El recorrido por la historia de los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana se continúa.
Diez festivales habría que reseñar a partir de la oncena edición celebrada en 1988 hasta la vigésima de 2006. Compañías de España, Guinea, Italia y Francia lucirían en los escenarios capitalinos y de ocho locaciones en otras provincias y municipios del país.
Puntos culminantes del XI Festival pueden considerarse la actuación de la compañía francesa Ris et Danseire, dedicada a la danza medieval, renacentista y barroca; el estreno de El sombrero de tres picos en coreografía del bailaor español José Antonio con los diseños originales de Pablo Picasso; el estreno mundial de Dido abandonada, coreografía e interpretación de Alicia Alonso; y la realización del II Congreso Latinoamericano y Caribeño de la Danza.
Dos años después, en el XII Festival, los artistas de la danza se reunían en Cuba bajo el lema Presente, pasado y futuro coreográficos, con la participación especial del Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires y el Julio Bocca Ballet Argentino, el Ballet Nacional de Caracas, el Ballet Teatro del Espacio de México y el Joven Ballet de Alma Atá, así como estrellas de Rusia, Estonia, España, Brasil, Suiza y Chile. Se estrenó en el país Poema del amor y del mar que habían bailado Alicia Alonso y Rudolf Nureyev en Islas Canarias; ahora Alicia sería acompañaba por Orlando Salgado. La propia Alonso cerraría el evento con el estreno de Retrato de un vals.
El XIII Festival se extendería a Matanzas, Santa Clara, Holguín, Santiago de Cuba, Güira de Melena y Nueva Gerona, y estuvo dedicado a la Presencia iberoamericana en el arte del ballet por el Aniversario 500 del descubrimiento de América.
Bodas de sangre, Grand Pas de Paquita, Mariana, Tablada, Alquibla, Capricho español, La casa de Bernarda Alba o Majísimofueron algunos títulos que recordaron la influencia española en la danza durante el evento, además de la puesta íntegra del ballet Don Quijote. Artistas de Argentina, Chile, Venezuela, Brasil, República Dominicana y Colombia representaron a Latinoamérica, mientras compañías de Italia y Francia, así como bailarines de la Scala de Milán, los ballets de Bonn, Québec, Cincinnati y el Southern Ballet de los Estados Unidos redondearon la oferta internacional. Alicia Alonso, entre otras interpretaciones y coreografías, realizó el estreno mundial de Sinfonía de Gottschalk.
Giselle, Don Quijote y El lago de los cisnes serían los clásicos que subirían al Teatro Nacional de Cuba durante el Festival del año 1994, asistieron diez compañías internacionales de Italia, España, Rusia, México, Gran Bretaña y Venezuela, así como artistas de diversos países que completaron la cifra de 18 de tres continentes.
El lema de esta edición fue Diversidad y riqueza del arte coreográfico, lo que se demostró con la presentación de los referidos ballets románticos y clásicos, obras de las primeras décadas del siglo XX, y vanguardias de las norteamericanas Sukki John y Yuriko, el español Pablo Molero y el cubano Alberto Méndez, con Des-ahogo barrocoy Mal de ángeles, un ballet sin argumento, junto con obras de Iván Tenorio, Gustavo Herrera e Iván Monreal. También tuvo lugar el estreno en la Isla del ballet La sílfide de August Bournonville en un montaje de la maitre cubana Clotilde Peón.
Dos años más tarde, el XV Festival estuvo dedicado a Compositores y estilos musicales que han tenido mayor influencia en el quehacer danzario, con galas dedicadas a músicos cubanos, franceses, barrocos, a Federico Chopin, Igor Stravinsky, Manuel de Falla y Piotr Ilich Chaikovski. Entre las compañías extranjeras, mención especial merecen Introdans de los Países Bajos, los solistas de la Ópera Cómica de Berlín, y las actuaciones de Paloma Herrera y José Manuel Carreño –ambos estrellas del American Ballet Theater– en la versión íntegra de Don Quijotey el pas de deux El corsario.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
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