
Stand de la Feria Internacional
del Libro, Cuba 2010
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A Félix Varela le llamó Emilio Roig de Leuchsenring, eximia figura, grande por su pensamiento, por su conducta, por su fecunda acción renovadora en la vida intelectual cubana y por el sabio y valeroso civismo con que propugnó desde 1824, la absoluta independencia de Cuba.
El 25 de febrero de 1853 muere Félix Varela en el exilio. Nueva York, en los Estados Unidos, fue el escenario de sus últimos días. Religioso ejemplar, filósofo y pedagogo, fue el primer pensador cubano que planteó la necesaria separación de España, la lucha por la independencia y una radical y necesaria modernización de la enseñanza en Cuba, en aquella época.
Periodista también, fundó el primer periódico independentista cubano, El Habanero, desde el cual se pronunció con sus ideas y las de sus correligionarios.
Como maestro y científico, escribió el primer libro para la enseñanza de la Física moderna en Cuba y uno de los primeros en América: desde sus páginas preconizaba los métodos experimentales en contra de la memorización mecánica.
En 1816 creó un gabinete de Física para experimentos demostrativos con fines docentes en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Sus lecciones de Filosofía aplicada a la Química y la Física revolucionaron la enseñanza y difusión de los adelantos de la ciencia. Tanta era su pasión, que cuentan del cuasi incendio de su sotana durante una demostración práctica en un aula del Seminario, mientras impartía la clase.
Su vida se vio ligada a reconocidas personalidades de su tiempo, destacadas por su proceder social activo, como quien fuera su maestro de Filosofía en el Seminario, el padre José Agustín Caballero; y el obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, quien le confiere la última orden, la del presbiterado, con dispensa de edad, según lo había solicitado; pues le faltaban once meses menos un día para ser considerado adulto, cosa que sucedía entonces al cumplir los veinticinco años de vida.
Diputado a las Cortes españolas de 1822 y 1823, fue expatriado por las autoridades coloniales al saberse abiertamente su postura y críticas al gobierno; así va a vivir a Nueva York junto a los más pobres y necesitados. Su conducta en este entorno, se describe con frecuencia semejante e incluso superior a la del obispo Miriel, en Los Miserables, de Víctor Hugo, pues ofrecía a sus feligreses desde la cuchara con que se alimentaba, hasta sus propias vestiduras, de ser necesario.
¿Cómo era Varela físicamente? Según sus discípulos, es retratado como delgado, lampiño, sumamente miope y de estatura mediana, de ojos dulces y pequeños. Risueño y nervioso, era susceptible a todo cuanto ocurría a su alrededor. Muy distinto, según dicen, de las pinturas que se han hecho sobre él.
Patriota verdadero y convencido independentista, no quiso nunca aceptar la ciudadanía de otro país, incluso de los Estados Unidos, donde pasó sus instantes postreros. Así, lo menciona en sus Cartas a Elpidio:
Yo soy en el afecto un natural de este país [los Estados Unidos] aunque no soy ciudadano, ni lo seré jamás, por haber formado una firme resolución de no serlo de país alguno de la tierra, desde que circunstancias que no ignoras me separaron de mi patria. No pienso volver a ella; pero creo debería un tributo de cariño y de respeto no uniéndome a otra alguna.
Al apagarse la vida de Félix Varela, otro sol nacía para la Cuba colonial. Apenas un mes y tres días antes, José Julián Martí y Pérez había visto la luz por vez primera en una modesta casita de la calle Paula, en La Habana.
26022010/ elz
Foto Francisco Quevedo |