La directora el Ballet Nacional de Cuba y prima ballerina absoluta Alicia Alonso, reunió a la prensa nacional y extranjera para entregar una Carta a los artistas e intelectuales norteamericanos, en la cual les pide ayuda en el levantamiento al bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba.
Es sabido que la gran bailarina nunca ha estado de espaldas a su compromiso ciudadano, por lo que pudiera parecer que se manifestara contra el bloqueo como lo hace cualquier ama de casa, estudiante universitaria, trabajadora agrícola o investigadora científica. Y si bien ella es todo eso y mucho más, otras muchas razones le asisten para dirigirse a los artistas e intelectuales norteamericanos.
Ella inició su carrera en los Estados Unidos en 1937, época en la cual el ballet en ese país estaba conformando su personalidad cosmopolita y los primeros coreógrafos norteamericanos trataban de imponerse. Desde los coros de las comedias musicales, la Alonso bailaba en los teatros de Broadway en 1938 junto a otros jóvenes bailarines, entonces desconocidos: Nora Kaye, Maria Karnilova, Jerome Robbins, Donald Sadler, nombres luego imprescindibles en la historia norteamericana de la danza.
Luego, la School of American Ballet la recibe y entre sus maestros estuvo George Balanchine, sin dudas el padre del ballet americano. Él y Lincoln Kirstein la incluyen en la American Ballet Caravan en 1939 y en este bailó obras de los también jóvenes y poco conocidos coreógrafos Lew Christensen, William Dollar y Eugene Loring, de quien interpretó un clásico del ballet americano, Billy the Kid, con música de un Leonard Bernstein de 21 años, nombre ineludible de la música americana y universal.
Pero la mayor contribución que la Alonso hiciera al ballet norteamericano llegó en 1940 con la fundación del Ballet Theater of New York, hoy American Ballet Theater. En este lugar contribuyó por casi 20 años a crear la fisonomía de la compañía y a formar un público no habituado al arte de las puntas. Fue fuente de inspiración para coreógrafos como Loring, Robbins, John Taras, Michael Kidd, Herbert Ross, Agnes de Mille, todos en sus inicios coreográficos. Títulos como Graziana y Fall River Legendtuvieron en ella su primera intérprete, así como grandes piezas del repertorio tradicional y novedades de coreógrafos europeos como Goyescas, Undertow, Shadow of the Wind de Anthony Tudor; Pas de Quatre de Antón Dolin; el memorable Tema y variacionesde Balanchine, y clásicos de Petipá-Ivánov, Fokin, Leonide Massine o David Lichine.
En 1943 Alicia le dio al viejo Metropolitan de New York la suerte de entrar en la historia de la danza cuando debutó en Giselle. Por primera vez una bailarina no eslava ni anglosajona asumía este clásico, iniciando una nueva etapa para esta obra en el siglo XX.
Con Alicia Alonso al frente, el ABT viajó por vez primera a Londres en 1946, lo que luego repitiera en Europa en 1950, 1951 y 1953. También bailó con el Ballet Ruso de Montecarlo establecido en los Estados Unidos en 1955 y 1957, con el Ballet Griego de los Ángeles entre 1957 y 1959 y el de Washington en 1958. Por su parte, la prensa americana la escogió entre las 10 mujeres más destacadas del país, la llamó la más grandiosa Giselle de nuestra era y Primera Dama del Ballet, entre muchos otros elogios.
La Alonso bailó en casi todos los escenarios norteamericanos, siempre con la ovación y el cariño de un público que aún la venera y que la considera producto de su cultura. Desde Sheriff Honoraria de Los Ángeles hasta el Premio de Dance Magazine, varias han sido las condecoraciones y muchos los homenajes que ha recibido de instituciones norteamericanas.
Cuando en 1948 se inició el Ballet Alicia Alonso, hoy Ballet Nacional de Cuba, en su elenco aparecían bailarines que luego serían estrellas del ballet norteamericano e internacional como Melissa Hayden, Royes Fernández y Michael Maule, sin mencionar los muchos que pasaron por sus filas durante los duros años cincuenta.
Alicia sufrió el rigor yanqui al negárserle el visado para actuar y visitar los Estados Unidos entre 1960 y 1975. Pero luego de quince años ausente, volvió al nuevo Metropolitan Opera House y recibió una de las más grandes ovaciones en ese teatro: más de 20 minutos de pie. Carteles de Welcome, Alicia se veían desde los balcones y el New York Times decía: Ella es una mujer que ha hecho mucho por el ballet en este país. Volvían a saludarla antiguos compañeros como Lucia Chase y Oliver Smith, directores fundadores del ABT; Jerome Robbins, ahora cargado de Oscars; Nora Kaye junto a su esposo, el Herbert Ross de filmes como Nijinsky y Turning Point; Igor Youskevitch, su partenaire legendario y Erick Bruhn, su partenaire de los últimos tiempos en el ABT; Anthony Tudor, el coreógrafo que confió en ella; y las nuevas generaciones que la conocían como emblema del ballet americano: Eleanor d’Antuono, Cynthia Gregory, Ted Kivitt.
Toda esta trayectoria de la Alonso por el ballet americano, que se complementan con las actuaciones del Ballet Nacional de Cuba en ese país y las suyas propias en festivales, galas y temporadas después de 1975, muestran los vínculos entre las dos culturas.
Por ello, esta Carta a los intelectuales y artistas norteamericanos reviste un carácter especial y reflexivo. Como artista cubana que ha realizado una parte importante de su carrera en los Estados Unidos de Norteamérica (…) me dirijo a ustedes, admirados y queridos amigos, para pedirles que levanten sus voces con el fin de rechazar tan injusta medida, y exijan el fin de este cerco inhumano e injustificable.
Derechos propios le asisten a Alicia, cubana e internacional, para reclamar el apoyo moral de aquellos con quienes trabajó en aras de consolidar también su cultura contemporánea. Todo lo que la estrella contribuyó para estos logros le dan suficientes méritos para recabar apoyo encaminado a poner fin al injusto bloqueo que sufre Cuba por más de 40 años. Defender el diálogo y el intercambio permanente entre nosotros, es un derecho y un deber, y será un aporte nuestro a la paz y a la amistad entre los pueblos, concluye la misiva de Alicia Alonso.
La Habana, 28 de octubre de 2007
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |