ALicia Alonso y Fernando Alonso, ballet Giselle.
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Había surgido en Cuba el Ballet Alicia Alonso el 28 de octubre de 1948. Sin embargo, menos de 10 de sus integrantes habían nacido en nuestro suelo. Debido a los frecuentes descalabros financieros del capitalismo estadounidense, se había cancelado la temporada del Ballet Theater en ese año, y Fernando y Alicia Alonso, miembros entonces de la compañía, conversaron con algunas de sus figuras para venir a La Habana conformando una nueva compañía que llevaría el nombre de la ya reconocida estrella del ballet mundial. La propia Lucia Chase –directora del Ballet Theater – aplaudió la idea, toda vez que sus bailarines no perderían el entrenamiento ni la forma artística.
En aquella función inicial aparecían figuras que aún no tenían el nombre que alcanzaron después en el ballet mundial como Melissa Hayden y Royes Fernández, por supuesto la gran mayoría del elenco era de origen norteamericano, como Paula Loyd, Barbara Fallis, Cynthia Riseley, Helen Komarova, Shaun O’Brien o Gilbert Reed. Junto a la Alonso aparecía su partenaire de entonces,Igor Youskevitch y entre los cubanos Dulce Whoner, Enrique Martínez, Ada Zanetti, Silvia Mediavilla, Magda González Mora, además de Alicia, Fernando y Alberto Alonso.
Desde su fundación, el ballet cubano trabajó por sacar este arte del elitismo del Auditórium y convertirlo en un arte popular, de ahí que pocos tiempo después ya ofrecían funciones a bajos precios… y hasta gratuitas en el Estadio Universitario, presenciadas por más de 40 000 personas, lo cual evidencia la voluntad cívica y patriótica de los Alonso para con el pueblo cubano.
En enero de 1949 el Ballet Alicia Alonso emprendía una temeraria gira internacional por Centroamérica: México, Guatemala, el Salvador, Costa Rica, Panamá y Colombia. En Cuba, amén de las vicisitudes económicas que tuvo que sortear, la compañía no sólo tuvo un éxito resonante, sino que a su paso por los diferentes países iba sembrando el gusto por este arte que muchos desconocían, creían ajeno o privativo de países europeos.
Con esta y otras visitas se despertaron las ansias por hacer ballet de figuras que más tarde dieron gloria a la danza latinoamericana, como Lupe Serrano, Carlota Pereira, Felipe Segura, José Parés, Vicente Nebreda, Armando Navarro, Tulio de la Rosa, Nicolás Magallanes, Víctor Álvarez, fueron algunos de aquellos pioneros.
En su vocación fundacional, se crea en 1950 la Academia de Ballet Alicia Alonso, cuyo objetivo inicial era formar bailarines profesionales para nutrir la compañía, pero que logró desarrollar un método y una estética netamente originales y nacionales que, tomando lo mejor de las escuelas existentes hasta entonces, logró convertirse en una nueva escuela, la escuela cubana de ballet, fenómeno reconocido con posterioridad. Así, inician sus pasos en el arte de la danza Mirta Plá, Margarita y Ramona de Sáa, Aurora Bosch y, con posterioridad, Loipa Araújo y Josefina Méndez, nombres hoy familiares a quienes han seguido el derrotero del ballet cubano.
Para 1955, consolidado como una compañía que representaba la nación cubana, es la propia dirección del Ballet Alicia Alonso quien decide sustituir su nombre por el de Ballet de Cuba, con el cual además recorren diferentes países latinoamericanos. En su repertorio aparecen no sólo clásicos como Giselle, Coppélia, Las bodas de Aurora, La fille mal gardée, Grand Pas de Quatre, sino también obras de los coreógrafos de Diaghilev como Las sílfides, Petroushka, Príncipe Igor, El espectro de la rosa y La muerte del cisne de Mijail Fokine; La siesta de un fauno de Vaslav Nijinsky; Apollode George Balanchine; y producciones de coreógrafos cubanos o latinoamericanos como Forma, Sinfonía clásica, La valse y Sombras de Alberto Alonso; Capricho español de Armando Navarro, Versos y bailes de Cuca Martínez, Paganini de Carlota Pereira, Un concierto en blanco y negro de José Parés, Fiesta de Enrique Martínez, Toque de Ramiro Guerra o Ensayo sinfónico de Alicia Alonso.
Gracias al apoyo popular, la agrupación había logrado un exiguo apoyo económico del Estado, más simbólico que suficiente. Había estrenado las versiones completas de El cascanueces, El lago de los cisnes (por primera vez en América) y Romeo y Julieta. Pero en 1956 se prepara un nuevo zarpazo de la entonces ya entronizada dictadura de Batista.
Un llamado Instituto Nacional de Cultura dirigido por el Doctor Guillermo de Zéndegui, pretendía que la intelectualidad cubana diera un espaldarazo al tirano y su política de crimen y entreguismo, formando parte de esa farsa seudo cultural. Como una de las principales instituciones era, precisamente, el Ballet de Cuba, Zéndegui conmina a Alicia a plegarse e ingresar en la entidad.
Pero este rejuego político sirvió para que se escribiera una de las páginas más gloriosas y hermosas de la civilidad cubana y demostraría cómo arte, sociedad y política están indisolublemente ligados. Y fue precisamente Alicia Alonso y el Ballet de Cuba quienes protagonizaron este hecho heroico en 1956.
*El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
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