Un acontecimiento trascendente se realizó el pasado 17 de marzo: la primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, Viengsay Valdés interpretó el rol de Kitry en Don Quijote como artista invitada del IX Festival de Ballet del Teatro Marinsky de San Petersburgo, Rusia.
Se convertía así en la segunda cubana en bailar con la compañía del Ballet Kírov, una de las más antiguas del mundo –fundada en 1738– y que en el siglo XIX estrenara piezas antológicas del repertorio ballético como La bayadera, La bella durmiente, El cascanueces, Raymonda o la versión definitiva de El lago de los cisnes. Desde que en 1958 Alicia Alonso interpretara Giselle en ese escenario y con esa compañía, ninguna otra cubana lo había hecho.
De regreso a Cuba, y aún sin desempacar totalmente sus valijas, la Valdés accede a conversar sobre esta actuación.
¿Cómo se produjo esta invitación?
Alguien le hizo referencias de mi Don Quijote a Valery Gergiev, el director del Festival, quizás a partir del DVD del Don Quijote del Ballet Nacional de Cuba que se grabó en el Gran Palais de París. Todo fue muy rápido: entre la invitación y mi llegada allá medió sólo semana y media.
¿Quién fue tu partenaire y cómo se desarrolló el trabajo?
Leonid Sarafanov, es principal del Kirov e invitado en varias compañías internacionales. El trabajo con él fue muy positivo, llegué a San Petersburgo, a las dos horas tuvimos el primer ensayo y enseguida nos pusimos de acuerdo sobre las dos versiones.
El reto mayor fue bailar la versión íntegra del Kirov, pues tuve que aprenderme en breve tiempo, escenas, variaciones y pas de deux nuevos que no hago en mi versión cubana; además del declive del piso, en los salones y en el escenario, que era casi un abismo. A todo eso, tuve que sobreponerme en muy poco tiempo, psicológicamente fueron muchas cosas que no me llevaron relajada al estreno; me sentí nerviosa, lo reconozco. Pero en el momento que hice el primer sauté (salto) con la orquesta del teatro me dije: De aquí en adelante a disfrutar la función y fue cuando me pude relajar realmente.
¿Y el resultado?
Yo trabajé el montaje con dos bailarines rusos, Guennadi Selutsky y Tatiana Tereskhova (de quien aprendí la versión a partir de un DVD, en el cual ella interpretaba a Kitry). Cuando terminó la función, ellos me felicitaron con mucho cariño y me dijeron que había dado la atmósfera del personaje, alegre, con carisma. Entonces el maestro Selutsky me hizo una reverencia y dijo: “Le hago una reverencia a la escuela cubana”, a lo cual respondí: “Y yo le hago una reverencia a la escuela rusa”.
Fuiste la única bailarina extranjera en el Festival. ¿Qué emoción especial te causó bailar en el Teatro Marinsky con el Ballet Kírov?
La primera noche en que me senté como espectador yo lloraba al ver aquellas cortinas doradas y azules que se abrían, aquella orquesta en vivo, las lunetas eran sillas de época una detrás de la otra, era tanta la emoción que yo decía: “¿Y yo tengo que bailar aquí?” Se me oprimía el corazón de saber que yo iba a bailar ahí, después de tantos años que un bailarín cubano no lo hacía. Fueron muchos sentimientos a la misma vez.
Pero, el mismo día que llegaste a la Isla, fuiste directamente a bailar Lucía Jerez con el Ballet Nacional de Cuba.
Mi llegada fue el mismo día 20, que era la función en el Gran Teatro, y me dije: “Yo tengo que cumplir con mi Patria, con Cuba”. Además, yo había estrenado este ballet de Alicia. Tuve un ensayo en el teatro de una hora y de ahí a la función. Fue un gran esfuerzo después de catorce horas de vuelo sin dormir, pero nuestros espectadores me vieron aquí.
No bailaste en la temporada de Giselle…
Surgió una invitación al Festival en Dortmund, Alemania. En la temporada pasada hice dos funciones de Giselle, así que no me extrañaron mucho. En el festival bailamos Elier Bourzac y yo en dos galas, el 28 y 29 de marzo, los pas de deux El talismán y Don Quijote. Es otra experiencia más, porque compartimos con bailarines del Ballet de Stuttgart, de Hungría, del resto de Alemania.
¿En qué pueden beneficiar estas actuaciones internacionales al ballet cubano?
Creo que se abren puertas para que se conozca qué está haciendo ahora la escuela cubana de ballet y se amplían las relaciones de intercambio entre nuestros países. Yo he sido la primera, pero detrás de mi pueden ir muchas. Sería bueno contactar con compañías como el Bolshoi, el Kírov y otras más, en los cuales el Ballet Nacional de Cuba pueda mostrar el trabajo que hacemos, para no estar aislados de lo que se está haciendo actualmente en el mundo del ballet.
Así, sin apenas abrir su equipaje, Viengsay Valdés volvió a representar a su escuela cubana de ballet en Alemania. Tras su regreso a su Ballet Nacional de Cuba, interpretará la princesa Aurora de La bella durmiente del bosque en el Gran Teatro.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
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