La bella durmiente,
Alicia Amatriain y Joel Carreño
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En los salones del Ballet Nacional de Cuba se escuchan las notas de La bella durmiente, el primer ballet de Piotr Ilich Chaikovski que obtuvo éxito en 1890, pues el estreno de El lago de los cisnes en 1877 fue rotundo fracaso. El motivo es el reestreno de este ballet, en versión de Alicia Alonso, durante el XXI Festival Internacional de Ballet de La Habana el próximo mes de octubre.
Sin embargo, muchos amantes de este cuento de hadas danzado desconocen que su primera versión conocida para la danza tiene ya 179 años: fue estrenada en la Academia Real de la Música y la Danza de París y estuvo coreografiada por el maestro Jean Pierre Aumer, con los bailarines Lise Noblet, Louis Montjoie, Amelia Legalois, Pauline Montesu, Louise Elie, Jean la Bruniere y en un pequeño papel de náyade la entonces principiante María Taglioni.
El libreto original de Eugene Scribe es muy diferente del que Iván Vesevolovsky hiciera para el estreno ruso de 1890, coreografiado por Marius Petipá, quien colaboró además en el argumento.
Se sabe que tanto éste como otros ballets tradicionales surgieron del libro Cuentos del pasado, conocido también como Cuentos de mamá Oca, que vio la luz en 1697. Su autor, el francés Charles Perrault recopiló una serie de narraciones populares franceses, celtas e italianas transmitidas por la tradición oral, entre ellas: La cenicienta, El gato con botas, Pulgarcito, La caperucita roja, Piel de asnoy La bella durmiente.
Muchos de estos cuentos no eran demasiado infantiles: por solo citar un ejemplo, en la versión de Perrault, Caperucita y su abuelita no sobreviven a la cena del lobo y, como moraleja quedaba que las niñas debían obedecer a sus padres. Años más tarde, entre 1812 y 1815, los hermanos Grimm editaron dos volúmenes titulados Cuentos de niños y del hogar, conocidos igualmente como Cuentos de hadas de los hermanos Grimm, en los cuales reformulaban muchas de las historias de Perrault, dándoles un carácter menos tenebroso y rocambolesco.
El ballet de Aumer tuvo música de Ferdinand Hérold y el argumento era tan enrevesado cómo sólo podía imaginar Scribe, el libretista más prolífero de los teatros de boulevard y de ballets como La sonámbula o El dios y la bayadera.
El personaje, la princesa Isoult, era prometida del príncipe Gannler, pero estaba enamorada del paje Arthur –que interpretaba la bailarina Legalois en travesti. Al no ser invitada a la boda, el hada Nabote denuncia el romance oculto y Arthur es mandado a decapitar. Isoult promete casarse con Gannler, pero toma un veneno para suicidarse antes de pertenecer a otro hombre.
Entonces vuelve a aparecer el hada Nabote y torna el suicido en un profundo sueño, en el cual la acompañará toda la corte. Arthur aprovecha y se esconde en un armario para seguir a su amada en el profundo letargo. Con el tiempo, la leyenda de la princesa dormida es contada por una madre a su hijo, quien a su vez tiene una hija llamada Margarita. Ella ama a Gerard pero su padre se opone, a menos que Gerard entre en el castillo, bese a la princesa y la reviva para él casarse con ella. El joven acepta el trato y, ayudado por Nabote –quien le da un cuerno mágico- atraviesa numerosas tentaciones, rema hasta el castillo y despierta a Isoult con el consabido beso, que no es precisamente de amor. Todos los participantes en la historia entran en escena y Nabote exige que se cumpla el trato: ahora Gerard tendrá que casarse con la princesa. Entonces, Isoult urde un plan: ella y Margarita intercambiarán los velos y finalmente se casarán con sus verdaderos amantes, la princesa con Arthur y Margarita con Gerard.
Consumadas las bodas, las muchachas se identifican y todo queda como happy end.
El ballet constaba de cuatro actos con seis escenas y lo único que se mantuvo del argumento original fue el famoso beso. No obstante, quien asista a la reposición de La bella durmiente de Alicia Alonso en el venidero Festival Internacional de Ballet de La Habana no tendrá que enfrentarse a este enrevesado argumento, sino a la ya clásica historia de amor y fantasía que trae este ballet siempre gustado, compendio de gran espectáculo, armonía y dificultad en la ejecución, con las melodías encantadoras de ese gran músico que es Chaikovski.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
Foto Nancy Reyes
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