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Diseño de León Bakst
para El pájaro de fuego |
Las vanguardias de la plástica y ballets rusos
Cuando los Ballets Rusos de Diaghilev debutaron el París hace ahora cien años, los primeros diseños fueron encargados a jóvenes artistas nativos, en especial León Bakst y Alexander Benois, aunque un nombre olvidado injustamente ha sido el de Nicolás Roerich, quien se responsabilizó con el vestuario y la escenografía de las Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor y más tarde con el escandaloso Rito de la primavera en 1913. Pero, por muchos años la primacía fue para Bakst, quien diseñó ballets tan trascendentes como Cleopatra, Carnaval, Shéhérazade, El pájaro de fuego, El dios azul, Thamar, La siesta de un fauno, Las damas del buen humor, su última colaboración en 1917.
Mas, el listado de importantes artistas plásticos que colaboraron con los Ballets Rusos aún siendo jóvenes poco conocidos, es tan larga como emocionante: basten mencionar los cubistas Pablo Picasso y Georges Braque. El primero –cuya primera esposa fue precisamente una bailarina de la compañía– se inició nada menos con el revolucionario ballet Parade de Massine con música de Satie en 1917, para continuar con El sombrero de tres picos dos años después, Pulcinella en 1920 y el telón de boca de El tren azul, en el cual se utiliza su cuadro Las bañistas, en 1924. Braque, por su parte, realizó los diseños de Les facheaux en 1924.
Otro de los después famosos pintores convertido en diseñador escénico fue Henri Matisse, quien creó, junto a Massine en la coreografía y Stravinsky en la música, El canto del ruiseñor en 1920 y Zéfiro y Flora, también de Massine en 1925. Juan Gris colaboró con Bakst para el ballet Los dioses mendigos en 1928 y Max Ernst junto a Joan Miró trabajaron con Bronislava Nijinska en su ballet Romeo y Julieta en 1926.
Jean Derain fue el plástico que creó La juguetería fantástica (1919), y Jack in the Box (1926), Maurice Utrillo hizo los diseños de Barabau (1925), Pedro Pruna los de Los marineros (1925), y Le Pastorale (1926), Giorgio di Chirico los de Le bal (1929) y Georges
Rouault los de El hijo pródigo (1929), el último ballet creado por la compañía meses antes de la muerte de Diaghilev.
Una de las más interesantes colaboraciones de los Ballets Rusos con artistas de la plástica fue en el ballet de Balanchine La gata, en 1927. Aquí el escultor Naum Gabo y el pintor Antón Pevsner, emplearon materiales novedosos como el nylon en una estructura futurista y un vestuario completamente contemporáneo, a la manera de la filosofía de la compañía.
Otra colaboración importante pero esporádica fue la de la pintora Natalia Gontchárova, quien luego de realizar los diseños de El gallo de oroen 1914, no volvió a trabajar para Diaghilev hasta 1923, cuando creo la escenografía y el vestuario del constructivista ballet Las bodas en 1923. Y, no menos curiosa es la participación de la diseñadora Gabrielle Chanel, más conocida como Cocó, quien realizara el vestuario de El tren azul en 1925 y Apollo en 1928.
Más de una veintena pintores, diseñadores, modistas, escultores y de otras especialidades de la plástica colaboraron con Diaghilev y sus Ballets Rusos durante sus veinte años de subsistencia.
Los nombres mencionados dan fe de cuánto se hizo a partir de este proyecto danzario por aunar lo más contemporáneo del arte al desarrollo del ballet.
La prueba de cuánto representó esta colaboración pudiera confirmarse con esta noticia: a la muerte de Diaghilev, el monto de las deudas del empresario era tan elevado que ni los habituales mecenas podían hacerse cargo; pero con la venta de los telones, escenografías y diseños de todos estos plásticos famosos se pudo pagar el saldo y Diaghilev –aún después de muerto– aportaba una novedosa solución para el marketing en la danza.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |