Carlos Acosta, Espartaco
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Camina la calle Calzada del Vedado habanero. Su andar altivo y sensual lo identifican con la figura de la danza que es, pero a la vez, su aire cotidiano y diáfano lo coloca como un joven cubano al tanto de la actualidad. Carlos Acosta, ganador del Premio Benois de la Danza 2008, está otra vez con nosotros.
¿Cómo te enteraste de la obtención del premio?
No sabía bien sus características. Loipa Araújo me dijo que un panel recomienda a bailarines que se hayan estrenado en un rol. Yo hice Espartaco en el Bolshoi, en Londres y en la Ópera de París y tuve muy buenas críticas. Entonces Loipa me propuso a mí y a Fernando Alonso por su vida en el arte. En mi temporada del Coliseum, Loipa me llama diciéndome que había ganado. Fue impactante, porque lo dan los rusos y es un premio que tiene ya más de diez años. Ahora estoy esperando a mayo para ir a bailar y recoger la estatua de bronce.
¿Cómo trabajaste este rol de Espartaco?
Lo trabajé con uno de los intérpretes originales, Mijail Lavrovsky. El rol es más que los brincos y los saltos, es llegar al público. Se puede hacer de muchas maneras: mi línea siempre fue el sufrimiento de un pueblo, la esclavitud nata, una cualidad que hasta ese momento faltaba en el papel.
Fue una experiencia grandiosa, es un papel muy complejo desde el punto de vista dramático. La fuerza no es un problema en mi danza; pero sí entender qué es lo que requieren los distintos actos.
¿Cómo un bailarín tan técnico puedes desdoblarse en personajes como Romeo, Des Grieux o Rodolfo, muy diferentes a ti como persona?
Depende de un bailarín lo que quiere proyectar con su arte. Para mí lo principal es hacer de todo, que no me encasillen como un bailarín técnico. Me gusta mucho actuar, transmitir emociones, eso es lo más importante del arte de bailar. Hay bailarines buenos… y hay artistas.
Cuando trabajo un papel trato de meterme en la psiquis de ese personaje. En Romeo recurrí al primer amor, como yo lo experimenté, y lo expreso mediante mi danza, tratando de sacar ese Romeo que todos tenemos dentro. Eso lo hago con Espartaco, con Des Grieux. O sea, que no se me conozca por los saltos sino, además, porque pude transmitir una emoción, por ser alguien que pueda llegar.
¿Qué acogida tuvo tu autobiografía No Way Home, publicada en 2007?
Fue alarmante. Se publicó en el Reino Unido, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia, los Estados Unidos, Canadá; este otoño se publicará en alemán y para el año que viene posiblemente se publique en Cuba.
Me llevó diez años escribirla; me abrió otro mundo y me sirvió de terapia. Necesitaba plasmar en palabras todo ese viaje que ha sido mi vida. Ahora estoy muy entusiasmado porque se va a publicar aquí. Estoy trabajando igualmente en el guión de la película, que se empezará a filmar en noviembre o diciembre en Cuba. La están produciendo la Universal y la Pathé.
¿Qué va a pasar con Carlos Acosta cuando regrese a Londres?
Empiezo con El lago de los cisnes y Manon en el Royal Ballet. Después vengo al Festival y ya me quedaría para filmar la película, en la cual yo también actúo, así como mi sobrino. En el Festival me gustaría hacer el dúo de Espartaco con Nina Kotsova; y también el solo le
Bourgeois, música de Jacques Brel y coreografía de Ben van Couverberg. Pronto saldrá el DVD de Espartaco con el Bolshoi en la Ópera de París; y espero poder compartir más con Cuba, que la gente no me pierda de vista.
Carlos Acosta sigue su camino. Pronto entrará en su clase de ballet. Se va comentando sobre las Olimpiadas, sobre Espartaco y sobre la vida entre nosotros, en su ciudad, en su país.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
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