Demo-n/Crazy
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Terminando el caluroso mes de agosto, Danza Contemporánea de Cuba inició una temporada de tres semanas en el Gran Teatro de La Habana, durante las cuales se exhibieron muchas de las posibilidades de la compañía que dirige Miguel Iglesias, que justo en septiembre cumplió 48 años.
En la primera semana, se presentó un programa compuesto por obras de dos coreógrafos europeos: del holandés Jan Linkens, Folia, lo primero que hiciera para la compañía; y del catalán Rafael Bonachela, el estreno absoluto de Demo-n/Crazy. Esta última creaba, sin dudas, las principales expectativas por su carácter de premier mundial.
Nacido en Barcelona y radicado en Gran Bretaña, Bonachela llega a La Habana precedido por un atractivo currículo, en el que se aprecian colaboraciones con directores teatrales como Jude Kelly y con compañías como el Ballet Rambert, la CandoCo Dance Company y su propia compañía en Londres.
Durante su primera visita a la Isla, en mayo último como parte de un intercambio con la DanceEast inglesa, se llevó a cabo un taller con los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba, del cual surgió el proyecto de una creación posterior a estrenar por esa agrupación. Y aunque en septiembre tenía tres obras en carteleras europeas, regresó a nosotros para el estreno… y por su encantamiento con la danza cubana.
El descubrir la impresionante forma técnica y artística de los bailarines cubanos Bonachela debió haberse deslumbrado, como le ocurrió a Linkens y a cuanto coreógrafo extranjero nos visita. Por eso decidió crear esta pieza para 21 bailarines, algo infrecuente en su trabajo, vestirlos con la ayuda del teatrista Carlos Díaz y encargarle las luces a Manolo Garriga.
Es muy difícil escapar a la magia de estos bailarines, capaces de lucirse en el movimiento clásico de Jan Linkens, en el tradicional de Isidro Rolando, en las vanguardias de George Céspedes y en lo expresionista de Julio César Iglesias, coreógrafos convocados para la temporada, o interpretar un dansical como Tocororo; en resumen, capaces de asumir cualquier desafío con ganas y resultados brillantes.
Así, Bonachela parece haber caído rendido a sus pies y votó más por la exhibición de esa calidad cinética difícil de igualar que por la novedad o la insurgencia en el diseño coreográfico. Luego de un atrevido dúo inicial, con una bailarina que canta deliciosamente, la pieza transcurre entre diferentes formaciones que llevan a niveles insospechados el perpetuo movimiento: dulce, agresivo, lento, rápido, tierno… inerte.
El momento culminante está, sin dudas, en los dúos masculinos interpretados bajo la canción Ne me quitte pas en la voz de Nina Simona. Polisémica y magistral sección, resulta una verdadera muestra de excelencia coreográfica e interpretativa, mezclando emociones y calidades diferentes de movimiento, por lo que con seguridad trascenderá la obra misma.
Evidente resultado de los talleres de mayo, Demo-n/Crazy se apega a códigos estéticos característicos de mucha coreografía europea, con excelente oficio y casi perfecta factura. El perpetum mobile parece ser el sello distintivo del coreógrafo catalán y, contando con semejante estrella colectiva en nuestra principal agrupación contemporánea, puede darse el lujo de concluir la obra con una infinita parada de cabeza, creando uno de los frecuentes anti-clímax de la escena actual.
A pesar de caer en la trampa tendida por la brillantez técnica, Bonachela sabrá en próximas ocasiones apelar a mayores audacias temáticas y coreográficas. Aunque la pieza resulté más física que insurgente, Demo-n/Crazy fue un éxito de público y una muestra irrefutable de la calidad y capacidad de la compañía.
A lo largo de esa temporada pudo comprobarse la diversidad estilística, técnica y dramática de Danza Contemporánea de Cuba: Folia de Jan Linkens queda como un clásico del repertorio, a pesar de su kilyanesca influencia, de la que luego se fue despojando el coreógrafo en otras piezas; George Céspedes volvió a colocar La ecuación en la escena del Gran Teatro, obra que le valió mención en el último Concurso Iberoamericano de Coreografía, un proyecto absolutamente estudiado, científicamente planificado y admirablemente bailado por tres chicas y el fabuloso Wislleys Estacholi; mientras Julio César Iglesias repetía con La lluvia cae por el viento y Restaurante El Paso su iconoclasta estética, que no por agresiva deja de ser interesante.
Del sueco Kenneth Kwamstrong también volvía a mostrarse su versión de Carmen, verdadero disfrute de los sentidos y pieza teatralmente perfecta en cuanto a la transmisión del mensaje, también irreverente pero más sobre la cuerda de la ironía, en la que la sección masculina de la compañía, reafirma la versatilidad ya expresada.
Infelizmente no pudo reponerse El rapto de las mulatas de Isidro Rolando, obra con la cual se daría nueva fe de la capacidad de Danza Contemporánea de Cuba en asumir las vanguardias más violentas junto a la tradición más acendrada.
Luego, las huestes de Miguel Iglesias se desplazarían a Holguín para celebrar su aniversario 48, donde repitieron el éxito de la temporada habanera y los jóvenes coreógrafos nacionales se llevaron las palmas en cuanto a creación contemporánea personal e innovadora.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional |