August Bournonville
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Acaban de pasar por La Habana varios maestros del Real Ballet de Dinamarca: su director Frank Andersen, la ex directora de la Escuela del Real Ballet Ann Marie Vessel y la bailarina de caractére Eva Kloborg.
Las notas de Lumbre y Paulli se escuchaban en los salones del Ballet Nacional de Cuba y el video repetía una y otra vez las imágenes del tercer acto del ballet Napoli interpretada por la compañía danesa.
Y es que la agrupación que dirige Alicia Alonso está preparando selecciones de esta pieza de August Bournonville, creada en 1842, y que es una de las coreografías sobreviviente de su amplia producción.
Bournonville, padre y creador de la centenaria escuela danesa de ballet, sufrió en vida la indiferencia de sus contemporáneos, que preferían exaltar al escultor Thorvaldsen y al escritor Hans Christian Andersen, pues el ballet era entonces, un arte poco considerado.
La lucha del maestro, bailarín y director del Real Ballet Danés estuvo encaminada a revertir esta situación y avanzó en varias direcciones, pero aún mucha literatura sobre danza omite sus aportes al arte del movimiento.
Cuando en las décadas del cincuenta del pasado siglo los bailarines daneses comenzaron a ser conocidos en el mundo, el nombre de Bournonville comenzó a ser evaluado por los medios dancísticos, y obras como La sílfide, Festival de las floresen Genzano, Napoli, además de una serie de fragmentos de sus ballets, fueron repuestos por numerosas compañías del mundo y muchos bailarines y maestros se interesaron por ese estilo tan peculiar de manejar brazos y piernas con una dinámica diferente a otras escuelas.
La corta pero intensa historia del ballet cubano también conoció a Bournonville a mediados del siglo XX, gracias a los contactos que Alicia Alonso tuvo con el bailarín danés Erik Bruhn, con quien formó pareja en el Ballet Theatre de New York.
De esta época es memorable la actuación de la dupla en el Festival de Jacob´s Pillow en Massachussets interpretando los pas de deux El cisne negro y Giselle en 1955.
Alicia ha referido sus vivencias sobre Bruhn como partenaire, en especial el cuidado que tenía con la pulcritud de los trajes y la presencia de la ballerina en escena.
Luego, la propia Alonso, trabajó con el gran bailarín mimo danés Niels Bjorn Larsen, quien interpretó el rol del Dr. Coppélius con el Teatro Griego de Los Angeles, en su versión de Coppelia.
Sin embargo, a pesar de que Erik Bruhn bailó en Cuba en 1960 con el American Ballet Theatre, no es hasta 1974 que Bournonville llega a Cuba.
Los italianos Carla Fracci y Paolo Bortoluzzi interpretaron en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, el pas de deux de la versión danesa de La sílfide en el IV Festival Internacional de Ballet de La Habana.
Se abría así el camino para que los cubanos entráramos en contacto con la obra del gran maestro del romanticismo ballético del siglo XIX.
La producción bournonvilleana, que ha llegado hasta los tiempos actuales, no es muy extensa y, por lo general, se mantiene viva sólo en Dinamarca, de ahí que no abunde su repertorio en compañías internacionales.
No obstante, a partir de este encuentro, Bournonville ha sido creador recurrente para el ballet cubano.
El 17 de junio de 1976, la primera bailarina Loipa Araújo, junto al entonces joven y prometedor Fernando Jhones, estrenaron en Cuba uno de los dúos más conocidos del repertorio danés: Festival de las flores en Genzano, convirtiéndose así en los primero cubanos en interpretar una obra de Bournonville.
Dos años después, durante el Festival Internacional de Ballet de 1978, se ampliaba este fragmento a un grand pas. Así el Ballet Nacional de Cuba iría integrando más obras de Bournonville como el pas de deux de GuillermoTell (1984); el pas de deux y el grand pas de La sílfide(1985); el pas de trois de La ventana (1991); y el ballabile del primer acto de Napoli(1993).
Un importante momento de la trayectoria de Bournonville en Cuba se produjo en 1978, cuando la maestra y coreógrafa sueca Elsa Marianne von Rosen visitó La Habana para el montaje de la versión completa de La sílfide danesa, acción que no se materializó por problemas técnicos y sólo subió a la escena cubana en una puesta del Centro Pro-Danza en 1994 y meses más tarde por el Ballet Nacional de Cuba, en un montaje de la maître Clotilde Peón que constituyó su tesis de grado como Licenciada en Arte Danzario del Instituto Superior de Arte (ISA).
El Centro Pro-Danza ha realizado también diversos montajes de fragmentos y obras completas de Bournonville, como el pas de deux de La kermés en Brujas, el pas de trois de La ventana (1992) y además de las versiones íntegras de La sílfide, ya citada y Napoli (1996). Por su parte, la Escuela Nacional de Ballet estrenó en Cuba la tarantella de esta obra en 1991.
Algunos bailarines daneses han actuado en nuestros Festivales Internacionales de Ballet de La Habana interpretando piezas del maestro danés: Adam Lüders el pas de deux de Festival de las flores en Genzano en 1998 y Silja Schandorff el de La sílfide en 2006. También se han presentado en estos eventos Eske Holm, Johan Kobborg y Henriette Muss.
Trabajos científicos sobre la vida y la obra de Bournonville han servido como culminación de estudios de varios bailarines cubanos: la tesis de grado August Bournonville, en la Escuela Nacional de Ballet, defendida por los entonces estudiantes, Alihaydée Carreño, Dalyris Valladares y William Castro en 1991; Un romántico llamado August Bournonville, de la primera bailarina Ofelia González en el Instituto Superior de Artes en 1992 y el mencionado montaje de Clotilde Peón de La sílfidepara el Ballet Nacional de Cuba.
Ahora Vessel, Andersen y Kloborg han trabajado con nuestro principal conjunto de ballet en el montaje del tercer acto de Napoli, ballet surgido como consecuencia del primer viaje de Bournonville a Italia, pieza que enlaza el romanticismo francés del siglo XIX con el posterior desarrollo del ballet en Rusia entre los años 60 y 90 de la propia centuria.
Con Napoli, Bournonville daba una gran importancia a la pantomima para la narración del argumento, sobre todo en el primer acto, de ambiente totalmente popular, mostraba el espectral mundo submarino de la Grotta Azurra napolitana como imagen sobrenatural en el segundo y desplegaba toda la técnica académica inherente al estilo de baile que, con posterioridad, se convertiría en la escuela danesa de ballet en el tercero, con su delicioso pas de six y su vivaz tarantella.
Este trabajo de los maestros daneses en Cuba será reciprocado, en breve con el montaje en Dinamarca de la versión íntegra del Don Quijote del Ballet Nacional de Cuba, que espera estrenarse en el Teatro Real danés para enero de 2008.
Así Bournonville estará vagando entre los puertos de La Habana y Copenhague, saldando la deuda que tiene el eterno danés con América, a juzgar por su ballet Lejos de Dinamarca, y nuestro continente con él, quien ha brindado al universo danzario un repertorio lleno de historias y referencias, de virtuosismos elegantes y de aroma romántico, además de una escuela heredera de las tradiciones italianas y francesas y que es, actualmente, la segunda más antigua en vigor.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de espacios informativos y programas especializados de CMBF, Radio Musical Nacional.
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