Alicia Alonso
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Era el sábado 15 de septiembre de 1956. El Estadio Universitario de La Habana se repletaba de público que, al llamado de la FEU, acudía a dar su respaldo a Alicia Alonso y al Ballet de Cuba por su cívica actitud de no hacerle el juego al tirano Batista y a sus personeros seudo culturales. La asistencia esa noche se calculó en 25 000 personas.
El ambiente era tenso, la policía batistiana rodeaba el lugar; mientras, los estudiantes protegían con sus cuerpos a los artistas y a los organizadores de la llamada Función de Desagravio.
Había llovido y la humedad ponía también en riesgo el acontecimiento, en el que actuarían artistas de la radio, la televisión y el teatro, el Ballet CMQ así como los shows de los cabarés Sans Souci y Tropicana, además del Ballet de Cuba y la propia Alicia Alonso.
El hecho se desarrollaba entre las intervenciones de los actores más reconocidos de los medios de la época alternando con números danzados por las compañías invitadas. Así el Ballet de Cuba inició con fragmentos de Las sílfides, centralizados por la primera bailarina argentina Carlota Pereira y el maestro Fernando Alonso, quien alejado de las tablas desde 1949, quiso dar su apoyo a esta manifestación de protesta bailando por última vez en el rol del poeta.
A las intervenciones orales se iban incorporando miembros del Comité Pro Homenaje Nacional a Alicia Alonso, los directivos de Cultura de la FEU y, finalmente, el estudiante de Agronomía, Fructuoso Rodríguez, que ya se encontraba viviendo en la clandestinidad por su compromiso con la lucha revolucionaria, en su condición de dirigente de la organización estudiantil. Fructuoso emergió de las sombras para apoyar la actitud de Alicia y del Ballet, y condenar a la tiranía, en su último acto público de valentía, pues meses después cayó junto a otros tres compañeros en la matanza de Humboldt 7.
Amén de la trascendencia política que revistió este suceso, Alicia Alonso cerró la noche bailando el solo La muerte del cisne, y llena de flores y lágrimas se despidió del público del Estadio.
A partir de este momento comenzó una gira nacional de desagravio, en la que el Ballet de Cuba actuó en los principales teatros del país y siempre la Alonso le hablaba a su pueblo agradeciéndole su apoyo y pidiéndole confianza en el futuro. Eran las funciones finales de la compañía y todo el pueblo debía ver qué había destruido Batista, cuánto daño le hacía no sólo en lo político y económico, sino en lo cultural.
La fase final de este proceso de despedida se produjo en la televisión, en el programa Casino de la Alegría. Alicia haría su última presentación, aprovechaba la extensión de este medio comunicativo –recordar que en aquellos años la televisión era en vivo- pidió un micrófono y le habló a su pueblo:
Los dejo en unas manos que lo van a defender con todo lo que tienen, que son las manos del pueblo cubano, que lo mismo trabajan en la tierra que trabajan en las artes. Yo quiero que sepan que, a pesar de estar allá, en los momentos en que me pueda escapar de mis contratos volveré a Cuba y lucharé y seguiré luchando por el Ballet de Cuba, por las artes en Cuba y por estas bailarinas que han bailado hoy. Hasta pronto.
Así concluía la etapa fundacional del ballet cubano. En ese adiós, la Alonso mostraba fe en próximos cambios en su patria y que ella, junto con aquellos miembros del Ballet, que además recesaban en sus funciones, harían lo imposible por mantener ese espíritu que por ocho años ofrecieron a la sociedad. Un proyecto que le había dado prestigio a la Isla internacionalmente y porque un futuro luminoso se avecinaba para el pueblo y las artes cubanas.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |