Anne Marie Porras
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El mismo día que concluía oficialmente la I Bienal de Danza del Caribe, el primero de abril, llegaba a La Habana la compañía francesa Danzomanía, dirigida por la maestra Anne Marie Porras, para presentarse también en el Teatro Mella, a manera de super coda del evento caribeño.
Para esta visita la compañía estuvo compuesta por seis bailarines masculinos, con diferentes anatomías y personalidades, autodefinidos como intérpretes de danza-jazz contemporánea, consecuencia de la formación de su directora, especialista de jazz en su sede de la ciudad mediterránea de Montpellier, famosa por poseer el jardín botánico el más antiguo de Francia y por el tradicional Festival del vino, que se celebra anualmente.
Para nosotros, después de haber estado sumidos en una casi absoluta inmovilidad y un uso en ocasiones indiscriminado del video y la multimedia durante los días de la Bienal, la actuación de Danzomanía vino a se como una verdadera inyección de vida a la escena habanera. La obra presentada llevaba por título en español Arena, arenas, arenas (aunque en francés, Pleine des sable podría traducirse también como Lleno de arena) y ofreció la energía y la fuerza del Sur francés bañado por el Mediterráneo, con un derroche virtuoso en el trabajo en el plano alto, es decir en cuanto a los saltos o el uso de los movimientos en el aire, sin despreciar las acciones dramáticas en tanto elementos de una historia no contada, polisémica, a la manera de míticos centauros que luchan por dominar un territorio que al final da origen al hombre sobreviviente de la lucha por la vida.
El empleo de la iluminación –con los créditos de Jacques Chatelet y Cyril Klein– se convierte en un elemento protagonista y utilizado con eficaz economía en tanto recurso escénico recurso teatral y dramático, sin las intertextualidades de moda tan usadas y abusadas en la Bienal –entiéndase videos y efectos cinéticos–, apoyando la sinceridad de la danza por sí misma, del movimiento como suficiente vocabulario.
La obra transcurrió sobre el culto a la virilidad y el riesgo, y en ocasiones la uniformidad en la ejecución hacía recordar los cuerpos de baile del ballet académico. Y la técnica danzaria estuvo siempre omnipresente, era como su carta de presentación y la tónica durante todo el espectáculo, sin pretender erigirse en una estrategia facilista, sino devenir en recurso expresivo y muestra de verdadera pasión por el movimiento.
Aunque se anunciaron tres funciones, Danzomanía suspendió la última por problemas logísticos, por lo que mucho público que escuchó sobre las exitosas exhibiciones del viernes 4 y el sábado 5 de abril se quedó con la expectativa creada por los comentarios favorables. Esto tal vez comprometa a una nueva invitación ya que, posiblemente, ésta haya sido la mejor muestra que la Bienal de la Danza del Caribe trajo a La Habana.
Otro valor agregado que trajo Anne Marie Porras con su Danzomanía fue la inesperada y casi clandestina presencia, dentro del equipo que les acompañaba, luego de 40 años de su primera y única visita, del gran bailarín francés Rudy Bryans, estrella de los Ballets de Marsella de Roland Petit, bailarín invitado del American Ballet Theater, la Ópera de París, el Béjart Ballet Lausanne y el Ballet Clásico de Francia, con el cual bailó en el Gran Teatro de La Habana en mayo de 1968, dejando la inolvidable imagen con su físico impresionante, su gentileza varonil como partenaire de Lianne Daidé y Tessa Beaumont, e intérprete brillante de obras como Suite en blanc, Romeo y Julietay el pas de deux El corsario.
Bryans, junto a los bailarines de la compañía que dirige su esposa (quien tuvo que regresar antes a Montpellier), visitó la sede del Ballet Nacional de Cuba, el Museo de la Danza y la Escuela Nacional de Ballet, donde la directora de la institución, Doctora Ramona de Sáa, tuvo un fraternal encuentro con ellos e intercambió criterios técnicos y artísticos. Aquí surgió una posibilidad que Bryans y Porras regresen a Cuba lo antes posible, quizás para el próximo Encuentro de Academias en 2009, con el fin de ofrecer talleres y clases magistrales en sus respectivas especialidades.
También Rudy Bryans concedió una entrevista para estas páginas, que aparecerá publicada en breve.
Luego de estas presentaciones de la compañía de Montpellier si puede considerar culminada la I Bienal de Danza del Caribe y disfrutar en abril, del Mes de la Danza.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |