Danza Contemporánea de Cuba está en su año de celebraciones: hace medio siglo el maestro Ramiro Guerra fundó el Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional de Cuba, que devino en 1962 el Conjunto Nacional de Danza Moderna, la primera compañía de esta especialidad danzaria en la Isla antillana.
Luego de llevar por 13 años el nombre de Danza Nacional de Cuba, en 1987 adopta la definitiva denominación de Danza Contemporánea de Cuba, con la cual celebra sus 50 años, quizás, no con la dimensión que el hecho merece, pero con el entusiasmo de sus bailarines y coreógrafos que, dirigidos por Miguel Iglesias, no sólo están a la cabeza de la interpretación, sino que arriesgan con gran valentía en cada función las audacias de jóvenes creadores. Por eso al referirme a Danza Contemporánea de Cuba gusto darle un slogan,si se quiere un poco comercial o radio-televisivo: “la primera en estrenar”.
Cada temporada la compañía trata de romper la inercia de la coreografía cubana actual con una sorpresa… a veces con una irreverencia… otras con escándalo… y también, con un teatro en pie aplaudiendo durante interminables minutos. Esta temporada en el Gran Teatro no quedó por debajo de lo habitual.
Durante dos fines de semana, entre el 18 y el 21, y el 25 y 28 de junio, se presentaron cinco piezas de sendos coreógrafos, tres de ellas estrenos absolutos. Comenzó El peso de una isla de George Céspedes, que ya había sido estrenada e incluso llevada en giras internacionales, con su “peso” fundamental en el derroche de virtuosismo y la música competitiva de X Alfonso; y repetía Demo-n/Crazy–nunca he entendido muy bien el uso del guión, que en mi opinión complica más que aclara– del español Rafael Bonachela.
El primer estreno, Silencio, correspondió a Julio César Iglesias, uno de los más jóvenes y sin dudas, el más insurgente de los coreógrafos de la compañía.
Adscrito a la tendencia europea de la no-danza, Iglesias niega no sólo el concepto danza, sino el propio presupuesto teatral, a pesar de exacerbarlo con aforos escénicos que permitían una mayor adhesión a la estética citada. El coreógrafo asumió –riesgosamente- la escenografía, el vestuario y la mezcla sonora, dejando únicamente a Manolo Garriga el diseño de luces, tal vez lo más relevante del estreno.
Siempre he defendido la valentía de Iglesias, al menos por mover los cimientos estancos de la coreografía en estos momentos, aunque creo que aún estamos demasiado apegados al movimiento técnico más que al expresionista; pero ya el joven ha expuesto en muchas ocasiones, ideas sin concretar objetivos, de acuerdo con una filosofía para la cual –lo confieso- no estamos suficientemente preparados. Silencio, por ello, quedó en la intención y el experimento… necesita conclusión.
Los otros dos estrenos fueron vistos en la segunda semana. Jorge Abril, luego de demasiados años sin mostrar nuevas obras, regresó con Kolpos, pieza que utiliza un hermoso vestuario de Vladimir Cuenca, luces impecables de Carlos Repilado, hermosas imágenes fílmicas de Isabelle Milton y Michel Ávalos, soñados bailarines capaces de bailar, cantar y realizar cualquier acción que cualquier coreógrafo demande; pero infelizmente, desde el título sin significado hasta lo ecléctico y aleatorio de la puesta, ofrecieron un regreso poco feliz de Abril a la coreografía.
Osnel Delgado es un joven creador atrevido en lo formal, pero sí muy atrevido en lo conceptual y lo anecdótico. Su estreno Gneration pudo haber tenido mayores resultados de haberlo colocado en un programa de toda una noche, pues la extensión tras otra obra y un intermedio, conspiraron contra una mayor recepción.
No obstante, y a pesar de la demasiado extensa nota al programa, Delgado está ansioso por decirlo todo en una sola pieza, por aprovechar la oportunidad de hablar con los cuerpos de sus bailarines, hábiles para cualquier desafío.
La voz de una generación, tan compleja como la que le antecedió y como la que la subseguirá, se quiere expresar en Gneration y lo hace bajo el nombre de “Einstein” y del modo más común en ellos: “super rápido” e “irreverente”.
Con pocas obras aún en el repertorio profesional, Osnel debe ajustar su trabajo dramatúrgico para poder decirlo todo en el momento adecuado y no quedarse con saltos, que dificulten la aprehensión del mensaje. Sin embargo, Gneration es un paso de avance en su carrera y fue un buen momento de la temporada.
Aún queda medio año de celebraciones para Danza Contemporánea de Cuba. Siempre agradeceré las oportunidades a jóvenes y añejos, y aunque debería trabajarse más en laboratorio antes de exponer al público, al ser “la primera en estrenar”, ese riesgo del placer nos hace ver que todavía hay emociones por decir, acciones que realizar, estudios que profundizar y público por convencer.
¡Qué bueno! Eso quiere decir que estamos vivos y en movimiento… ¡y qué es la danza sino eso: estar vivos y en movimiento!
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
Foto Ricardo Rodríguez
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