
Danza Egipcia
de la fertilidad
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El rito –del latín ritus–, costumbre o ceremonia, se entiende como un conjunto de reglas establecidas para celebrar el culto y las ceremonias religiosas a través de gestos o actos materiales. Si bien es aceptada esta definición a partir de los ritos religiosos, que fue quizás el principio, el rito ha devenido una manera de comunicación entre entidades: para enamorar se desarrolla una ritualidad que va desde el galanteo, la invitación a encontrarse íntimamente o la propuesta de iniciar una vida en pareja; el pavo real macho extiende su hermosísima cola para invitar a la pava a copular; el ascenso al trono del emperador de Japón implica toda una ceremonia perfectamente estructurada que se ha repetido durante siglos con absoluta ritualidad.
Lo cierto es que dramaturgia y la gestualidad de todos estos ritos proviene de una tradición mimética heredada y decantada desde los tiempos primarios, y así una genuflexión, un movimiento del brazo o una partitura destinada al efecto ritual, obedecen en última instancia al recuerdo de los ritos ancestrales.
La danza siempre estuvo vinculada, como ya se ha dicho, a esta ritualidad en todo el mundo. Aunque hoy muchos de esos ritos están desacralizados, el espíritu religioso subyace en el movimiento, de modo que –como el común fenómeno del huevo y la gallina, no podríamos priorizar entre el rito y la danza en cuanto a su lugar primigenio en la historia. Con seguridad, surgieron uno y otra en un mismo acto de comunicación y exaltación, de ahí que Danza es Rito…y Rito sea Danza.
En la medida que el devenir histórico iba convirtiendo a aquel homínido superior en hombre -entendido como género, incluido hombre y mujer- aquellos ritos de fertilidad pasaron a convertirse en habilidades de sacerdotes y, sobre todo, de sacerdotisas, muchas de ellas sacrificadas para lograr las buenas cosechas futuras. Ejemplos de estos ritos podemos encontrarlos en innumerables culturas occidentales y mesoamericanas.
Pero no sólo el victimar una virgen o un mancebo serían pasos obligados para todos los ritos, incluso en ellos mismos estaba implícita la disposición o la destreza para hacerlos como manifestación humana mediante la cual se expresaba una visión personal de interpretar lo real o lo imaginario a partir de los recursos del color, el diseño, el sonido, la pantomima, el gesto y/o el movimiento. Así fueron surgiendo la plástica, la música, la poesía, la literatura… y la danza, aunque esta última sería reconocida como Arte bien entrado el siglo XVIII.
No pretendo realizar un recorrido histórico del surgimiento de la danza en tanto Arte, pero valga decir que muchas compañías profesionales en la actualidad, aún conservan como sedes las casas de ópera en el mundo e incluso algunas, como la Ópera de París o la de Viena nombran sus agrupaciones de ballet con el título Ballet de la Ópera de…. Sin no apartarnos del tema, hasta esta época que marcamos en el siglo XVIII la mayor parte de la danza era considerada adorno de los espectáculos teatrales, y los bailarines profesionales como meros artesanos que sabían moverse graciosamente al son de la música y los versos. Por ello, cualquier acercamiento a la danza en tanto Arte tendría que partir de esta época.
Sin embargo, el conjunto de reglas o preceptos que servían a las ceremonias rituales iban pasando de los claustros a las calles y los campos y rebotaban a los palacios, decorados con paños, joyas y nuevas reglas de composición y diseños espaciales, estilizaciones de la gestualidad original y nuevos códigos expresivos. Mas, aunque las reglas necesarias arrojaban una nueva ceremonia, repito, no se consideraba aún como arte.
La aparición del maestro de danza, que asumía el entrenamiento, su reglamentación, la composición coreográfica y el tránsito del bailador a la categoría de bailarín, prepararon el terreno para la independencia de la danza, y en obras calzadas por temas greco-latinos aparecían atisbos de aquellos rituales de fertilidad, como los dedicados a Baco o Dionisos.
Para el período romántico, la escena de ballet utiliza no pocos ejemplos de fiestas de vendimia o fin de cosechas, sin contar que los temas de relaciones de pareja tan comunes fueron creando todo un ritual de la cópula humana que iba desde la entrega de un ligero chal, un lirio, un beso o simplemente la posesión por la fuerza.
Pero no hay dudas que en el pasado siglo XX se produce el tránsito definitivo de los ritos, los de fertilidad incluidos, al arte de la danza, ya considerado como tal gracias a los resultados probados por las obras de los coreógrafos. Este siglo es definitivo para este cambio, toda vez que se pone a un lado la edulcoración de las narraciones, desaparecen las hadas y los cuentos fantásticos y la realidad ocupa su espacio. En tanto, apropiación e interpretación de esa realidad con visión estética y temporal, el arte danzario no transcribe literalmente esos ritos, a pesar de que la escena ha llevado a arte alguna de estas ceremonias.
Dos ejemplos de estas transiciones a partir de dos diferentes enfoques estéticos son el ballet y el espectáculo musical.
*El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
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