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  Ballet Nacional de Cuba: 60 años de danza I
  Por M Sc. Ismael S. Albelo*
 


Alicia Alonso, Giselle, 1943
Alicia Alonso, Giselle, Metropolitan Opera
House, 1943

En 2008 el Ballet Nacional de Cuba cumplirá 60 años de fundado. La trascendencia del hecho coloca a la cultura cubana en el compromiso de reflexionar y conocer sobre cómo se produjo este fenómeno que en la actualidad, por cotidiano, parece fácil empeño, si atendemos a sus múltiples logros obtenidos dentro y fuera del país.

Hoy día resulta frecuente que cualquier ciudadano aspire a que su hijo o su hija ingresen una de las múltiples escuelas de ballet diseminadas por toda la Isla, que una empleada farmacéutica o un obrero de la construcción conozca a las primeras figuras del ballet cubano o, mejor aún, que conozca la existencia de un ballet cubano. Pero ¿fue siempre así? ¿Ha sido un camino de rosas llegar a estos 60 años? ¿Hubo siempre en Cuba una tradición, un gusto y una aceptación al arte de las puntas?

De cómo se formó este milagro cubano –en el decir del crítico inglés Arnold Haskell– conocido en el presente como escuela cubana de ballet, cuyo mayor reflejo está en nuestra compañía, insignia en la danza cubana, pretende tratar esta serie de comentarios sobre la historia de los 60 años de ballet en Cuba.

Introducción

Luego de los rudimentarios conocimientos sobre el ballet obtenidos en las clases del maestro ruso Nicolás Yavorsky en la Sociedad Pro-Arte Musical, Alberto Alonso se había convertido en 1935 en el primer cubano dedicado profesionalmente a la danza como bailarín de los Ballets Rusos de Montecarlo y desde 1941 había asumido la dirección de la escuela de ballet de la institución habanera donde se había iniciado.

El trabajo de Alberto en el camino de perfeccionar la misión de Pro-Arte en cuanto al ballet con fines artísticos, tal como había conocido en Europa, lo llevó a crear los Festivales de Ballet, estrenar en las fiestas de fin de curso títulos del repertorio universal y efectuar temporadas con la presencia de artistas de fama.

Por otra parte, Alicia y Fernando Alonso, establecidos desde 1937 en los Estados Unidos e incorporados a varios proyectos danzarios en ese país, regresaban frecuentemente a Cuba y apoyaban con sus actuaciones a los empeños de Alberto. Ya Alicia era una reconocida figura en el ballet norteamericano y había estrenado La hija del generaly Forma(1943) y Sombras y Concerto (1946) todas coreografías de Alberto Alonso y para 1947 se proponía, junto a Fernando, realizar un estreno que conmocionaría las estructuras de Pro-Arte: el ballet Antes del alba.

El cisma estaba en el tema de la obra: en un solar habanero durante las fiestas populares del carnaval, Chela, una mujer sola y aquejada por la tisis, se debatía entre su mísera existencia y su precaria salud; atormentada por fantasmas y figuras de las religiones afrocubanas, hacia el final de la obra se suicidaba devorada por las llamas que ella misma había provocado. Hilario González ponía la partitura, Carlos Enríquez diseñaba la escenografía y el vestuario, y acompañaban a la Alonso en la escena Fernando Alonso, Elena del Cueto, Dulce Whoner y otros alumnos de Pro-Arte.

La consternación de las opulentas señoras que auspiciaban aquella escuela podía dar crédito a que la misma ballerina que brillaba en Giselle o Grand pas de quatre en los escenarios internacionales, se prestara para bailar una columbia sur les pointes y representara una tuberculosa solariega. A pesar de que la obra se estrenó el 27 de mayo de ese año en el Teatro Auditórium, no rebasó unas muy pocas representaciones. Era demasiado avanzado pretender la creación de un ballet absolutamente cubano, con temas de aquella actualidad que pudieran herir la insensibilidad burguesa como aquel alumbramiento del alba nacional.

Los Alonso, vinculados muy de cerca con el nacimiento del ballet norteamericano, sabían que existían potencialidades entre los cubanos para acometer el empeño de un ballet nacional: ellos mismo habían probado que no solo danzones y rumbas podían caracterizar el movimiento danzario en Cuba. Pero el estrecho panorama que ofrecía Pro-Arte no permitía ni soñar con proyectos similares.

Alicia, Fernando y Alberto, soñadores inveterados, sabían que algo siempre se podía hacer… sólo bastaba hacerlo, y hacia ello se encaminaron.

En New York, la temporada del Ballet Theater 1948-1949 había colapsado por problemas económicos. Los bailarines de esa cosmopolita compañía quedarían abandonados a su suerte y perderían todo un año de actividad escénica y la propia Lucia Chase, directora de la agrupación, se preocupaba por el destino de sus artistas. Esta fue la oportunidad que no dejaron pasar Alicia y Fernando, miembros del Ballet Theater desde 1940, y les propusieron a los jóvenes bailarines la aventura de fundar el ballet profesional en Cuba. Sin prometerle más que bailar ante un público que los iba a recibir con avidez –nada de pagos o privilegios mayores -, una buena cantidad del elenco de la compañía norteña llegó a La Habana, encabezada por la propia Alicia y su partenaire Igor Youskevitch, quienes se unirían a menos de una decena de bailarines cubanos pertenecientes a Pro-Arte.

Así se abrían las cortinas del teatro Auditórium sobre La siesta de un fauno de Nijinsky-Debussy, centralizado por Igor Youskevitch; luego se presentaría el Grand pas de quatre de Dolin-Pugni, pieza romántica interpretada por Melissa Hayden, Barbara Fallis, Cynthia Riseley y Paula Lloyd; y para el final el acto segundo de El lago de los cisnesde Petipá-Chaikovski, con la Alonso y Youskevitch.

Era el 28 de octubre de 1948; era el inicio del ballet profesional en Cuba. Con el nombre de Ballet Alicia Alonso comenzaba la vida del hoy mundialmente conocido BALLET NACIONAL DE CUBA.

 

* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.


Foto http://www.portalatino.com

 
 
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