuna en un congreso; o soy un pintor y Salvador Dalí me brinda la mitad de su caballete para pintar un cuadro a cuatro manos, o Claudio Abbado dirigirá la orquesta en la cual tocaré si es que soy un buen pianista. En ese momento me siento indispuesto repentinamente.
¿Qué haría? ¿Claudicaría ante una molesta fiebre, un dolor de cabeza o una indisposición estomacal? ¿Abandonaría la quizás única –o última- oportunidad ante una jugarreta de su salud?
Es evidente que no puedo responder de inmediato, pero a partir de esta disyuntiva habrá que juzgar los motivos que llevaron a Viengsay Valdés a vestirse de Diana con evidente falta de aire y persistente fiebre. No se trataba de Las sílfides o La muerte del cisne: ¡era Diana y Acteón, con todo y sus 32 fouettés!
Pero por parte está el espectáculo, el público que no entiende de dolores o flaquezas, que va al teatro para disfrutar y no a sufrir ante la posibilidad que la bailarina se desmaye de un momento a otro. No se trata de un giro más o menos, sino de la propia integridad física del artista, de algo que pone en peligro no un día de función sino tal vez meses o años de receso… o ¡tal vez peor!
Pienso que la responsabilidad por el bienestar del artista debe ser compartida por los que manejan la escena y es su deber, aunque -bien lo sé- la voluntad del artista sea férrea, convencerle o exigirle por su propio bienestar.
Viengsay pensó que tenía un compromiso con su amigo Carlos Acosta, con su público –que es masivo- y consigo misma. Se jugó el todo por el todo… y recibió el aplauso que mereció. Pudiera juzgarse como riesgo, disparate o voluntad. Lo cierto es que ofreció una prueba de coraje que todos recordaremos… pero ojo: en la confianza está el peligro.
Son muchos los responsables de un escenario y se deben evitar sorpresas desagradables. Los accidentes no son tan inevitables y el valor del coraje puede traer falta de responsabilidad ante la persona misma y ante el espectáculo. Son riesgos que deben evitarse, pero no obstante, queda la interrogante que también puede hacerse usted amigo lector: ¿qué haría en un caso similar: BAILAR O NO BAILAR?
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de espacios informativos y programas especializados de CMBF, Radio Musical Nacional.
Foto http://www.danzahoy.com |