Ballet de Camagüey
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En los difíciles tiempos de la seudo república una joven camagüeyana descubrió el ballet en una sencilla escuela fundada en su ciudad natal. En este lugar comenzó a descifrar los secretos de este arte, que se enseñaba más como complemento de la formación de toda niña con posibilidades económicas que como verdadera disciplina artística.
Un día vio actuar al Ballet Alicia Alonso y supo que ese sería el destino de su vida. Se lanzó a La Habana para tomar clases en la Academia Alicia Alonso… pero eran los tiempos arduos de los años 50 cubanos, y la joven tuvo que regresar al Camagüey de tinajas y calles coloniales. Sin embargo, no cejó en su empeño, y asistía a cuanto curso de verano se impartía. Captó todo lo que en aquellos momentos se podía adquirir. La distancia no era obstáculo: en Santiago de Cuba, Camagüey, donde quiera, la joven camagüeyana Vicentina de la Torre aprendía sobre el ballet con el sueño de, algún día, crear una compañía en su entrañable ciudad.
Comenzó por una escuela en la que recibía niñas cuyos padres más querían convertir a sus hijas en jóvenes esculturales que en artistas de la danza, pero Vicentina insistía en enseñar con arte, y en las fiestas de fin de curso dejaba volar su imaginación y daba los primeros pasos reales para construir su sueño.
Entonces llegó 1959 y Vicentina vio la posibilidad de hacerlo realidad, por lo cual se alió a quien mejor podía apoyarla: el Ballet Nacional de Cuba. Alicia y Fernando Alonso se volcaron de inmediato para apoyar la creación de una compañía de ballet en Camagüey: las alumnas de Vicentina poseían una preparación básica pero requerían imágenes de figuras verdaderamente profesionales. Entonces, los solistas del Ballet Nacional Silvia Marichal, Laura Alonso, Uranis Urbino, Sara Padrón y Alberto Méndez viajaron a la capital agramontina y el primero de diciembre de 1967, el teatro Principal abría sus cortinas ante Las sílfides de Fokin y así se iniciaba la historia del Ballet de Camagüey.
Luego vino la consolidación de la segunda compañía profesional de ballet en la Isla: a la dirección inicial de Vicentina sucedió la de Joaquín Banegas y, en 1975 el maestro Fernando Alonso daba el toque final al perfil artístico de la agrupación. Ya se habían descubierto los talentos coreográficos de Iván Tenorio y Gustavo Herrera, cuyas piezas Cantata y Saerpil, respectivamente, crearon una expectativa en la danza cubana de los años 70.
Luego se desarrollarían en las propias filas camagüeyanas los coreógrafos Francisco Lang, José Antonio Chávez y Lázaro Martínez; y por último, la colaboración con el cubano Jorge Lefebre, otro que perfiló la estética del ballet camagüeyano, con obras como Images, Tango episodios, Séptima sinfoníao Degas.
Espinosos tiempos fueron también los de la década del 90, cuando la compañía redujo su elenco, sus giras y sus presentaciones. La salida del maestro Alonso de la dirección de la compañía pudo provocar un colapso total en las tropas agramontinas. No obstante, se mantuvo contra viento y marea… y ahora cumple 40 años.
A la asunción de Jorge Vede como director, siguió la de Regina Balaguer, joven bailarina que se enfrentaba a retos nunca antes asumidos y, con valentía, guía ahora los destinos del Ballet de Camagüey.
No han sido lecho de rosas estas cuatro décadas. A los problemas normales a los que nos enfrentamos los cubanos diariamente, debe agregarse que Camagüey está bien lejos del centro cultural que es La Habana; los pocos referentes en este sentido que arriban a nuestras costas no llegan a las provincias por regla general; el Festival de Danza que la compañía celebraba en los años nones desapareció en los tiempos del más agudo Período Especial; las giras mermaron casi hasta la nulidad; la salida de talentos locales hacia la compañía nacional o hacia otros países; la crisis coreográfica que aqueja toda nuestra danza, han sido escollos que los camagüeyanos han tenido que sortear y en la actualidad han podido ir despegando poco a poco, con entusiastas maestros como Manelyn Rodríguez y Rafael Saladrigas, coreógrafos como José Antonio Chávez y Osvaldo Beiro, y el apoyo de instituciones regionales en el campo de la cultura.
La gira el pasado año por Italia con la versión completa de Giselle, y otras por México y Colombia más recientemente, apuntan a un despegue definitivo con vista a recuperar el terreno que habían perdido en el contexto danzario cubano.
Pleno de jóvenes y talentosos bailarines y con la experiencia acumulada de estos años, el Ballet de Camagüey celebra su XL aniversario lleno de amigos y colaboradores que han seguido el derrotero de la agrupación; antiguos bailarines le rinden tributo, y el público camagüeyano –el máximo soporte de este empeño –sigue aplaudiendo a su compañía, cuatro décadas después de que haya tomado vida EL SUEÑO DE VICENTINA.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
Foto http://www.cadenagramonte.cubaweb.cu |