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Sadler’s Wells Ballet, 1955. |
El Royal Ballet de Inglaterra se presentará en La Habana en la primera quincena de julio, lo que será uno de los acontecimientos más trascendentes de la historia escénica en Cuba.
La tradición de la danza académica en el Reino Unido data desde antes del siglo XVIII, pero en el debut de ese siglo, 1702, aparece la primera figura de importancia, el bailarín John Weaver, quien además, escribió tratados sobre danza muy adelantados para la época. En el esplendor del romanticismo nombres como los de María Taglioni, Fanny Elssler, Jules Perrot o August Bournonville bailaron en teatros londinenses, y obras como La Esmeralda, La vivandiereo Grand Pas de Quatre tuvieron sus estrenos en escenarios ingleses. Cuando los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev debutaron en Londres en 1911, Gran Bretaña aún no contaba con una agrupación nacional de ballet.
Muchos miembros de esta compañía, como Anna Pávlova, Tamara Karsávina y Enrico Cecchetti se radicaron Londres, lo cual ayudó a que en 1920 destacadas figuras del ballet fundaran la Royal Academy of Dancing, germen de una estética, luego conocida como escuela inglesa de ballet.
Pero el empeño de crear una compañía británica de ballet fue de la irlandesa Edris Stannus, conocida como Ninette de Valois, quien había bailado con los Ballets Rusos entre 1923 y 1925, inauguró su escuela en 1926 y en 1931 crea una agrupación danzaria en el Vic-Wells Theatre.
Ninette de Valois como directora del Vic Wells Ballet, junto a Constant Lambert como director musical y Frederick Ashton como coreógrafo, trabajaron por crear un estilo inglés en el ballet. Ellos contaron igualmente, con bailarines como Robert Helpmann, Michael Somes y quien fue quizás su mejor exponente, la gran prima ballerina Margot Fonteyn.
La agrupación se llamó más tarde Sadler’s Wells Ballet, al pasar al teatro de igual nombre y se conformó un repertorio integrado por los grandes clásicos en versiones de Nicholas Sergeyev, y obras modernas de Ashton, que marcarían la línea glamorosa, sosegada y académica que aún hoy caracteriza al ballet inglés.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el Sadler’s Wells Ballet se trasladó al Royal Opera House Covent Garden en 1946, y diez años después, en 1956, recibió de la reina Isabel II la condición de Ballet Real, en inglés The Royal Ballet, nombre que ha resultado un icono de la cultura británica y universal.
La dirección de la compañía continuó en manos de Ninette de Valois hasta 1963, cuando pasó a Frederick Ashton y en 1970 a Kenneth Mac Millan, otro de los grandes nombres de la coreografía inglesa, quien la asumió hasta 1977.
Y ahora, dirigido por Dame Monica Mason, el Royal Ballet se presentará en La Habana entre el 14 y el 18 de julio, lo que constituirá el hecho cultural más trascendente del año y uno de los más relevantes de nuestra historia danzaria.
La compañía entregará en dos teatros con sendos programas. El primero, en el Gran Teatro de La Habana los días 14, 15 y 16, incluye los ballets Chroma de Wayne MacGregor y Un mes en el campo de Frederick Ashton; asimismo, de un divertissement conformado por los pas de deux Voces de primavera y Thaisde Ashton, Romeo y Julietay El adiósde Mac Millan, y El corsario de Marius Petipá.
Una función especial será la del día 16 de julio concebida como homenaje a la prima ballerina cubana Alicia Alonso. En ella se unirán bailarines del Royal Ballet y Ballet Nacional de Cuba en los dúos de los ballets Giselle, Tema y variaciones, Don Quijote y en El cisne negro.
Luego, en el Teatro Karl Marx los días 17 y 18 de julio, la compañía británica ofrecerá la producción íntegra del ballet Manon de Kenneth Mac Millan, con Tamara Rojo y Carlos Acosta –como artista invitado– el primer día, y Alina Cojucaru y Johan Kobborg en la última función.
El Royal Ballet actuará con un elenco integrado por 96 bailarines, incluidas todas sus primeras figuras, y para que sus presentaciones lleguen a muchas más personas, se colocarán pantallas gigantes frente al Capitolio –para las funciones del Gran Teatro– y cerca del Karl Marx –en las últimas dos representaciones.
La presencia Royal Ballet en los escenarios de La Habana es un acontecimiento extraordinario, una oportunidad única para disfrutar de una de las compañías más relevantes del ballet internacional, un lujo para los sentidos y una muestra del estilo inglés, pleno de elegancia y refinamiento, matizado por coreografías actuales y piezas legendarias de los maestros del pasado, cuyas obras serán disfrutadas por los cubanos en estos ya memorables días de julio.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |