Alicia Alonso
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El ballet como arte profesional en Cuba había entrado en una etapa de ausencia. Luego de ocho años tratando de hacer nacional lo que Alicia Alonso había mostrado como ejemplo individual en compañías y escenarios extranjeros. El cambio de nombre del Ballet Alicia Alonso por el de Ballet de Cuba, que no había sido sólo una simple modificación semántica sino conceptual, en nada conmovió a la tiranía y la llamada entonces eximia ballerina había tomado una de las actitudes más valientes de un artista en ese período terrible de nuestra historia.
¿Qué hacer con aquellas muchachas que habían bailado en aquella función del Estadio Universitario, en aquella gira de desagravio, en aquella actuación en televisión? Casi todas estudiaban en la academia Alicia Alonso, las mayores eran bailarinas en centros nocturnos u otros espectáculos musicales y televisivos, los pocos varones también asumían otros trabajos para vivir y actuaciones en night clubes, muchos partieron al extranjero.
En la Isla, Fernando Alonso dirigía la academia que radicaba en L y 11 en el Vedado habanero. Allí organizó junto al maestro Ramiro Guerra un Taller Experimental de Danza y se creaban nuevas coreografías que subían al tabloncillo de las clases junto al repertorio tradicional que podía interpretarse como programa de concierto y de esta forma se complementaba el aprendizaje con el fogueo escénico en funciones pequeñas que se producían con cierta regularidad.
Las alumnas vendían las entradas, arreglaban las sillas, movían las luces, se convertían en expertas en producción teatral para ballet. Lo que muchos no sabían, ni bailarines ni público, que el importe de esas funciones iban a engrosar los recursos materiales de los patriotas que desde diciembre de 1956, el mismo año de la ofensa al ballet cubano, luchaban en la Sierra Maestra por liberar a Cuba de aquel régimen dictatorial.
Al mismo tiempo, Alicia llevó a un grupo de alumnas a los Estados Unidos para incorporarlas como bailarinas a sus montajes de Giselle y Coppélia. Esto además las desarrollaba.
Entonces llegó el primero de enero de 1959. Batista abandonó el país y los luchadores de la Sierra llegaban al poder para hacer prevalecer la justicia en Cuba. Entonces Alicia regresó y ya el camino estaba expedito para que el proyecto del ballet cubano pasara a convertirse en realidad. Ella ofrecía una función especial para el Ejército Rebelde donde el cisne ahora no moría, sino que se vestía de negro y giraba vertiginosamente para anunciar la felicidad de la danza cubana por el triunfo de la Revolución.
En julio de ese año se realizarían audiciones para integrar el que se llamaría Ballet Nacional de Cuba. Aspirantes de varios países del continente asistirían aspirando a integrar la nueva agrupación, continuidad de la fundada en 1948, y por supuesto, los bailarines cubanos que constituían mayoría, desfilaban ante un jurado internacional integrado por la prima ballerina Alexandra Danílova, el primer bailarín Igor Youskevitch, las críticos Ann Barzel y Phycis Manchester, las maestras Anna Leontieva y Martha Mahr, junto a Alicia y Fernando Alonso.
Concluidas las audiciones y conformada la compañía, la Ley 812 de 20 de mayo de 1960, firmada por el entonces Presidente Osvaldo Dorticós, el primer ministro Fidel Castro y el ministro de Educación Armando Hart, dejaba constituido el Ballet Nacional de Cuba.
Comenzaría así otra etapa de la historia de este esfuerzo por llevar este arte, elitista y distante en otras partes del mundo, al pueblo y a conformar un fenómeno único en la historia mundial de la danza: la escuela cubana de ballet.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |